Publicidad Bajar al sitio
Cine y Series

Dr ¿Who?

Pop y nerd por partes iguales, la serie de ciencia ficción más longeva de la historia televisiva cumplió 50 años y los fans festejaron en todo el mundo. 

Por Juan Manuel Domínguez

“En lo que te convertís no es otra cosa que la suma de las partes. Crecí en los 60, un período increíble e ingenioso a la hora de la televisión. No solo fue un catalizador de todo lo que vendría después sino que fui tremendamente influido por Doctor Who” declaro Peter Jackson, el ya no tan orondo rey de los nerds que devienen brújula en Hollywood a la hora de babearse por los recién cumpliditos 50 años de la serie británica de ciencia ficción por excelencia, Doctor Who.

O sea, al ladito de los superhéroes recién revigorizados y aún más sobreexplotados por Hollywood, el buen Doctor no es otra cosa que una de las franquicias más longevas de la ciencia ficción contemporánea. Por eso es que Jackson, un hombre que ha logrado traducir sus fantasías más pop y de altillo abultado de cajas, memorabilia y VHS escritos en el lomo con birome sea capaz de decir no solo aquello sino también: “Si quieren que dirija un episodio de Doctor Who, solamente dígamne la hora y el lugar. Calculo que Steven Moffat, uno de los productores y guionistas actuales, creyó que estaba bromeando cuando dije eso. Por eso cuando lo vi la Navidad pasada le dejé bien clarito que no es así. Ni siquiera tienen que pagarme. Eso sí, tengo el ojo puesto en uno de esos hermosos robots Daleks que vienen en oro. Alguno les debe sobrar por ahí”.

Dr WhoEl día del Doctor

¿Qué puede encerrar, mejor dicho, qué británica esencia puede encerrar Doctor Who, que ha sido capaz de reducir el cachet de Jackson al precio de un robot de utilería? ¿Qué encierra Doctor Who que, desde su primera misión en el tiempo televisada en el otoño de 1963 por la BBC hasta su reciente Día del Doctor (23 de noviembre de 2013), ha logrado surfear décadas, tecnologías y generaciones? ¿Qué encierra este Doctor que su capítulo conmemorativo fue proyectado en salas de cine de todo el mundo, incluida la Argentina, un país donde nunca se dio su serie en la televisión?

Cualquier whovian sabe la respuesta. Incluso a pesar de la división de aguas entre los fanáticos: por un lado, los de la primera era, la era Russell T. Davies, cuyo último episodio fue transmitido en 1989; por el otro, aquellos que aceptan al nuevo Doctor, la era de Steven Moffat, que retomó sus deberes temporales en 2005. Y la respuesta es: no hay nada, por complejo, por simple, por entramado, por erosionado, como el Doctor Who.

Ninguna serie ha logrado esa vida cincuentona que ha pasado, obvio, desde el fondo de cartón de los 60 (hoy hermosa textura que define un forma de aventura más simple pero también más salvaje, casi hasta entrañable) hasta el CGI enamorado de aquel pasado que hoy vemos gracias a la era downloading, porque conseguir un episodio de Who hasta hace no tantos años era prácticamente un milagro en nuestro país.

La base, la hermosa pasta base, de esa sensación de objeto único e irrepetible es el Doctor: un Señor del Tiempo (o Time Lord) que viaja, valga la redundancia, en el tiempo dentro de ese Santo Grial del camp y lo inglés que es la TARDIS, una máquina del tiempo que no es otra cosa que una cabina azul de la policía británica. En la TARDIS viaja para pelear, en el mejor de los casos, contra los Daleks: criaturas con forma de salero e ínfulas de dominar la galaxia; vitales objetos ultrapop que hacen a la leyenda de la serie y que fueron creados por Terry Nation quien, aseguró, se basó para crealos “en los nazis”.

Cambiar para vivir

Doctor Who ha sido interpretado por once actores distintos (obvio, cada uno tiene su favorito) y cada una de esas interpretaciones ha sido justificada dentro de la dinámica de la serie como una “regeneración”: para poder vivir eternamente, el extraterrestre llamado Doctor Who, debe regenerarse, abandonar su cuerpo y personalidad actual y cambiar de rostro, formas, tonos, géneros.

La idea surgió de la necesidad mercachifle ya que cuando el show era un éxito que definiría a Inglaterra y sus consumos -cada generación tiene “Mi Doctor”-, William Hartnell, el primer Doctor, se retiró.

