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Literatura

El escritor cansado

Escritor todo terreno, ha publicado novelas, ensayos, libros de viaje, poesía y guiones de películas y flamante premio Ibsen por su dramaturgia.

Por Florencia Canale
Ilustración: Juan Natch

“Es fácil imaginar a Peter Handke como la antítesis del dramaturgo Henrik Ibsen. Él es un poeta épico, innovador, y un narrador entrenado a través de sus traducciones de los trabajos de la antigüedad, para el escenario. Mientras que las obras de Ibsen llegan a una perfecta cohesión en la forma, el dramático toque de Handke es el de la apertura, de la naturaleza abierta de la obra, como del teatro mismo. Ambos artistas tienen mucho en común, y tal vez justamente esto: el sentido del descubrimiento. La habilidad de ser un censor del entramado de la sociedad”. Estas palabras forman parte de un pequeño fragmento de las razones que dio el jurado al elegir a quién sería el escritor que se alzara con el premio internacional Ibsen 2014. 

El 21 de septiembre, el escritor austríaco de 71 años recibirá el galardón -2,5 millones de coronas noruegas (unos 417 mil dólares)-, que fuera instituido por el gobierno noruego a partir de 2007, para honrar a una persona o institución que haya aportado una nueva dimensión al arte dramático.

Multigénero
Peter Handke nació en Griffen, Austria, el 6 de diciembre de 1942 y actualmente vive en París. Estudió Derecho pero lo suyo, desde muy joven, fueron las letras. A partir de la década del sesenta, dio pruebas en el teatro, para multiplicarse, además, en autor de novela, poesía y ensayo. La pregunta del millón es si el suicidio de su madre, en 1971, habría sido el abono perfecto para alimentar las ansias grafomaníacas del cansancio casi atávico, como metáfora, que atraviesa su obra. Pero mejor dejar las sicologías menores de lado.

Si hubiera que elegirle una figura paterna al multipremiado austríaco –también se alzó con el Cervantes de la lengua alemana, el Georg Büchner, en 1973, para luego renunciar a él, y el premio Heine que le traería mucha polémica- Franz Kafka se llevaría todos los números. Las angustias del checo en la era postindustrial europea, podrían ser el germen de las temáticas que aborda Handke en su obra. Mientras FK alternó una vida a puro encierro de oficina con una escritura frenética como denuncia de la herida vital, PH recorrió temáticas de una enorme introspección a partir de un hecho aislado. Desde su texto breve, La inundación, hasta sus primeras obras de teatro –Profecía, Insultos al público, El pupilo quiere ser tutor, La cabalgata sobre el lago Constanza– y algunas de sus nouvelles como La tarde de un escritor, El chino del dolor, o El miedo del arquero al penal, que le dio trascendencia internacional, Handke rindió tributo al agobio kafkiano.

Como un flâneur construido con fragmentos de Walter Benjamin, el austríaco se dio el gusto de recorrer Estados Unidos, España, Francia, los Balcanes -del viaje a los Balcanes surge su extensa La noche del Morava-, casi sin rumbo fijo, en busca de recoger ingredientes para cocinar sus páginas en blanco.

A la hora de probar suerte en la industria del cine, no anduvo con chiquitas. Trabajó en conjunto con el director alemán Wim Wenders en los guiones de Las alas del deseo y Movimiento falso, entre otras. Incluso, se puso detrás de la cámara para dirigir sus propias películas: La mujer zurda y La ausencia, basada esta última en su libro del mismo nombre.

Compromiso y literatura
La eterna discusión acerca del intelectual comprometido o no, orgánico o no, tuvo su punto máximo en los tiempos existencialistas de Jean Paul Sartre. Algunos se encolumnaron detrás de él, otros no. Pero los años siguieron su derrotero con menos polémicas entre la intelligentzia, para desembocar en una Europa envuelta en la guerra de los Balcanes. Fue en este territorio discursivo donde Peter Handke aterrizó y se vio bombardeado desde todos los flancos y puesto en consideración por su integridad como escritor. Es que Handke denunció el aumento del nazismo en su país, se fue de Austria cuando el ex oficial nazi Kurt Waldheim accedió a la presidencia y, por sobre todo, se opuso a los bombardeos de la OTAN sobre Belgrado en 1990. Frente a este último hecho, muchos lo acusaron de simpatizar con la causa Serbia. El respondió con seriedad: no se puede criminalizar un pueblo; o se castiga a todos o a ninguno. Con esa coherencia, no le faltaron enemigos.

A pesar de la caza de brujas a la que fue sometido, defendió a capa y espada el tratamiento justo de todos los acusados ante el tribunal internacional de La Haya, luego de las guerras en la ex Yugoslavia. Se lo estigmatizó como “amigo” de Slobodan Milósevic, aunque no era el único que apoyaba la causa humanitaria. Elfriede Jelinek y Emir Kusturica,, entre otros, también fueron de la partida.

Las preguntas acerca de la utilidad de su compromiso parecen no haber nublado las respuestas del jurado del premio Ibsen. Por eso, Peter Handke, con su melena clara y mirada celeste, recibirá su merecido homenaje en Oslo cuando empiece el otoño, la estación melancólica por excelencia. Tan melancólica como sus libros. 

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