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Columnistas

Efecto Mundial

Chicas en salidas de chicas, donde se mezclan tragos y el plato de todos los días: los hombres.

Por Fernanda Nicolini

Años de lucha por la igualdad. De Simone de Beauvoir fumándose a Sartre. De mujeres combativas resistiendo el mote de bigotudas. De Beyoncé declarándose “la feminista moderna” en la mismísima Vogue y hasta el Comandante Chávez fundando su socialismo bolivariano feminista… ¿para qué? Para que venga una pelota de fútbol a regalarnos la ilusión de la igualdad por un mes. Sí, por un mes pude decir por qué De Michelis me parecía un acierto en defensa y en estilismo (el pelo corto le queda mucho mejor), sin que nadie censurara mis comentarios. Pude hablar de la formación del equipo con el carnicero del Chino, y decir frases como “me gusta que se juegue con doble cinco”, sin que el hombre del cuchillo en una mano y tapa de asado en la otra me mandara a la góndola de detergentes. Si hasta discutí con mis compañeros de trabajo –a mi entender, todos esclavos del exitismo y de la idealización maradoneana- por qué bancaba a Messi a morir.

Muchachos, si de pronto te cambian el equipo, te mueven el centro de gravedad y tu mejor ladero se lesiona, hay que ser más que Pelé, Maradona, Garrincha y Rivelino juntos para hacer goles. Además, vuelvan a mirar cada uno de los partidos y se les van a caer las canilleras. Dije, mientras les mostraba un compilado de Youtube con sus jugaditas de cambio de ritmo que da ganas de abrazarlo hasta el infinito y más allá.

No sé si lo del compilado los convenció, pero mencionar a Rivelino alcanzó para que mis compañeros me dejaran un lugar en la mesa del almuerzo. Sí, a Rivelino lo había visto en De Zurda por primera vez, ¿pero qué importaba ser una recién llegada? El Mundial, como un curso acelerado de pasión y camiseta transpirada, nos había habilitado a ser parte de ese universo reservado para la wwwosterona y los huevos de Mascherano.

Por un mes, nadie nos iba a relegar al puesto de cortar queso y salame para la picada, o tela e hilos para la bandera. Podíamos, como cualquiera, levantarnos del sillón con frenesí y gritar “referí hijo de puta, ¿cuánto te pagó Blatter?”. Y también, claro, postear a favor o en contra de los abdominales de Lavezzi, suspirar con nostalgia por lo poco que pudimos verlo a Pirlo en acción o comentar mmm, mirá que apretadita que usan la camiseta los de Costa de Marfil. Porque tampoco era cuestión de masculinizarnos sino de ampliar el campo de acción del mismo fútbol: cuánto más interesante es amar a los jugadores en todas sus dimensiones. Digo todo esto para que se sepa que nosotras también sufrimos, que también terminamos con los nervios destrozados y el corazón partido, que no hubiéramos soportado un alargue más, que los penales nos parecen más torturantes que la depilación con cera, que queríamos la copa pero más aún ver a esos chiquitos de piernas musculosas sonreír bajo el sol de la 9 de julio….

-¿Qué estás escribiendo, tus memorias?
-Ay, me asustaste, Ani. Estoy descargando frustraciones en un papel como me dijo mi analista. La nueva, la de la terapia sistémica, viste que te conté.
-Ah, sí, sí. ¿Y qué onda?
-Sólo quiero dejar sentado que por un mes, el mundo pareció ser más igualitario. Decime cuándo voy a poder hacer un comentario de fútbol, decime qué sex symbol tenemos en el torneo local.
– ¿En serio tenés ganas de hablar de Boca, de River, de Banfield? Si ni siquiera sabés de qué equipo soy yo…Bueno, porque cambié de equipo. ¿Eso se puede?
-Tenés razón, pienso que lo más emocionante ahora es si el amargo de Riquelme juega o no y me deprimo más que viendo un partido de la B Metropolitana.
-¿Ves que al final somos superiores? Vemos fútbol cuando vale la pena y el resto del tiempo, nos dedicamos a cosas realmente importantes.
-¿Como qué?
-¡Como ver la segunda temporada de Les Revenants!

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