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Moda

Diseño a la carta

La apertura inminente de un nuevo espacio en Buenos Aires que asocia moda y gastronomía lleva a revisar historia y presente de esta alianza que reune foodies y fashionistas.

Por María Paula Bandera

Si la moda dictamina lo que se pone en el plato (hoy se come ossobuco en el resto más chic de Palermo, mientras que en los 90 ese corte era improbable en la carta de cualquier restaurante con aspiraciones), era lógico entonces que los grandes diseñadores buscaran dejar su sello en el mundo culinario. Claro que en este caso no se trata de imponer tendencias, sino más bien de llevar su estética a otro plano, y trasladar la creatividad de la pasarela al mundo de la cocina. ?Los ejemplos son variopintos.  Hay propuestas grandilocuentes como la de Bulgari, que emplaza exclusivísimos restaurantes en hoteles propios, y otras más modestas como la de Marc Jacobs, que tiene un simple café en su tienda de Milán. Y como todo llega, aquí también hay ejemplos de los más variados: el último, y que sirvió de excusa para esta nota, es la próxima apertura de Jessica Trosman, que en su flamante estudio de diseño y laboratorio textil, dio lugar a  Yeite, un espacio gastronómico para el que  se asoció con el chef Fernando Trocca y la pastelera Pamela Villar. Antes de  conocerlo, repasamos la historia de algunas asociaciones más felices de moda y gastronomía.

Menú internacional
Ralph Lauren fue el primer diseñador que se animó a incursionar en el mundo gastronómico. En 1999, abrió RL Restaurant al lado del Polo Store más grande del mundo, sobre la famosa Avenida Michigan, en Chicago, Estados Unidos. Fiel al origen de la firma, la comida es clásica americana (carnes, ensaladas, sándwiches). Y si a la hora de los figurines las tendencias mandan, acá no tienen nada que ver. La cocina del RL Restaurant “se mantiene ajena a la modas culinarias y tendencias”, afirman desde su sitio web. ?Las paredes se tiñen aquí de navy blue, un color clásico en la paleta de Ralph Lauren, y exhiben una extensa colección de arte, propiedad del diseñador. El techo recubierto en madera de caoba y las luminarias antiguas añaden sofisticación, un emblema de esta casa de modas estadounidense. ?La estética opulenta de Dolce & Gabbana también se vive en su restaurante de Milán.  Cuadros renacentistas, jarrones de terracota y mucho dorado funcionan como appetizers de una cocina italiana con  fuerte acento siciliano, que equilibra tradición y creatividad. ?Si hasta ahora se trataba de profetas en su tierra, Armani cruzó las fronteras y abrió locales gastronómicos en diferentes puntos del globo. Nueva York, Santiago, Tokyo, París, Milán y Dubai son sólo algunas de las ciudades que el diseñador italiano eligió para desembarcar en el universo gastronómico. La oferta se divide entre ristorantes y caffes. Bajo la premisa de lujo descontracturado, en la cocina de Armani reinan la simplicidad y la excelencia de la materia prima. ?Nuevamente los sabores del menú son fieles al país de origen del diseñador, cocina italiana aunque con una salvedad: cada carta se reelabora en los diferentes países para privilegiar el uso de ingredientes locales. Con 16 ristoranti y caffes dispersos por el mundo, el arco de propuestas de Armani es amplio y se ajusta a todos los gustos y presupuestos. Aunque el favorito de la crítica queda en Milán: es el Armani/Nobu, restaurante que tiene junto al chef Nobu Matsuhisa, un icono de la gastronomía japonesa.

Espacios multifuncionales
Los restaurantes de diseñadores pueden funcionar de manera autónoma o bien convivir en otros espacios como en un museo, un hotel o una boutique. El estadounidense Marc Jacobs eligió su megatienda de Milán para abrir su primer café. Allí es posible tomar algo hasta las 2 am. Por eso cuando la boutique cierra, se corre una puerta corrediza de vidrio que separa los espacios. El propio Jacobs diseñó alguna de las piezas y objetos que decoran el lugar, como los carteles de neón y las estanterías. ?Gucci, en cambio, eligió su museo -ubicado en el histórico Palazzo della Mercanzia, en Florencia- para albergar su propuesta gastronómica. La idea es acertada: un restaurante donde hacer una pausa es bienvenido después de recorrer los casi dos mil metros cuadrados que tiene el museo.?El Gucci caffè and restaurant ofrece una carta estacional muy variada en la que priman los ingredientes de la región de la Toscana. ?Bulgari merece un capítulo aparte. La firma italiana fue más allá de la cocina y lanzó la división “Hotels and Resorts”.  Sus hoteles -ubicados en Milán, Bali, Londres, Osaka y Tokyo- tienen como mínimo tres espacios gastronómicos: hay bares de estilo casual y restaurantes súper exclusivos.?El estilo barroco de Dolce & Gabbana poco tiene que ver con el minimalismo de Armani, pero todas estas firmas coinciden en algo: ser comensal en sus restaurantes es mucho más accesible que comprar una prenda o accesorio en una de sus boutiques.

