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Columnistas

El hipster contrataca

Chicas en salidas de chicas, donde se mezclan tragos y el plato de todos los días: los hombres.

Por Fernanda Nicolini

-¿A dónde querés que vayamos?
-A San Bernardo.
-¿Con este frío? No se me ocurre lugar más inspirador para suicidios en masa que ese. Los lemmings deben ser de San Bernardo.
-No, naba, al bar San Bernardo. En el que juegan al ping pong y está lleno de modernitos.
-Hipsters- me corrige Carmela sin sacar los ojos de la pantalla. Carmela es de esas personas con el don de la ubicuidad: puede tener toda su humanidad compenetrada con un capítulo de En Terapia –como ahora- y a la vez controlar que nuestro lenguaje no suene anacrónico. Diego Peretti y el desfasaje temporal son sus nuevas obsesiones.

-Bueno, hipsters, twisters, como sea –sigo, mientras busco algún sweater que dé Feria Americana.
-Sí, hipsters, hipsters… Si no te vas a parecer a mi vieja quien cree cool se usa para todo. El hijo del portero la ayuda con las bolsas y ella le dice “gracias, qué cool que sos”. ¿Pueden creer?
-Peor la mía que se hizo las tetas –les recuerdo. No me gusta perder cuando de patetismo familiar se trata.
-Uh, cierto… -dicen mis dos amigas a coro y hacen un paneo alevoso por mi escasa anatomía pectoral.
-A todo esto, ¿por qué querés ir al San Bernardo? ¿Estamos viviendo alguna suerte de regresión y tenemos que salir a relacionarnos con estudiantes indies que descubren en un baño roñoso cómo es tener un mundo de sensaciones? Qué fiaca … Yo con un pollito al curry y el capítulo doble de la última temporada de Mad Men estoy más que feliz.

-Ana, al final vos estás más blandengue que yo. Al menos yo veo series nacionales, apoyo la tevé local, profundizo el modelo –acota Carmela, la mujer ubicua.
-Aflojen un poco y escuchen porque esto es grave: ahora Roberto tiene un mejor amigo.
-Ajá. ¿Y?
-Qué tiene un mejor amigo de 25 años. ¿Entienden lo que es eso?
-¿Y está fuerte? ¿Te perturba?
-Naaaaa, no tiene ni pelo en pecho. El problema es otro: acá estamos hablando de la capacidad de mimetización de Roberto. Eso me preocupa.
-¿Se depiló el pecho?
-Peor. Viene el otro día con la hipótesis de que nuestra relación está un poco estancada. En realidad dijo “aburguesada”, y a mí ya me sonó raro que volviera a la jerga marxista de cuando usaba morrales.
-¿Y qué quiere? ¿Agarrar la mochila y viajar a Machu Pichu?
-Primero empezó con que quizás teníamos que incorporar nueva gente anuestro círculo…
-¿Te propuso un trío?
-Carmi, vos seguí viendo piscoanálisis televisado, ¡te estoy hablando de la vida real!…La cuestión es que empezó con esto de abrirnos un poco y al día siguiente vino con el amigo mascota, Keko.
-¿Keko? ¿Se llama así?
-Sí, y usa anteojos como los de Salvador Allende. Le quedan bastante bien, te digo.
-¿Y en serio no te gusta?
-¡Carmela!
-Sigo. Noche uno: cae a las dos de la mañana. “No sabés, fuimos a un lugar re copado, y se armó partidito de ping pong y Keko esto, y Piri, esto otro, y Nacho aquello.”
-Que diga re copado ya delata su anacronismo –analiza Carmela, que no puede parar con su nuevo paradigma de análisis temporal.
– A la noche siguiente, tres de la mañana, con un echarpe al cuello: “Es que justo conocí a un grupete que está por filmar un corto y quieren que haga de padre del protagonista y…”.
-Que lo elijan para hacer padre de protagonista es otra pista de su desubicación generacional.
-Ayer, peor. Cuatro de la mañana, con el echarpe y un sombrero cuadrillé: “Parece que hay una cosa nueva que se llama Instagram y con Keko hicimos fotos … uh… no sabés qué flash.
-¿Pero Roberto tomó la droga de reducción de cerebro?
-No sé, es lo que quiero averiguar.
-Y a todo esto: ¿la pareja se desaburguesó? ¿Desterraron la plusvalía de la cama?
-¡Cero! Si llega liquidado y cuando apoya la cabeza en la almohada se acuerda de que es un tipo a punto de cumplir cuarenta.
-¿Y si probás con Keko?

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