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Cine y Series

El rey de la comedia

Es una de las cabezas más importantes de la revolución emprendida contra la pacatería tradicional de Hollywood y ha convertido el humor en su manera de correr los límites.

Por Juan Manuel Domínguez

Seth MacFarlane ha llegado bastante lejos. O ha ido bastante lejos. Depende con quien se hable.

Si se le pregunta a un ejecutivo de Universal, la compañía que un día decidió darle luz verde al orate proyecto de MacFarlane de debutar en el cine, con una película sobre un oso de peluche porrero que mágicamente habla y que no tan mágicamente alguna vez fue una estrella de Hollywood seguramente dirá que llegó lejos. Sobre todo, teniendo en cuenta que este Mac hasta ese momento sólo había tenido una vida regada inicialmente en la animación Hanna Barbera y, más tarde, detonada con la serie Family Guy. Sí, esa serie animada que fue cancelada y repuesta y a la que muchos acusan de imitar a Los Simpsons. Importante: frente a la acusación, por lo general, MacFarlane ríe a carcajadas.

Como sea, Ted, tal el nombre del milagro afelpado hecho película, es casi casi la comedia más taquillera de la historia. Sí, de la historia, de esa historia en la que Mel Brooks, los hermanos Marx, los hermanos Farrelly, Woody Allen, Albert Brooks, Todd Philips habían hecho méritos gigantes. Pero el osito porrero, como corresponde, se los fumó. Así Ted se convirtió en la comedia norteamericana que recaudó medio billón de dólares en todo el planeta.

Todo ese dinero sólo con un oso de peluche porrero, con el actor de la Flash de los 80 tomando merca, con Mila Kunis haciendo chistes sobre violación y con Mark Walhberg siendo Mark Walhberg (ergo, un milagro con forma de luchador de fraternidad). Sí, ese ejecutivo de Universal que conwwwa la pregunta mientras ya se babea pensando en Ted 2 –ya confirmada, obvio– seguramente dirá que este Mac ha llegado lejos. Sobre todo porque hay un truco más en la galera: la novísima A Million Ways to Die in the West, que se estrenó en nuestros lares el 5 de junio (y aquí está la reseña), otra jugada extrema de Seth MacFarlane.

MacFarlane OscarsCanción con todos
Ahora, ¿quién otro podría decir que Seth MacFarlane ha ido muy lejos?

Primero que nadie, la Academia de Hollywood: en el 2013, la Academia, obsesionada con llegar al público adolescente (fanático de MacFarlane y su usina de animación insurrecta que devino, como suele ocurrir, en mercado estándar), le pidió que fuera el host de los Oscar.

Y ¡zas!, el desastre.

Aunque decir desastre es exagerado. Ni ahí desastre, eh. Pero varios fueron los oportunistas y pacatos gritos en el cielo cuando este host casi dio por terminada la emisión donde se homenajeaba a Los Miserables (como si Russell Crowe cantando los excesos de la obra no fuera ofensivo en todos los niveles) luciéndose como cantante. ¿Tan mal cantó? Para nada. No casualmente este Mac tiene un disco grabado junto con Norah Jones. No por nada Norah actuó en Ted y estuvo de acuerdo en afirmar que había tenido sexo con el oso maravilla.

Si bien cantó, pero el problema fue otro. Es que la canción –que fue acusada exageradamente de machismo desenfrenado en los diarios del día siguiente– se llamaba I Saw Your Boobs. Mac la cantó incluso después de la advertencia hecha por William Shatner, quien vestido de Capitán Kirk –el personaje de Star Trek, serie de la que MacFarlane es fanático confeso–, le dijo en vivo que no lo hiciera.

Para explicarlo mejor, digamos que la traducción del estribillo de la canción escrita por MacFarlane –y que no es otra cosa que el eco de sus canciones a favor de la marihuana o informando que tenemos sida de Family Guy– dice: “Te vimos las bochas/ Sí, te vimos las bochas / En la película, que recién vimos, te vimos las bochas”.

Griffin vs Simpsons
Sí, podría decirse que este Mac fue muy lejos. Pero un salto a A Million Ways to Die in The West sirve para entenderlo: Charlize Theron, que en el clip de las bochas ponía cara de “Uh, este flaco es lo peor, mátenlo”, es amiga de MacFarlane, era parte de la broma. Y después aceptó de inmediato hacer comedia y ser la protagonista de A Million Ways to Die in the West. De hecho, MacFarlane ha dicho sobre la tremenda actriz: “Uno no imaginaría que justo yo sería amigo de ella o de Mila Kunis. Dios, si lo hubiera sabido hace años. Pero apenas pisamos el set del rodaje, me di cuenta de la felicidad de Theron por estar en esta comedia y me di cuenta también que era muy fácil divertirnos con ella. Y aquí está, en una película, donde un hombre muere aplastado por un cubo de hielo y hay menciones horribles a la higiene femenina”.

