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El arte de comprar arte

Con un presupuesto acotado, cualquiera puede disfrutar el placer de tener obras originales en casa.

Por Sandra Martínez
Ilustración: Sebastián Martino

El mundo del arte no es amigable para todos. Los silenciosos museos, las elegantes galerías tienden a poner distancia con los no iniciados y arrastran el prejuicio de que todas las obras cuestan una fortuna. Un mito que está empezando a perder su forma, porque la realidad es que no hace falta ser un Fortabat o un Costantini para convertirse en coleccionista.

¿Por qué es mejor tener una obra original  que una reproducción? No se trata puramente de una cuestión snob. “Incluso en la reproducción mejor acabada falta algo: el aquí y ahora de la obra de arte.” Así explica Walter Benjamin lo que él llama el “aura” de la obra de arte, que comprende sus características técnicas -desde la textura del papel o el relieve de una pincelada, hasta las alteraciones que haya sufrido con el tiempo- y otras intangibles, como saber que estamos viendo exactamente lo que plasmó el artista. Es por eso que la gente se emociona al ver cómo los óleos se arremolinan en telas de un Van Gogh de una forma que sería imposible frente a un poster de la misma obra. 

Para la mayoría tener a alguno de los grandes maestros colgando en el living es imposible. Pero cualquier pintura, cualquier escultura o ilustración tiene la capacidad de llegar a esa fibra íntima, de movernos desde su tema o desde su técnica, desde una conexión evidente con nuestra personalidad o desde un rincón oscuro e inconsciente que quizás nunca logremos dilucidar. Y ser coleccionistas de arte es mirar obras hasta encontrar esas con las que surge un amor, que no siempre es a primera vista.

Qué comprar
Las posibilidades en el coleccionismo de arte son infinitas, pero el arte argentino contemporáneo -entendiéndolo como la obra reciente de artistas nacidos en el siglo XX-  ofrece un rango que es posible iniciarse con un presupuesto modesto. El primer paso es mirar, el segundo, investigar. Galeristas, coleccionistas y expertos coinciden en que para empezar a comprar hay  que tener claro qué es lo que nos gusta, sin prestar atención a las modas o las especulaciones económicas.

“Los motivos para coleccionar arte son muchos” define Ral Veroni, de la Galería Mar Dulce (Uriarte 1490), un espacio dedicado a las obras de pequeño y mediano formato de artistas rioplatenses contemporáneos. “La mayoría empieza buscando algo para decorar la casa. Pero a medida que empezás a comprar arte te das cuenta de su presencia simbólica y el mejor coleccionista es el que respeta su visión del mundo, de las cosas de las que quiere rodearse. Puede ser un tema erótico o flores y pájaros,  o un estilo colorido. Esas elecciones pueden completar o compensar características propias. La gente a la que le gustan los temas tenebrosos, por ejemplo, suelen ser personas sedentarias que encuentran en esas imágenes la carga de adrenalina que les falta”.

Pero para entender qué nos gusta, será necesario conocer las opciones que se nos ofrecen. Un buen punto de partida es informarse sobre las diferentes técnicas. Si nos gusta la pintura ¿óleo, acrílicos o acuarelas? ¿Cuáles son los diferentes soportes? ¿Qué quiere decir técnica mixta? ¿Hay alguna diferencia entre un grabado y una litografía? ¿Una serigrafía se considera una obra original? ¿Qué es una impresión giclée? ¿Una fotografía impresa después de la muerte del fotógrafo es parte de su obra? El Centro Cultural de España en Buenos Aires (CCEBA) tiene una de las bibliotecas dedicadas al arte más completas de la ciudad, aunque hoy en día no hace falta moverse de casa para aprender, basta con Google. Las preguntas pueden parecer abrumadoras, pero conocer las respuestas nos permite desarrollar nuestro gusto y guiar nuestras compras para que sean rentables. Porque, por supuesto, no hay que descartar el coleccionismo como forma de inversión. “Una obra puede incluso sacarte de un apuro económico”, resume Veroni.

Perder el miedo
Es necesario vencer la reticencia hacia las galerías y comenzar a entrar para mirar y preguntar. Si la timidez nos hace sentir incómodos en las más conocidas, las que tienen a los artistas más vendidos en la actualidad, no hay problema: hoy en día Buenos Aires es un terreno fértil para las galerías pequeñas donde se exponen artistas emergentes que además resultarán más posibles para nuestros bolsillos. En su ambiente descontracturado podemos encontrar galeristas muy dispuestos a hablar con gusto de los artistas que representan, descubriendo para nosotros facetas de cada obra que se escapan a simple vista, conexiones entre diferentes artistas o estilos, inclusive ofreciéndonos obras que pueden interesarnos y que no estén exhibidas en ese momento.

La inauguración de una nueva muestra también es un buen momento para visitar una galería. En ese caso es muy posible  que encontremos al artista y podamos conversar directamente con él sobre su obra: conocerlos personalmente puede llegar a influir una compra (no siempre para bien, por cierto). Las muestras colectivas, por otro lado, son una excelente chance de encontrar nuevos talentos.

Otros espacios de compra
Las ferias tienen sus propias ventajas. Las más importantes, como ArteBA y Expotrastiendas son una gran vidriera donde podemos ver de un pantallazo lo que nos llevaría muchas tardes recorriendo diferentes galerías. El problema es que con tanto para mirar se pueden volver un poco agobiantes, por lo que conviene ir con alguna estrategia. Quizás pensar un recorrido limitado buscando solo el tipo de arte que más nos interesa, o uno bien a fondo pero con descansos intermedios para evitar la saturación y no terminar pasando por los stands a la misma velocidad que lo haríamos por la góndola de un supermercado.