Platos regionales
La escena local también cuenta con marcas de indumentaria que probaron suerte en el rubro gastronómico. Nuestra Cocina, ese es el nombre del restaurante que Cardón tiene en Martínez. Gabo Nazar, creador de la firma, lo define como “un lugar de reencuentro con nuestras raíces, para compartir los sabores más tradicionales, es decir, un lugar bien Cardón”. La carta propone una reinterpretación de la cocina autóctona, así indumentaria y gastronomía siguen los mismos lineamientos de tradición en clave moderna. La estética de los espacios también se repite: tiendas y restaurante están decorados con el mismo tipo de mobiliario.?En su local del shopping Unicenter, Wanama tiene un café. Nació en 2005 como Wanama Bar, pero hoy se llama Biutiful. El estilo urban folk que caracteriza sus prendas también se impone en materia gastronómica. Comidas saludables y caseras delinean la propuesta. “Tenemos muy buen café y trabajamos el arte latte como diferenciador.  Para este verano estamos lanzando unos jugos naturales increíbles”, anticipa Francisco Sancho, responsable de Márketing de la firma. Y 2014 viene con planes de expansión, ya que piensan abrir entre dos y cuatro sucursales de Biutiful durante el año. ?Y ya decíamos al comienzo: Jessica Trosman se sumó a las filas de los que amplían su horizonte. Acaba de presentar JT, su nuevo proyecto que reúne en un mismo espacio un estudio de diseño, un laboratorio textil, una tienda y, a partir de febrero, un café. Yeite, como se llamará el nuevo espacio gastronómico, ofrecerá cocina de fusión latinojudaica, y allí convivirán los sabores de Medio Oriente con los ingredientes criollos.?Para incursionar en el universo culinario, Trosman se asoció con amigos gastronómicos: uno, el chef Fernando Trocca; otra, la pastelera Pamela Villar. ?Algunos podrán decir que la cocina tiene pocos puntos en común con la moda, pero Trosman lo desmiente: “Pensar que gastronomía y moda comparten un enfoque conceptual es lo que nos lleva a abrir Yeite. La creatividad está en todo: es una forma de vida”. ?El café se encontrará alejado de los polos gastronómicos más populares de la capital. Se emplazará en un antiguo depósito donde la diseñadora solía tener su fábrica, en Humboldt 291, frente a la cancha de Atlanta. Su propuesta, dice, “se basa en el respeto de los códigos del barrio y su traducción al idioma de una nueva generación. En la zona no hay nada parecido para comer”, se entusiasma Trosman. ?La diseñadora no imagina su espacio gastronómico como un lugar para que las shoppineras tomen el té con sus amigas, o no necesariamente. “JT es un proyecto democrático y universalista: es una marca para todo tipo de mujer y todo tipo de presupuesto. La idea es que nuestras clientas y sus maridos, hijas y hermanas vengan al local y vayan a Yeite. El café estará abierto a todo el mundo”, explica.?Martín Blanco, director general de Moebius, una consultora especializada en márketing y comunicación gastronómica, también encuentran natural la conexión entre moda y gastronomía. “Ambas tiene que ver con las experiencias, con pasarla bien, con el placer”, indica.?Pero por más que la vinculación sea oportuna, no se trata de mezclar una cosa con la otra y esperar que la magia suceda. “Las alianzas estratégicas son fundamentales, se debe buscar un socio operador de la gastronomía que sepa. Como dice el refrán, zapatero a sus zapatos”, recomienda Blanco. ?Lo cierto es que la moda abre el juego y se inmiscuye cada vez más en mundos que, en principio, le son ajenos. Es que la creatividad es una sola y odia que la encorseten.

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