Publicidad Bajar al sitio
General

El ojo blindado

Gracias a las facilidades tecnológicas, los documentales se transformaron en una de las grandes herramientas para los relatos del siglo XXI y en el nuevo espacio crítico del cine independiente.

Desde la representación pornográfica del sexo hasta la denuncia del capitalismo, las sociedades arcaicas, los gobiernos y los poderes opresivos de nuestro tiempo, el registro documental es una herramienta y un lenguaje clave para analizar la naturaleza del siglo XXI. en sus formas de producción y de consumo podemos hallar las claves para redefinir nuestro futuro. Aprovechando la visita del reconocido documentalista Harun Farocki, buscamos comprender qué hay detrás de la mirada que nos miran. Hablan Harun Farocki, Nicolás Prividera, Gastón Solnicki, Hermán Martín, creadores de imágenes.

Encontrá la nota completa en el número de abril.

EDITORIAL. Punto Doc
Por Javier Rombouts

En un mundo que pretende documentarlo todo y al instante –fiestas, nacimientos, cenas, muertes, hijos, mascotas y un largo etcétera–, ¿qué sentido interno supone realizar un documental? ¿Es necesario contar grandes historias cuando ya existen los teléfonos y las cámaras de fotos y las tablets que graban sus tres minutos de pequeñas historias cada segundo de cada día? ¿Qué serán más importantes en el futuro: los conceptos vertidos en sus documentales por el enorme Harun Farocki o la suma de miles de pequeñas filmaciones caseras, tan aburridas como obvias? O, dicho de otro modo, en qué se detendrían unos imaginarios extraterrestres para conocernos como especie: ¿en Farocki o en You Tube?

Como bien señala Esteban Ulrich en la nota de tapa de este número, un documental es ante todo un concepto. Una manera de asumir la imagen, de procesarla, de mostrarla. Esto supone que alguien elige la manera de contar lo que se está contando: propone un sitio para la cámara, un ojo y hacia allí apunta. Esto es, recorta la realidad. Pero, a diferencia de los recortes tan utilizados como método de presión por los poderes públicos y privados –desde las grandes compañías televisivas y cinematográficas hasta los gobiernos de cualquier lugar del mundo–, los documentales aún son imaginados –al menos en teoría– con cierta pretensión independiente. Con, digámoslo sin ponernos colorados, cierta integridad.

En todo caso, la realidad mostrada es la que pretende enseñar el documentalista y no la que insiste en promocionar una mega corporación o determinado grupo de presión política. Las facilidades técnicas sumadas a los precios accesibles en las cámaras y en los programas de edición pueden –otra vez, al menos en teoría– volver al autor una suerte de francotirador. Y los medios de comunicación vía web también facilitan –aunque atomicen– su reproducción.

Hoy los documentales están en su mejor época, viven sus años de oro en el cine de todo el mundo: tienen sus premios, sus festivales, sus salas, sus canales de tv por cable, sus espectadores y, ahora, su tapa de revista Bacanal.

Sin embargo, la pregunta sigue ahí detrás de la oreja, como la mosca. En el futuro, ¿se verán más las denuncias al sistema de Farocki y Morre o los tres minutos grabados por una madre aburrida y melosa donde retrata a su bebé llorando porque el perro le quitó un juguete? Por eso, desde esta revista pedimos más y más documentalistas y más y más buenas historias. Así se equilibra la balanza. Porque, de más está decirlo, las madres aburridas y melosas son legión.

++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++
Además, en este número:

+ Sabrina Garciarena, una actriz de mundo.
+
La gran fiesta de los cócteles: Tales of the Cocktail en Buenos Aires
+ Machu Picchu,
el imperio del sol.

… y mucho más!

 

×