Columnistas

El ex de Demi

Chicas en salidas de chicas, donde se mezclan tragos y el plato de todos los días: los hombres.

Por Fernanda Nicolini

-¿Hola? ¿Podés hablar?

-Carmela, qué raro vos llamándome.

-¿Por?

-¿No se suponía que en este momento ibas a estar echada en la playa, desconectada de todo, leyendo alguna novela de Florencia Bonelli?

-Pará un poco, que bastante con la celulitis y la flaccidez…

-¿Y qué tiene que ver?

-Que si encima a la decadencia del cuerpo le sumo la de mis gustos literarios, en este momento estaría tomándome un cóctail de Rivotril y Zoloft y no este licuado de naranja y durazno.

-Qué rico… entonces tan mal no la estás pasando en ¿dónde era? ¿San Bernardo con la tía Chocha o San Clemente con el primo bipolar?

-San Bernardo, pero con el primo bipolar de Martín.

-¿Y?

-¡Que el primo bipolar es una bomba! Un Ashton Kutcher con el cerebro de Kicillof. Me mata… con decirte que aparece en la sombrilla y me olvido de todo: de los pendejos que corren, gritan y te llenan de arena, de los pibitos que se creen en un boliche y me ponen la música al palo, de Martín, que de pronto dice que quiere ser surfer y me levanta a las seis de la mañana para correr las mejores olas…

-¿Surfer?

-Ponele… le agarró el síndrome Punto Límite. Yo preferiría que se dedicara a robar bancos enmascarado, te confieso.

-¿Y entonces? ¿Qué onda con Ashton Kicillof?

-Eso, que me tira onda y vos sabés que yo soy medio talibana con el tema de la infidelidad.

-¿Perdón? ¿Y el guía turístico de cuando nos fuimos a Mendoza? ¿Y el hippie de Punta del Diablo?

-Por eso mismo, mi lema es: si vas a hacerlo, que sea fuera del ámbito de influencia del otro. Si nadie se entera, no hay infidelidad.

-Ajá, entonces estás complicada porque Axel Kutcher está dentro del área geográfica de influencia. O sea, a cinco centímetros de vos pero también de Martín. ¡Y encima son parientes!

-Ah, lo del parentesco me parece que es un atenuante.

-Quiero aclararte que para el código penal el vínculo es un agravante.

-Pero pensá lo siguiente: si Martín se llega a enterar, ¿con quién se va a enfurecer más? Con su primo, obviamente, que siendo familiar rompió un código.

-Los códigos son los de la mafia.

-Y bueh, estos no se quedan atrás… Vos porque no conocés a la tía Chocha, la de San Clemente.

-¿Sigue habiendo ballenas y delfines en San Clemente como si fuera Miami?

-Creo que sí, ridículo, ¿no? Te sigo contando de Ashton, para que veas que no estoy inventado: al truco siempre quiere jugar conmigo, cuando me meto al mar aparece de sorpresa y me invita a ir a lo hondo, me regala helados de los caros, esos que viene con cucurucho…

-Boluda, parece que tuvieras trece años, todo lo que me contás es tan adolescente.

-¡Exacto! ¿Te acordás cuando en primer año te alcanzaba con sólo ver al chico que te gustaba en el recreo y si te llegaba a hablar, mamita, cuando llegabas a tu casa lo anotabas en el diario íntimo y lo llenabas de corazones?

-Nunca hice eso, amiga, pero puedo captar la idea. Me acuerdo que cuando me gustaba Sebastián, de tercero B, pasaba todo los días por la puerta de su casa. Para mí, eso era el amor.

-Bueno, tampoco estoy hablando de amor, no nos olvidemos que es el primo bipolar.

-O sea que lo tuyo es una suerte de calentura adolescente con una pizca de emoción por el peligro que encierra la cercanía física y parental.

-Siempre fuiste tan buena para definir situaciones, ves por qué hice bien en llamarte.

-Lo que no definimos es qué vas a hacer…

-Nada, sólo fantasear y contarte estas cosas por teléfono. Bueno, te corto, que ahí viene el muchacho para que juguemos a la paleta… te juro, no puedo parar de pensar en Demi Moore, ¡qué deprimida debe estar!