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Cine y Series

El desierto que devora

La nueva película de Lisandro Alonso despliega con un ritmo onírico una historia con aires lyncheanos.

“El desierto se come todo”, dice uno de los personajes de Jauja a poco de arrancar la película. Esa fuerza que devora cuerpos y espíritus es el escenario de la nueva película de Lisandro Alonso, donde Viggo Mortensen encarna a un capitán danés que se interna con su hija en la aridez patagónica buscando algún paraíso prometido que nunca llega a mencionarse. Entre las sensibles escenas del capitán Dinesen y su Ingeborg y los momentos que bordean la parodia cuando entran en acción los curtidos militares de lo que parece ser la Campaña del Desierto, Jauja arranca con un aire a western contaminado por Mad Max, influencia declarada de Fabián Casas, que en este guión se aleja del registro realista de su obra literaria.

Pero cuando el desierto entra en acción y comienza a borrar el entorno -se lleva a la hija, a los compañeros- la historia muta en una dirección mucho más onírica, que sin esfuerzo remite al cine de David Lynch, con su constante juego entre el mundo real, los sueños, la locura, hasta perderse, como la tierra de Jauja de los mitos literarios, en las brumas de la leyenda. Hablar sobre la trama es irrelevante. La historia mínima se despliega con un tono inquietante que mantiene en vilo, mientras Alonso narra la belleza del lugar con planos abiertos y pausados. Y al finalizar, nos deja llenos de interrogantes y teorías, como sólo lo logra el mejor cine.

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