Literatura

El rey de la comedia (negra)

Tan malvado como ocurrente, tan lúcido como divertido, Martin Amis es una de las grandes plumas inglesas de la actualidad.

Por Natalia Moret
Ilustración: Juan Natch

Un niño inglés rubio y blanco de unos ocho años se acerca a su madre y le pregunta qué es el Holocausto. La Segunda Guerra Mundial terminó hace un par de años y Stalin está a punto de morir. El Holocausto está presente en todas las conversaciones, sobre todo en hogares educados e informados como el del niño. “No te preocupes por eso. Con ese pelo rubio y esa carita, Hitler te hubiese adorado”, dice la madre al hijo que, sintiéndose “halagado”, sigue con sus juegos y olvida el tema. Muchos años después aquel niño se transforma en uno de los escritores más ácidos y perturbadores de la literatura contemporánea. Martin Amis, también conocido como el Mick Jagger de la literatura británica, cuenta que lo que le dijo su madre quedó en su cabeza hasta el día de hoy. Cuando empezó a entender algo sobre lo que había pasado en Alemania en esos años, una y otra vez volvían a él aquellas palabras. “Hitler te hubiese adorado”. ¿Por qué?, se pregunta. ¿Qué me hace adorable para un monstruo?

Cuentos crueles

Si de armar una cronología se trata, Amis ubica allí su primer contacto, todavía lejano y difuso, con el tema que lo obsesiona en todas sus novelas, cuentos y ensayos: la crueldad. La Alemania nazi, para el escritor, fue una especie de experimento macabro en el que se puso a prueba una capacidad muy específica del ser humano, algo que podría encasillarse dentro de la pregunta: ¿qué tan crueles podemos llegar a ser, nosotros, los hombres? En uno de sus libros trata el tema de forma directa (La flecha del tiempo), en otros dos se mete con el estalinismo y su propio y acaso menos difundido holocausto (Koba el temible y La casa de los encuentros), y en su última novela –aún no publicada- vuelve a Alemania para contar una historia de “amor” (en Amis no podemos hablar de amor sin usar comillas) situada en Auschwitz.

Un escritor inglés que parece estadounidense. Hijo de Kingsley Amis, otro escritor británico y corrosivo, Martin se crió en Inglaterra, estudió en Oxford y vivió casi toda su vida en Londres. A pesar de su pasado y presente privilegiado, siempre se interesó por la escoria. Trata lo bajo con un estilo que tiende a cierta sofisticación sin perder nunca el ritmo y la inmediatez de su prosa. Sus personajes más despreciables son siempre hombres y cimentan su masculinidad (casi siempre fallida) en la violencia. Son inseguros. Son vándalos. Son inútiles. La sociedad los odia (ellos mismos, muchas veces, se odian), pero Amis los ama y hace, como todo escritor talentoso, que les tomemos cariño. Hace unos años se instaló en Brooklyn; se mudó allí al tiempo de escribir Lionel Asbo, State of England, novela que fue recibida con entusiasmo por unos pocos y con ira y asco por muchos, los mismos que de tanto en tanto lo acusan de antipatriótico, racista, conservador, misógino y violento. Tal vez aquellos que, por motivos del orden de la moral y su obligada y consecuente hipocresía, no disfrutan sus -feroces, divertidísimas, y algo indignantes- novelas.

Nada es gratis

Acaso con la única excepción de su ópera prima, El libro de Rachel (la novela de iniciación que cualquier escritor quisiera escribir), todo lo que Amis escribió después está marcado por la pérdida. La juventud, el dinero, el poder, el amor, y sobre todo la inocencia: todo se va y no vuelve. Aquí radica la verdadera tragedia detrás de los artefactos literarios de Amis que, una vez leídos, no dejan la sensación de ser tan cómicos; la larga carcajada que despiertan en las primeras trescientas páginas es la misma que nos asfixia letalmente en las últimas diez. Al leerlo uno siente que está frente a un escritor furioso, enojado con la estupidez del mundo y la miseria de los hombres. En medio de una multiplicidad de voces que exploran la clase media y sus problemas (la monotonía, el tedio vital, las dificultades de la vida cotidiana, el matrimonio, el divorcio, los hijos), la voz de Amis suena muy distinta. Amis ama los extremos. Ricos o sobreeducados (La viuda embarazada, Dinero, El libro de Rachel, La información), o infelices a punto de caerse del mapa (Lionel Asbo, Perro Callejero, Campos de Londres), su literatura nunca pone el foco en la gran masa que ocupa el centro de la escena social. Sus novelas satirizan la ciudad contemporánea y las relaciones entre los hombres con una acidez sólo apta para estómagos preparados.

Cuando se trata de comedia negra es difícil encontrar a otro escritor actual que pueda comparársele. Martin Amis no sólo es inteligente, lúcido, ocurrente, divertido y malévolo, sino que además quiere que sus lectores pasen, al leerlo, un gran rato. Dewwwa la literatura deprimente -entendiendo por deprimente aquella que aburre, que esconde, que disfraza de sofisticación la falta de talento- y se preocupa por darle a sus personajes las tramas que los sostengan y los hagan avanzar del principio al fin del cuentito en precario equilibrio sobre una cuerda floja. Igual que aquella frase latina que dice que la muerte es cierta y sólo la hora es incierta, con los personajes de Amis la caída es cierta, sólo falta que descubramos la hora y la forma en que lo harán. Abrir un libro suyo significará o bien cerrarlo indignado a la página diez, o desternillarse de risa y amarlo para siempre, aún a pesar de la sensación amarga que nos dejan sus historias. Es que en los mundos creados por Amis la felicidad es como tinta blanca arrojada brutalmente sobre una hoja también blanca: sabemos que está por ahí, salpicada a cuentagotas, pero encontrarla parece imposible.