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Cine y Series

El Capitán tiene quien lo escriba

Sin ser una obra maestra, la segunda película del Capitán América cumple con las expectativas.

Por Sandra Martínez

A pesar de ser personajes de editoriales rivales, el Capitán Ámerica y Superman tienen muchas cosas en común. Principalmente las dificultades que enfrentan los escritores a la hora de hacerlos protagonistas de historias interesantes en una era en la que si bien siguen siendo icónicos, su lugar preferencial les fue arrebatado por otros antihéroes o héroes más border, como Batman o Wolverine. Y aunque en los comics ambos han evolucionado desde sus primeras y más inocentes versiones, para el público general siguen representando una era perdida, una mirada demasiado naif sobre la política, la guerra, el poder.

Y así como cuesta sacar a Superman de ese casillero que lo pinta como el tipo bonachón, con los calzones puestos sobre los pantalones, que representa el ideal del sueño americano largamente perdido, en el caso del Capitán Ámerica el problema es volver querible a nivel global a un tipo que encarna esos mismos valores, pero encima desde el uniforme del ejército más controvertido del planeta. En la primera entrega cinematográfica del personaje, ese dilema quedaba de alguna manera solucionado por el entorno retro de su origen. Luego, en The Avengers, funcionó muy bien como el buen tipo algo desactualizado y claramente chapado a la antigua del equipo. El desafío para Capitán Ámerica: el Soldado de Invierno era hacer funcionar su nueva aventura en el mundo actual, y lo logra. Es cierto que gran parte de la película se sostiene en ese inteligente entramado que Marvel/Disney generó con sus personajes, que hoy saltan de historia en historia sin necesidad de introducciones, aportando cameos que además de deleitar a los fans construyen la sensación de un universo real y coherente. Pero el principal acierto de esta nueva entrega, que estrenó en la Argentina antes que la premier en USA, es enfrentar al Capitán con su propia gente.

El buenazo de Steve Rogers se esfuerza por ponerse al día en su nueva vida moderna, donde solo parece totalmente cómodo en sus misiones militares, mientras llega a la conclusión de que ya no puede seguir órdenes y actuar como un arma disparada por terceros sin ningún cuestionamiento de su parte. Y de pronto se encuentra tras la pista de una red de traidores en la propia agencia de inteligencia para la que trabaja, S.H.I.E.L.D., y como respuesta lo señalan como enemigo público y comienzan a cazarlo para evitar que descubra la verdad . Para empeorar la situación, aparece un supersoldado en el bando contrario que podría traerle repercusiones personales.

Chris Evans sigue aportándole al Capitán una inesperada gama de emociones. Sus escenas de batalla son espectaculares y fluidas, pero resulta igual de creíble en los momentos humorísticos y sentimentales, especialmente esa escena con una Peggy de casi 90 años. Para completar su trabajo, Scarlett Johansson vuelve como la espía ultra sexy Natasha Romanov y el Nick Fury de Samuel Jackson tiene un gran momento de acción, además de sus ya clásicos tejemanejes. El broche de oro, Robert Redford en su primera apareción en un comic-flick. El paquete, que incluye los inevitables planteos de seguridad versus libertad, acción versus diplomacia, no contiene ninguna gran sorpresa pero cumple prolijamente con su cometido.

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