Pero, ¿qué esperaban del hombre que destronó a Los Simpsons en materia de salvajismo protagonizado por una familia suburbana con alto índice de referencia pop y altísimo colesterol del absurdo?

En todo caso, con respecto a Mac, “Lejos” es su segundo nombre. Aunque a instantes del primer cruce oficial –en septiembre, en The Simpsons Guy, un especial de Fox– entre sus Griffin y los Homero’s Boys, este Mac se ríe a carcajadas, ya lo dijimos, de la eterna comparación: “¿Hay algo en la animación que pueda decirse no fue influido por Los Simpsons? De hecho, hoy en día la promiscuidad dentro de Fox hace que los guionistas de Los Simpsons vengan a Family Guy y viceversa. Es más, ya no me interesa ni la discusión: todos sabemos que Los Simpsons lo hicieron primero. Somos amigos con Matt Groenning y nos reímos de todo. Y tenemos por qué.”

TedGeek de primera
Ahora, también nosotros, devotos o herejes de Family Guy o de Cosmos, de Carl Sagan (eso sí que no se lo esperaban: MacFarlane fue fundamental en el retorno del clásico libro de ciencia al canal Fox) sabemos que ha llegado lejísimos.

Más que cualquier geek que hacía garabatos de Pedro Picapiedra a los seis años jamás llegó (o casi jamás llegó): MacFarlane es el animador mejor pago de Hollywood.

Y animador es una palabra miope para definirlo: entertainer, esa mixtura entre productor, showman y showrunner sea quizás la mejor forma de recortar a MacFarlane, el Appatow (por núcleo, no por estilo en la comedia, eh) de cierta escatología e inteligencia pop animada.

No por nada, mezclando ese éxito y su mundo fundado en referencias pop de la generación que creció en los 80, este Mac es dueño de una réplica del DeLorean que Michael J. Fox usó en Volver al futuro. O no por nada tuvo un geekorgasmo cuando tocó su piano Bosendorfer y cantó junto a uno de sus ídolos, John Williams, el mítico compositor de Hollywood responsable de los sonidos de Tiburón y de La Guerra de las Galaxias.

Y esto es, sin duda, lo más lejos que cualquier geek puede llegar.

A million ways to die in the westOda a Mel Brooks
Pero ahora, incluso en sus propios términos, MacFarlane ha llegado lejos, dicen sus colegas y quienes lo odian: en Estados Unidos, a la hora de la lista de comedias que son las mejores jamás hechas, no suele faltar en el primer puesto, o en los primeros tres, Blazing Saddles, el clásico western-comedia de Mel Brooks, donde el género mítico por excelencia de Hollywood era tomado por las astas y se lo deconstruía.

No por nada la escena más famosa del asunto muestra a los cowboys en círculo, alrededor del fuego y a la intemperie, comiendo los míticos porotos del oeste y empezando una cadena de flatulencia que llega a 16 estruendosos y bien-en-el-oído-de-John-Wayne pedos.

O alguien baja a un caballo de una piña. Y MacFarlane va, toma del Santo Grial de la comedia americana y se anima a hacer una comedia-western, sabiéndolo. “Claro que habrá comparaciones, es imposible que no existan: pero no podía dejar de sonreírme con la idea de una película que aprovechará el Oeste, el creado por el cine, y extendiera esa veta realista cómica que sentó Brooks. De ahí, el nombre, ese millón de maneras de morir, absurdas, graciosas, enloquecidas están, eso sí, más cerca de los Monthy Python que de otra cosa. Fue una película que nació gracias al libro The Last Gunfight: The Real Story of the Shootout at the O.K. Corral que contaba con detalles el mítico duelo en el OK. Corral y pensé cómo sería recrear con ese realismo un mundo cercano a Blazing Saddles”.

Desde que publicaba, a los 8 años, sus dibujos en el periódico local como parte de una serie de caricaturas bajo el ya absurdo título de Kent Good Times Dispatch, sobre un periodista llamado Walter Crouton, hasta sus actuales días protagonizando su película, brindando fiestas fastuosas y siendo amigote de John Williams y Charlize Theron, este Mac ha sabido capitalizar varias formas de la comedia.

Casi como ningún otro humorista detrás de cámara, MacFarlane reconoce linajes, castas, héroes y olvidados (sin la melancolía de mansión del tipo que escucha Soundgarden de Appatow) y los hace pura caricatura. Sabiendo, obvio, que la caricatura fue la revolución más importante de la comedia estadounidense en los últimos 25 años.

Y que aún así, frente a la pregunta de cuál sería el consejo que se daría si pudiera subirse a su DeLorean y viajar en el tiempo para cruzarse con él mismo hace 20 años, cuando todavía ni soñaba con producir cuatro series, hacer voces en todas ellas y dibujar prácticamente a diario mientras define el futuro de la comedia, responde: “Decirme que tengo que escribir y dirigir Titanic”.

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