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Literatura

El hijo del pueblo

Bon vivant, militante y excéntrico, el poeta chileno fue uno de los primeros escritores latinoamericanos del mainstream de la literatura.

Por Florencia Canale
Ilustración: Juan Nacht

Puedo escribir los versos más tristes esta noche./ Escribir, por ejemplo: ‘La noche más estrellada,/ y tiritan, azules, los astros, a lo lejos’./ El viento de la noche gira en el cielo y canta./ Puedo escribir los versos más tristes esta noche./ Yo la quise, y a veces ella también me quiso.”

Desde el primer verso, cualquier neófito –y también quienes ostentan el título de iniciado- descubre al instante la pluma de uno de los poetas, sino el más célebre de América latina: Pablo Neruda. Se podría decir que el chileno transformó la poesía en un arte popular. Incluso es usado y plagiado a la hora adolescente de seducir a alguna inexperta enamorada. Neruda fue de gran utilidad, sin duda. Sin embargo, el emblema literario trasandino es bastante más que eso.

Académico y popular
Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto –con los años Pablo Neruda- cumpliría 110 años el 12 de julio. Acreedor de una variedad inmensa de reconocimientos literarios, los más destacados fueron el Premio Nobel de Literatura en 1971 y un Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Oxford. Pero su vida no sólo la transitó alrededor de los claustros académicos y la venta en el universo de sus publicaciones, Neruda fue también un importante activista político, miembro del Comité Central del Partido Comunista, senador, precandidato a la presidencia de su país y Embajador en Francia.

Fue hijo de un ferroviario y una maestra de escuela, que murió de tuberculosis al mes de haber nacido el pequeño Neftalí. Cursó los estudios en la ciudad de Tomuco y desde muy niño mostró inclinación por la escritura. A sus jóvenes 17 años, tomó la decisión de firmar con el seudónimo para evitarle alguna incomodidad a su padre por tener un hijo poeta. Nunca aclaró el motivo de la elección, pero sostuvo la versión que aseguraba que había elegido ese nombre en honor al escritor checo Jan Neruda, del que había leído un cuento que lo había dejado muy impresionado. Sin embargo, la explicación tampoco fue muy convincente.

En 1936 estalló la Guerra Civil Española, y él, como tantos otros hombres de las letras, decide comprometerse con la causa republicana. Su amigo Federico García Lorca había sido asesinado en su país, y ese es uno de los motivos por los que Neruda cambia su estilo y comienza a escribir “España en el corazón”. En esos tiempos, también conoció al mexicano Octavio Paz, de quien se hizo amigo al instante. Pero al igual que Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, luego de algunos años tuvieron un cambio de pareceres que los llevó a los golpes de puño. Tuvieron que pasar 20 años para que se reconciliaran en un Festival Internacional de Poesía en Londres.

Publicó en vida más de 40 títulos, además de poesía grabada con su voz. García Márquez lo consignó como “el más grande poeta del siglo XX en cualquier idioma”, y el crítico literario Harold Bloom lo tomó en cuenta para ocupar su lugar de relevancia entre los 26 autores de su libro El canon occidental.

Confieso que he vivido
En febrero de 1973, la salud endeble lo obliga a renunciar a su cargo de embajador de Francia. Después del golpe militar del 11 de septiembre que derroca al presidente Salvador Allende, su estado se agrava y el 19 es trasladado de urgencia desde su mítica casa en Isla Negra a Santiago. Muere el 23 en la Clínica de Santa María debido a un cáncer de próstata. Las razones de su muerte fueron puestas en duda desde entonces. Hubo quienes aseguraron que lo habían asesinado en la clínica, con una inyección letal.

Las últimas noticias dicen que un juez chileno, hace un mes, ordenó a una comisión de expertos, que practicaran dos nuevas pericias a sus restos tras la petición de su sobrino, Rodolfo Reyes. Todavía se buscan respuestas en el cuerpo de Neruda. Si fueron sicarios pagos por Augusto Pinochet quienes inyectaron agentes químicos o biológicos como el gas sarín o la toxina botulímica, o tan sólo el deterioro propio de una vida vivida con intensidad. Seguramente la polémica seguirá su curso por las vías de la legalidad. En cambio, su espíritu continuará presente en el camino de las letras.

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