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Literatura

De Modiano a grande

Las editoriales corrieron a reeditar la obra de este francés que sigue persiguiendo los temas de sus pesadillas: la pérdida de la identidad, la memoria y el tiempo. ¿Otro Nobel famoso por un día o el nuevo Proust?

Por Florencia Canale
Ilustración Juan Natch

Durante años, la crítica literaria ha ido detrás de un sinfín de pistas en pos del encuentro de aquella figura capaz de ocupar el sitio que dejara Marcel Proust luego de su muerte. Cada tanto, se presenta a noveles escritores, o ya no tanto, como los descendientes perfectos del francés que supo retratar a la burguesía como ninguno. Hace poco más de un mes, se publicó en Argentina la segunda novela del noruego Karl Ove Knausgard –su obra Mi lucha consta de seis tomos- para reafirmar, una vez más, la pelea por la powwwad del título proustiano vacante.

Sin embargo, las altas esferas académicas lograron arrancarle la insignia al nórdico antes de contarle los diez del knock out, para entregársela a un hombre que, bien callado y desde atrás, supo calzársela con discreción. Y se la entregó en el escenario con más lucesa que tiene la literatura, el Premio Nobel.

Contra todo pronóstico -Murakami parecía ser el favorito- Patrick Modiano se alzó con el galardón, transformándose en el quincuagésimo escritor francés que lo gana en la historia.

Una mirada al pasado
El hombre nació en Boulogne-Billancourt, un barrio suburbano de París, en julio de 1945, dos meses después de que la Segunda Guerra Mundial llegara a su fin. Su padre, de origen ítalo-judío había conocido a quien luego sería su madre -una actriz belga- durante la Ocupación de París, impregnando en Patrick una vida a la altura de las circunstancias. Todo esto –el judaísmo, la pérdida de la identidad, la ocupación nazi– serían luego los temas recurrentes a la hora de la escritura: la materia para intentar aplacar la obsesión que recorre su historia.

A los 20 años, y gracias a un amigo de su madre, el escritor Raymond Queneau, logra presentar sus manuscritos en la célebre editorial Gallimard. Queneau los había leído y era un manifiesto admirador del joven Modiano. De algún modo, su comienzos literarios emulan un cuento de hadas o una película de Doris Day. Sin embrago, Modiano tenía, sin duda, un talento inigualable en el modo de contar.

Esto le valió una pronta publicación. Y llegó la Trilogía de la Ocupación, con las novelas El lugar de la estrella, La ronda nocturna y Los paseos de circunvalación, que obtuvo el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa en 1972. Con 27 años, el joven Patrick empezaba el largo camino de las premiaciones. En 1978 y gracias a La calle de las tiendas oscuras, vuelven a destacarlo, esta vez con el prestigioso Premio Goncourt. Y nuevamente se zambulle dentro de las mismas resonancias que lo desvelan: un detective que pierde la memoria y se empeña en recuperarla.

El siglo XXI le traería nuevas alegrías, antes del aplaudido Nobel. En 2012 ganó el Premio del Estado Austríaco de Literatura Europea. Ya entonces, aunque en las sombras, el Nobel estaba germinando.

Pero, a su favor, hay que decir que el hombre nunca se durmió en los premios. Publicó ininterrumpidamente cerca de treinta novelas. Incluso, una salió unos días antes de que le otorgaran el Nobel: Pour que tu ne te perdes pas dans ton quartier (Para que no te pierdas en el barrio). De nuevo el tema de la infancia y con una cita de Stendhal para el inicio: “No puedo ofrecer la realidad de los hechos, tan sólo puedo presentar la sombra”.

La vida después del Nobel
En una ceremonia corta, el secretario de la Academia Peter Englund anunció que Modiano ganaba el Nobel “por el arte de la memoria, con la que ha evocado los destinos humanos más inasibles y descubierto el mundo de la ocupación”.

La pregunta acerca de su productividad tiene una respuesta inmediata. Sus libros, en general, tienen entre 130 y 150 páginas y siempre son variaciones sobre el mismo objeto: la identidad, la memoria y el tiempo. También ha escrito literatura infantil y guiones de cine, pero su fuerte son las novelas.

En estos tiempos, donde lo instantáneo le gana la partida a lo profundo y la liquidez es el concepto que prima, parecería que el trazo de Modiano viene como anillo al dedo. “No es para nada difícil de leer. Parece muy simple en cierto sentido, porque tiene un estilo muy refinado, simple, directo y claro. Abrís una página y ves que es Modiano: oraciones cortas, muy directas, sin adornos… pero es muy sofisticado dentro de esa simpleza”, agregó Englund.

El 10 de diciembre le entregarán 1,1 millón de dólares en Estocolmo y deberá agradecer con un discurso. Poco dispuesto para las entrevistas y el palabrerío público, habrá que ver cómo se desenvuelve. Mientras tanto, en el mundo y también en Argentina, las casas editoras empezaron a trabajar a destajo para reimprimir su obra completa. Esa simple cuestión del famoso cuarto de hora.

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