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Literatura

El artesano del miedo

Después de construir a través del terror y sus arrabales una obra literaria enorme, Stephen King va por más y busca en la historia, el thriller y la ciencia ficción, una nueva cara para el espanto.

Por Deborah Lapidus
Ilustración: Juan Nacht

Parecía que Stephen King ya lo había hecho todo. En su vida y en su obra. El mismo es un personaje de leyenda. De niño era pobre, torpe y estaba constantemente enfermo. Y sufría, como Carrie, las constantes burlas de sus compañeros. En cambio, a los treinta años, era un éxito planetario, millonario y dueño de una mansión victoriana en Bango. Durante los ochenta, se dio a las adicciones de todo tipo. A fines de los noventa, fue atropellado por un aspirante a guionista de Expedientes X en un accidente, digno de una película, provocado por un perro. Tras diez operaciones recuperó la movilidad de sus piernas. Amante de la música, particularmente del heavy metal (cuyos acordes lo ayudan a concentrarse para escribir), integra la original rock-band de escritores The Rock Bottom Remainders. Sus libros fueron adaptados para el cine por los directores Stanley Kubrick, George A. Romero, Brian de Palma, John Carpenter y David Cronenberg, entre otros. Y aunque Harold Bloom dijo que lo suyo es “no literatura” y que otorgarles a sus obras la categoría de “noveluchas para adolescentes” es actuar con demasiada gentileza, entre sus medallas King ostenta el National Book Award recibido en 2003 por toda una carrera y su “distinguida contribución a las letras estadounidenses”, premio que comparte con figuras como William Faulkner, John Cheever, Philip Roth, Susan Sontag, Don DeLillo, Thomas Pynchon y John Updike.

Sin embargo, a sus 65 años y tras más de 50 libros publicados, el rey del terror se anima a introducir una novedad en su carrera: fusionar la novela histórica, el thriller, la ciencia ficción y el género fantástico para en 22/11/63 (Plaza & Janés) relatar un viaje en el tiempo con la misión de impedir el asesinato de John Fitzgerald Kennedy, el enigma por excelencia de la historia política del Tío Sam.

“Originariamente intenté escribir este libro hace mucho, en 1972. Abandoné el proyecto porque la investigación que acarrearía parecía demasiado ardua para un hombre que enseñaba a jornada completa. Había otro motivo: incluso nueve años después del suceso, la herida era demasiado reciente”, asegura King, cuyo talento para el negocio editorial es indudable: 22/11/63, éxito inmediato de ventas en los Estados Unidos y ya traducido a varios idiomas, se anticipa a la inminente ola de libros históricos, periodísticos y de ficción que estallará el año próximo, cuando se cumpla el cincuentenario de la muerte de Kennedy. E incluso ya antes del lanzamiento se anunció la adaptación cinematográfica de la novela, la cual estaría a cargo de Jonathan Demme, ganador del Oscar por El silencio de los inocentes.

La máquina del tiempo

Jake Epping, hombre abandonado por su esposa y profesor de literatura en una escuela de adultos de una pequeña ciudad de Maine, propone a sus alumnos escribir sobre “El día que cambió mi vida”. En respuesta a la consigna, Harry Dunning escribe sobre la noche en que su padre volvió borracho a casa y mató a golpes de martillo a su madre, a su hermano y a su hermana.

Un tiempo después, el docente es convocado por su moribundo amigo Al Templeton, para que atraviese cual Alicia un portal del tiempo escondido en la despensa de su hamburguesería, el cual conduce a 1958. El fin de Al no es compartir en sí la experiencia de viajar en el tiempo, sino que Jake lo releve en una misión que su enfermedad no le permite concluir: frustrar el magnicidio del presidente Kennedy.

Cumpliendo el deseo de su amigo, Jake se transporta a fines de los cincuenta y comienza una nueva vida con una nueva identidad: George Amberson. Y en el tiempo que transcurre hasta el año del asesinato, se enamora de la bibliotecaria Sadie Dunhill, busca a Lee Harvey Oswald -el supuesto asesino de Kennedy- y a la familia de su alumno para evitar la tragedia.

Confeso nostálgico de los años de su niñez y adolescencia, King exprime con maestría el viaje en el tiempo para reconstruir, a través de los diálogos y de abundantes descripciones, la vida cotidiana de fines de los 50 y principios de los 60. El rock and roll, el twist, las comidas que saben a comida, y la contraparte del american way of life: la profunda intolerancia racial, la violencia machista y la convivencia entre la enorme popularidad Kennedy con el rechazo que su figura despertaba entre los conservadores y los fundamentalistas antisoviéticos.

“La realidad cambia en un instante”, reitera continuamente el protagonista, quien sabe que cuando vuelva al 2011, solamente habrán pasado dos minutos, pero, ¿qué transformaciones habrán provocado sus acciones?

Este es el interrogante que plantea el gran escritor de masas de los Estados Unidos; quien tras zambullirse en la historia de los tres disparos que el 22 de noviembre de 1963 resonaron en Dallas, nos advierte sobre un pasado que no quiere ser cambiado y se defiende con uñas y dientes. Y no está mal que lo plantee King porque, qué cosa puede ser más aterradora que nos cambien el pasado. Es que si el pasado -eso fijo y eterno dispuesto ya en la estantería de la historia- puede cambiarse, no existiría puerto seguro. King lo sabe. Y, por supuesto, como sus millones de lectores, va a su encuentro.

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