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Wine News

El año que viviremos en peligro

Tras el balance negativo del año 2013 en materia de exportaciones ¿cómo evitar otra caída?

Por Alejandro Iglesias

Mendoza es un caldero. Problemas económicos e incluso climáticos se unen en un comienzo del año que plantea más dudas que certezas dentro de la, hasta ahora, tan pujante industria del vino. Empecemos con datos duros, esos que nadie puede negar. Del lado del metereológico, las miradas apuntan a las nubes, y advierten que la cosecha 2014 podría convertirse en la peor de los últimos años como consecuencia de las abundantes lluvias. Del lado estadístico, las cosas no van mejor:  los análisis sobre 2013 arrojaron números negativos en sus exportaciones vínicas, una tendencia que se repite por tercer año consecutivo en volumen, pero que por primera vez impacta en el valor exportado. Según los informes publicados por estos días, las exportaciones de vinos retrocedieron un 15,8% en relación al 2012 mientras que la facturación se ubicó en el orden de los u$s866 millones, u$s51 millones menos que en el ejercicio anterior. A todo esto, se debe sumar los reclamos salariales del sector, las pujas por el precio de la uva y los crecientes costos de los insumos (con la devaluación, ítems como las cajas de cartón y las botellas subieron a la par del dólar). ¿Se viene el apocalipsis?

Embotellado sigue firme
Aquí hay que hacer un alto importante. Los números negativos, grosso modo, se deben al desmoronamiento del negocio de los vinos a granel y de bajo precio, un segmento que con un dólar estancado, se torna inviable para la industria nacional. Por suerte, analizando las cifras de los vinos en botella, se ve que esta exportación no fue tan afectada, aunque es verdad que el crecimiento a tasas chinas que se venía viviendo ya nos es más que un grato recuerdo. Si ponemos la lupa sobre los embotellados, su facturación anual de u$s743 millones se mantuvo casi en mismo nivel que en 2012. Desglosando un poco el dato, sabemos que el volumen bajó un 2,1%, lo que se traduce en un aumento del valor del precio por litro cercano al mismo porcentaje. Esto ya no suena tan mal, especialmente al considerarse que el embotellado representa más del 80% de las exportaciones. Pero aún así alcanza para encender todas las luces de alerta, que obliga a las bodegas a poner manos a la obra y repensar sus estrategias, tanto puertas afuera como dentro del país, mientras se espera alguna medida económica que ponga al negocio nuevamente en niveles cercanos a los de 2008.

Devaluación mediante
Al igual que todos los demás sectores industriales donde la exportación juega un papel importante, el del vino venía reclamando desde hace unos años una actualización en el tipo de cambio, que permita mantener vigente una ventaja competitiva vital en su estrategia de expansión desde el inicio de siglo XXI. El mensaje que subyace a esto es algo así: “Sabemos lo importante que es tener una buena relación precio-calidad a la hora de conquistar mercados, pero nos es imposible mantener esa relación con un dólar estancado al que se deben sumar retenciones y una inflación que no da tregua”. Esto se torna especialmente crítico en la exportación, ya que los precios de venta no pueden ajustarse mes a mes: a los clientes del exterior, nuestra coyuntura local no les importa. Y si la bodega que aumenta sus precios, deja de vender. Así de simple. Y no se trata de una profecía o amenaza: en el escenario sin reajuste cambiario de 2013, la industria había comenzado a dar sobrados síntomas de retracción en el exterior. Pero así llegamos a 2014, y finalmente la tan deseada actualización del dólar se hizo realidad.  El dólar pasó de costar $6 a cotizar cercano a los $8, un reajuste del 30%. Un alivio, sí: este nuevo valor de la divisa le sirve especialmente, y de manera inmediata, a los vinos de segmentos económicos como el granel, Tetra Brik y aquellos cuyo valor FOB por caja de 9 litros no supera los treinta dólares. Y que fueron justamente los más afectados durante los últimos años. Pero, a su vez, mucho de este nuevo valor ya fue licuado por los crecientes costos de insumos y manos de obra. Es decir: según las bodegas, el cambio sirvió, pero no alcanzará.

Afinando la sintonía
Promoción, comunicación y premiurización son las estrategias que más se escuchan entre las bodegas exportadoras con el fin de no retroceder en el exterior. “Hemos visto una caída en el volumen pero no en el share. Debemos continuar nuestro trabajo de comunicación de los segmentos premium”, sentencia Alberto Arizu, Presidente de Wines of Argentina y Director de Bodega Luigi Bosca. “Argentina está en el top of the mind del consumidor internacional y nuestra mejor estrategia es continuar por ese camino.”
El planteo de Arizu tiene estricta lógica: los vinos del segmento premium son los que hoy mejor resisten los embates inflacionarios y aseguran rentabilidad. “Nuestra estrategia es aprovechar los buenas reseñas de nuestros vinos, comunicar novedades al consumidor y así afianzarnos en los mercados”, suma Diego Surazsky, Gerente de Exportaciones de Bodega Norton. “Nuestro camino fue el de la premiurización de la marca y esto en 2013 nos permitió un crecimiento del 8% en valor y un 10% en volumen”, culmina. Como se ve, más allá de los números globales, siempre están quienes pierden y quienes ganan.
Mientras tanto, Mauricio Lorca, Gerente de Bodega Foster y dueño de su propia bodega, asegura que habrá que seguir afinando el lápiz. “No podemos actualizar los precios en ningún mercado, por eso debemos ajustar la ecuación local. El desafío es mantener lo que logramos y, para eso hay que revisar los números de la producción en cada eslabón. Solo así los números se mantienen azules”. Las palabras de Lurton marcan el mayor desafío en estos días de un mercado acorralado por falta de capital, tasas muy altas a la hora de pensar en créditos e insumos que en algunos casos triplicaron su valor a partir de la devaluación. Toda una ingeniería de costos que pondrá a prueba la muñeca de la industria.

Nada está perdido
Si bien la frialdad de los números y una coyuntura que se muestra poco alentadora hacen ver las cifras con preocupación, lo cierto es que nadie en la industria parece cercano a bajar los brazos. Está claro que no todo es tan oscuro como se hace ver.  “Las oportunidades están intactas y son enormes para nuestros vinos”, asegura Arizu. Para el funcionario del organismo de promoción de los vinos locales en el mundo, “Argentina cuenta con un posicionamiento que no corre riesgo en lo inmediato, ya que logramos convertirnos en un marca relevante a nivel mundial. No hay que tener un visión fatalista”. La convicción de Arizu se suma a la de Héctor Durigutti, cuyas marcas Familia Durigutti y Lamadrid dependen en mas de un 60% de la exportación. “El 2014 será un año calmo, pero aún así se le puede sacar provecho. Nosotros seguiremos apostando tanto en los mercados donde estamos como en algunos nuevos. En Latinoamérica y Europa, hay todavía mucho por hacer”. Básicamente, la visión de ambos empresarios hace foco en la necesidad exportadora de la industria vitivinícola para crecer, ante todo en los segmentos más rentables, es decir, aquellos de alto valor agregado en los que la devaluación significa un respiro. O, como bien dice Lorca: “Es un año para consolidar lo hecho y ser prudente en los pasos a dar. Hay que fortalecer los vínculos con los mercados donde cada uno trabaja para llevar -cuando nuestra economía se tranquilice- las ventas a los niveles anteriores. Hay que seguir. Hablemos en serio: se trata de la industria del vino. Una industria que debe ser mirada a largo plazo”.

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