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Wine News

El nuevo Cheval Des Andes

La nueva cosecha se presentó en una original mise-en-scène en el escenario del Teatro Coliseo.

Cheval des Andes, fusión entre el reconocido “Premier Grand Cru Classé A” de Saint-Emilion: Château Cheval Blanc y Terrazas de los Andes, lanzó la añada 2010 con un original almuerzo en el escenario del Teatro Coliseo.

Los invitados comenzaron a llegar cerca de las 12 del mediodía y fueron recibidos por las autoridades de Moët Hennessy Argentina en el foyer del teatro. Mientras charlaban distendidamente probaron las entradas especialmente creadas para maridar con un Terrazas de los Andes Reserva Torrontés del 2012. Conejo confit con expresión de vegetales; burrata con naranja confit; salmón crudo con miel de maracuyá y mango; y vol au vent de molleja con crema de morillas y trufas fueron las más elogiadas.

Luego de la recepción, todo el grupo se dirigió hacia el escenario escoltado por Ramiro Otaño (Director General de Moët Hennessy Argentina), Hervé Birnie-Scott (Estate Director) y Fernando Gouiran (Director de Comunicaciones y Eventos). Una mesa impecable los esperaba sobre el escenario y cada uno tenía su lugar adjudicado. Música francesa de fondo sonaba en un imponente Teatro Coliseo vacío.

Tras las palabras de bienvenida de Ramiro Otaño, Hervé Birnie-Scott dio una detallada descripción enológica de los vinos. Comenzó hablando sobre los tres varietales presentes en el assemblage del 2010: malbec, cabernet sauvignon y petit verdot. Explicó en un paralelismo muy gráfico que representaban en el vino la carne, la columna vertebral y la pura sangre del caballo, que es ícono de la marca, respectivamente. A continuación reveló que es positivo degustar vinos desde el hemisferio derecho del cerebro, el que está ligado a las emociones, los sentimientos, las imágenes, para completar la impresión que tenemos de ellos. El olfato va por este camino, por eso es probable que alguna vez hayamos olido un olor y nuestras emociones se alteren sin ser conscientes, porque nos retrotrae a un lugar o situación particular. Lo mismo ocurre con la música, que estimula al hemisferio derecho pero nunca se había utilizado para acompañar la degustación de un vino.

Dicho esto, le dio lugar a cuatro interpretaciones musicales para oír mientras se degustaban los componentes del Cheval des Andes 2010. La primera fue una interpretación de L´hymne a l´amour de Edith Piaf hecha por la soprano Patricia Douce. Mientras los invitados la escuchaban, degustaron el malbec presente en el assemblage. “Amable en la melodía… complejo y dulce en el decir y la intención de su textura… y suave y sedoso en el final… son por igual notas destacadas de esta melodía y del Malbec del Cheval des Andes 2010”.

La segunda fue una interpretación de El Torero de Carmen de G. Bizet realizada por el tenor Miguel Ángel Drappo. Mientras los comensales la oían, probaron el cabernet sauvignon. Carmen, como este vino, tiene una estructura tan firme y seria que la distingue y perdura con el paso del tiempo. Adulta en sus decisiones, con la picardía que da la pimienta y… la energía y seducción de una rosa. “Si no lo pruebas, es tu cuestión, pero si lo haces…no me olvidarás” rezaba la canción.

La tercera fue una interpretación de Carmen Habanera de G. Bizet efectuada por una mezzosoprano (Marina Biazoti). Durante la performance los convidados cataron el petit verdot. Furioso, valiente, se destaca: exótico, trascendente, exuberante, tenso y vibrante. Sin duda, componente de vivacidad y puesta en relieve. Finalmente sonó Barcarola de los cuentos de Hoffman interpretada por los tres cantantes para que todos pudiera apreciar un gran assemblage: el Cheval des Andes 2010, que sorprendió por su complejidad y exuberancia aromática y en boca resultó muy amplio y voluptuoso, de gran definición y potencial de guarda.

Para el menú se buscó representar la fusión franco-argentina característica de la marca. Primero se ofreció un plato típico en Francia: lomo de ciervo con lie de vino al cacao, pera rôti et mousseline de batata a la vainilla ideado por el chef francés Jérôme Mathe. Después se sirvió algo bien local pensado por el chef argentino Martín Molteni: bife angosto con jugos ligados al chimichurri, mousseline de papa americana, emulsión de maíz, pimientos y chicharrón. El postre, ideado entre ambos cocineros y reflejo del mix cultural, fue un membrillo con esencia de vino, especias y su declinaje – croustillant de chocolat 70%.

Entre charlas interesantes los invitados se fueron retirando habiendo probado un vino intrigante como lo describió Hervé Birnie-Scott: “Este vino es una página en blanco con toda la impronta de Cheval Blanc, al pie de la Cordillera de los Andes, una composición realizada por los artistas, nuestros enólogos”. Seguramente todos ansiosos por continuar probando año a año las maravillas creadas fruto del trabajo mancomunado de Terrazas de los Andes y Château Cheval Blanc.

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