Otro tipo diferente de ferias surgida en los últimos años bajo la influencia de la New York Affordable Art Fair, son las que buscan generar un vínculo entre los artistas y el público.

Las referentes en este caso son Arte Espacio (del 13 al 18 de septiembre en Espacio Darwin, en el Hipódromo de San Isidro) y Boutique de Arte (del 27 de septiembre al 1 de octubre en Espacio Pilar, Av. Chile 1963, km. 47 Panamericana).

“El arte debe ser accesible a todos, por eso alentamos el trato directo y la adquisición de obras originales” explica Julia Alemán, directora general de Arte Espacio, una feria que se autodefine como Almacén de Arte.“Para los que no tienen el hábito de visitar galerías esta propuesta es ideal, porque reunimos 160 artistas de diferentes disciplinas en un mismo lugar y se crea un diálogo muy interesante donde el público puede conocer la visión del artista sobre cada obra. Eso te engancha más con lo que vas a comprar”.

Otra característica que la diferencia de otras ferias y de muchas galerías es que los precios suelen estar a la vista y además todos los artistas deben tener por lo menos 15 propuestas en formato chico, cuyo valor no supere los $500. “En la feria, además, la gente puede seguir la evolución de sus artistas favoritos año tras año, una costumbre muy recomendable para los que están armando su colección”, concluye Julia.

En la era de Internet es mucho más fácil hacer contacto directo con los artistas e incluso arreglar citas para conocer sus talleres. En principio puede parecer una ventaja el trato sin intermediarios. Pero, a menos que se tenga una fuerte personalidad, hay que pensar si podremos manejar sin sentirnos presionados las expectativas de compra que pueda generar nuestra visita y si vamos a sentirnos cómodos a la hora de negociar un precio o irnos sin nada, sin temor a herir su ego.

En Internet también se ofrecen servicios como el de Art Delivery. Su curadora, Andy Benegas, explica el concepto: “les acercamos la obra que les hace falta en cualquier espacio que requiere algo especial, un cuadro, una foto, una escultura. Tenemos un catálogo de obras disponibles de distintos artistas, pero también buscamos a pedido lo que el cliente tiene  en mente. Después llevamos las opciones a su casa o lugar de trabajo para que puedan verlas en vivo y probar cómo quedan antes de decidir la compra”.

Otra tendencia que acerca el arte al público es la venta en lugares no especializados. Uno puede encontrar obras en espacios de decoración como Casa Fad (Guatemala 5657) donde ofrecen como complemento de sus muebles de estilo retro pinturas y grabados desde $240 y muy pronto inaugurarán una mini galería dentro de su showroom. O en tiendas de diseño como CouCou (Freire 1302), donde se pueden conseguir serigrafías de la ilustradora Sol Linero desde $200 y hasta en restaurantes como Boulevard Sáenz Peña (Boulevard Sáenz Peña 1400, Tigre), que en su galería ofrece  obras pequeñas de Milo Lockett desde $700 y esculturas de Pablo Vodopivec desde U$150, entre otros.

Así como las piezas Art Nouveau en algún momento fueron parte de la decoración de cualquier hogar y hoy se exhiben en los museos, el universo de las artesanías también es una puerta abierta para los nuevos coleccionistas. Las cerámicas de Lola Goldstein, por ejemplo, se pueden conseguir en la ya mencionada Galería Mar Dulce. Y los delicados bordados de Leonor Barreiro se suelen exhibir en Formosa (Delgado 1235), una pequeña e interesante galería ubicada en Colegiales.

Algunos diseñadores, por su parte, están rescatando las técnicas más antiguas del oficio. Ex Industria Argentina tiene un taller que vale la pena visitar para conocer la imprenta Minerva, donde realizan muchos de sus trabajos, ver las tintas, los cajones llenos de tipos y después llevarse por unos pocos pesos alguna postal dedicada a Pugliese. Y Prensa La Libertad crea interesantes afiches con distintas técnicas (xilografías, imprenta de tipos móviles, lasergrafía), algunas de edición limitada, que se pueden comprar desde $50.

El arte en casa
La disposición y cuidados de las obras también son parte importante del coleccionismo. El decorador neoyorkino Jeff Bilhuber recomienda no apresurarse a poner un clavo en la pared y destinarle ese lugar a la nueva adquisición. Por el contario, pasar un tiempo ubicándola en distintos espacios, aunque más no sea apoyada contra un estante o sobre una silla, ayuda a encontrarle su lugar más adecuado. La forma de ubicar las obras dice tanto de nuestra personalidad como la propia colección, y no está demás intentar opciones más osadas, como ponerlas a baja altura para disfrutarlas cuando estamos sentados.

Ral Veroni también tiene algunos tips sobre el tema: “No es necesario colgar todo lo que compramos. La mesa de luz, por ejemplo, es un buen lugar para disfrutar una obra de formato pequeño”. Otra opción que propone es cambiar periódicamente su ubicación: “muchas veces nos damos cuenta de cuánto nos gusta una obra cuando la sacamos de su lugar: ahí sentimos que la extrañamos. Rotarlas puede ayudarnos a refrescar la visión de algo a lo que ya nos habíamos acostumbrado”. 

La ubicación, además del sentido estético y personal, debe cuidar los factores ambientales: las luces tipo spot pueden arruinar un óleo, la luz natural puede decolorar una acuarela o una fotografía. La humedad y los cambios bruscos de temperatura son nocivos para todas las técnicas, pero especialmente las que están soportadas sobre papel. En esas cuestiones preguntar a galeristas y artistas es de gran ayuda.

Una colección es, más allá de la inversión o el sentido estético, un reflejo de lo que somos. Un lujo que no cuesta más que una prenda de marca o un buen vino. Solo hay que animarse a empezar.

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