Y allí sucedió el primer cambiazo que modificaría para siempre la serie y, además, le daría una fatalidad inevitable a cada Doctor. Grant Morrison, escocés rey del cómic superheroico, sostiene que hay episodios que no se pueden volver a ver por “la sensación de estar perdiendo algo muy cercano: su humanidad y la tersura de lo inminente del fin recubren siempre al Doctor y lo hacen, paradójicamente, tan pop como invencible”.

Que el Doctor Who viva de cuerpo en cuerpo, de actor en actor, siempre siendo el mismo sujeto es lo que ha hecho que aquellos instantes más micro de su modo aventurero, excéntrico, lunático, absurdo (depende del Doctor) adquieran un estado que Steven Moffat, responsable del fin del hiato del Doctor define de la siguiente forma, en una voz en off en la serie: “Cuando uno está metido en el día a día del Doctor, como producción y relato, se siente que nunca va a terminar. Se siente un estado de suspenso del tiempo, que ese trabajo, el de contar historias, será eterno, infinito casi. Pero por más que se lo intente, no se puede vivir escapando. Todos sabemos que todos vamos a morir y nadie lo sabe como el Doctor. Pero creo que los cielos de todos los planetas se pondrían negros si simplemente, incluso por un solo y breve momento, lo aceptáramos. Todos sabemos que moriremos. Pero no todos los días. Algunos días, no muere nadie. Ahora y siempre, de vez en cuando en un período prolongado, cada día dentro de un millón de días, cuando el viento sople correctamente, y el Doctor atiende la llamada…todos viven”.

Dr WhoEl extraterrestre más humano

Ese sentido de fatalidad es el que ha reconfigurado al Doctor Who y quizás es el secreto de su vida, pareciera, eterna: donde cada rincón puede leerse como género. Ya sea que pelee contra Guerreros de Hielo, Cybermans, Sontarans, Zygons, los horribles Autons y el Moriarty de Who, The Master. También, si uno se pone braille de cierta presente textura, hay una idea del destino y de lo inminente que está extremadamente basada en un humanismo sutil pero potente.

Así sea el terror el género sobre el cual se construye, o hasta la lucha de espadas símil piratas, o hasta el suspenso o el absurdo a la Monthy Phyton, Doctor Who ha sabido conjugar todas las piezas, las más berretas, las coleccionables y las orfebres, para crear una entidad tan simple como, más por su corazón que por su cerebro, compleja. Una ficción pop donde el intelecto y la conexión humana toman por asalto la idea del género descartable: eso no quiere decir que el Doctor Who busque siempre ser elevado o snob, sino simplemente que posee un sentido de la aventura un poco menos impúdico que el profesado desde siempre por Hollywood.

Algo que el creador Davies, orgulloso, definía frente a la pregunta respecto de por qué Doctor Who había creado un imperio pop tan popular y expansivo, capaz de tener club de fans, revistas con su nombre, productos y ser signo pop de Inglaterra: “¡Porque es la mejor idea que jamás se le ocurrió a nadie en la historia del planeta!”.

Algo de eso hay. No hay nombre clave de la ficción británica que no sueñe con escribir un capítulo de Doctor Who. Neil Gaiman dijo alguna vez: “No sé sinceramente cómo se sentirá ser Dios, mejor dicho, no lo sabía. Hasta que un día, un hermoso día, te sentás y tenés enfrente una página en blanco que empieza INTERIOR: TARDIS. Entonces, de golpe, uno tiene una idea de cómo se debe sentir”. Y es el mismo Gaiman quien logra atravesar el objeto Who y sus límites, para mostrarle a ese resto del planeta donde el Doctor no es tan popular, la forma en que radiactivamente Doctor Who ha alterado molecularmente la ficción pop contemporánea.

Gaiman es tan solo uno de los nombres que ha crecido, entre otros consumos, con Doctor Who y que después fue fundamental en determinada idea lúdica que invadió Estados Unidos en los 80. Según él: “Doctor Who nunca pretendió ser ciencia ficción dura…En sus mejores momentos, Doctor Who es un cuento de hadas, con lógica de cuento de hadas aplicada a este maravilloso hombre que se encuentra en esta gran caja azul y que al principio de cada historia aterriza en algún lugar donde hay un problema”. Así de simple, así de medicinal: ese enorme extrataerrestre llamado Doctor Who; esa historia enorme, el más humano de los relatos de ciencia ficción jamás escritos.

×