Literatura

El hombre rebelde

Juan Goytisolo, el catalán que no reinvidica Catalunya, es uno de los grandes escritores sin departamento de marketing de la literatura española.

Por Florencia Canale
Ilustración: Juan Nacht

Volver a Cervantes y asumir la locura de su personaje como una forma superior de cordura, tal es la lección del Quijote. Al hacerlo, no nos evadimos de la realidad inicua que nos rodea. Asentamos al revés, los pies en ella”. Con este párrafo –entre varios más-, el escritor español Juan Goytisolo, agradeció el premio Cervantes 2014 –el más importante de las letras en habla hispana- entregado el 23 de abril pasado. Y sin romper con las expectativas, el barcelonés hizo su entrada discreta como lo había anunciado: sin el chaquet obligado pero con saco, y una corbata que conserva desde hace treinta y cinco años. Sin embargo, parece que el hombre, al poco tiempo de subir al púlpito desde donde debía hablar, se desabrochó el primer botón de la camisa, desacomodó la corbata añeja, abrió su carpeta y se lanzó a leer las 1300 palabras que había escrito para la ocasión. La antecesora en recibir el galardón fue la mexicana Elena Poniatowska –quien no se extendió tanto en el discurso-, y Goytisolo, fiel a sus convicciones, se refirió a la justicia social con la excusa del agradecimiento.

Un pájaro solitario
Juan Goytisolo Gay nació en Barcelona el 5 de enero de 1931 pero no se ha destacado, precisamente, por ser un defensor acérrimo de su país de origen. Así como Roland Barthes decía que la patria era la lengua materna, lejos de territorios y banderas, el catalán eligió el autoexilio por ser un activo antifranquista durante el régimen. Estudió Derecho y en 1956 se instaló en París. Allí se acerca al mundo de los libros y comienza a trabajar como asesor literario en la prestigiosa editorial Gallimard. Durante la primera mitad de la década del setenta, da clases de literatura en universidades de Nueva York, Boston y California, práctica que continuó a lo largo de los años. Luego de la muerte de su mujer Monique Lange en 1996, se afincó en Marrackech, ciudad a la que también agradeció al recibir el flamante premio. Tal es su vínculo con esa tierra, que la biblioteca del Instituto Cervantes de Tánger lleva su nombre desde 2007.

La dictadura franquista censuró su extensa obra desde 1963 y tuvieron que pasar muchos años para que los españoles pudieran hacerse de sus narraciones y ensayos en su país. En la actualidad, además del campo literario, Goytisolo es considerado uno de los intelectuales más influyentes y un crítico feroz de la contemporaneidad. Y por si esto fuera poco también trabaja en la prensa, sobre todo en el diario El País, para el que fue corresponsal de guerra en Chechenia y Bosnia.

Sus primeras novelas, dentro del género realista social, fueron Juegos de manos (1954) y Duelo en el paraíso (1955). En estas y en la trilogía formada por El circo (1947), Fiestas (1958) y La resaca (1958), define sus ideas antiburguesas. En la segunda etapa publica Señas de identidad (1966), La reivindicación del conde don Julián (1970), una novela del exilio, y Juan sin tierra (1975), que termina con una página en árabe, donde pone de manifiesto su ruptura con aspectos de la historia y cultura de su país.

Entre los premios
Recibió distintos reconocimientos internacionales, entre los que se destacan el Premio de Ensayo y Poesía Octavio Paz (2002), y el Premio Juan Rulfo (2004). En noviembre de 2008 recibió el Premio Nacional de las Letras Españolas, concedido por el Ministerio de Cultura de ese país, en reconocimiento a la trayectoria. En 2012 fue distinguido con los premios Cultura, Planeta y Océanos Sostenibles y ese mismo año afirmó que dejaba la narrativa para siempre: “Es definitivo. No tengo nada que decir y es mejor que me calle. No escribo para ganar dinero ni al dictado de los editores”. Sin embargo, el hombre se arrepintió y continuó con la escritura: poemas, memorias, y demás textos.

Siempre estuvo a contrapelo del canon, intentando navegar por las márgenes, exponiendo su poca confianza a las leyes del mercado. “Mi educación literaria fue muy desordenada puesto que no había educación literaria en aquella época, sino que adoctrinamiento, que es muy distinto. Entonces, me forjé mi educación a contracorriente: novelas francesas, novelas italianas, la novela anglosajona. Curiosamente, más tarde a la literatura española, simplemente por desconfianza hacia la enseñanza y los valores que querían inculcarnos” expresaba el rebelde con causa. Palabras que lo pintan de cuerpo entero.