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Viajero Bacanal

De bares por el DF

La capital mexicana se revela de día entre los pasillos de sus mercados coloridos, y de noche, entre copas, tequila y mezcal.

Texto y fotos: Daniela Dini

A una ciudad como el Distrito Federal hay que entenderla, antes que nada, desde su versión nocturna. La noche mexicana, sus bares y sus copas. Para el día queda todo lo demás: su eclecticismo, el caos urbano que la define y hace amarla y odiarla a la vez, el espíritu cosmopolita, sus mercados, su historia. Pero la mística noctámbula es la mejor puerta de entrada, y salir a beber con estilo mexicano es un pasaporte a un viaje interesante. La movida de coctelería de autor es relativamente joven en la ciudad, y el punto de partida es en la Colonia Roma, donde, dicen los que saben, empezó todo. La zona es histórica: se fue construyendo en forma de palacetes y mansiones ostentosas que albergaban a la aristocracia mexicana de principios del siglo XX. A pesar de que fue uno de los puntos de la ciudad más afectados por el terremoto de 1985, aún mantiene un seductor espíritu parisino enmarcado por boulevares señoriales, y una mezcla de estilo clásico, art-noveau y art-decó. Si antes la movida de bares estaba en otra colonia top -la Condesa, más chic y fashionista-, el resurgir de las barras encuentra hoy su epicentro en La Roma, por su mezcla bohemia y hipster que marca tendencia.

Según José Luis León, bartender de Limantour (www.limantour.tv), hace tres años nomás, en el DF toda la moda se reducía a los Martinis. Hoy hay una cultura de buen beber y todo comenzó en esa misma barra que fue la precursora de la coctelería de autor en la ciudad. Con una carta de sesenta cocktails, veinte están dedicados a distintas versiones del gintonic y otros tantos tienen de protagonista a la estrella del momento, el mezcal. Este destilado del agave era, hasta no hace mucho, una bebida tradicional y algo denostada frente a otra típica, el tequila. Hoy mutó de herencia popular a emblema mexicano de culto. Muchos bares tienen una carta especializada con mezcales de distintas zonas del país, como el Lilit (www.lilit.mx), que está a pasos de Limantour, pero tiene un ambiente más artístico y under en el que se improvisan vernisagges durante la semana. Otro de los tops chilangos es La Romita Comedor, que primero es famoso como restaurante, pero que también tiene una de las barras más aclamadas. Detrás de ella está el mixólogo David Moras, uno de los más jóvenes de la coctelería local. Sus propuestas son creativas, donde la premisa es siempre mantener una alta graduación alcohólica, algo a lo que los mexicanos están muy bien acostumbrados -y que el visitante tienen que tener bien en claro antes de empezar la ronda-. Para David, la bienvenida obligada es con un Besito de mezcal, y se puede seguir con un shot Romita, que mezcla guayaba natural, vodka, limón y flamée de cointreau. La copa siguiente, puede estar allí, o esperando escondida en otro gran bar. Sobre la calle Tonalá 23, en lo que se conoce como la Roma Norte, hay que golpear una puerta y subir. Arriba espera Artemisia, uno de los speakeasies del momento, que transporta a la belle epóque francesa. Cristalería antigua y decoración sofisticada para este bar oculto especializado en absenta -ofrecen diez marcas diferentes-. La barra está a cargo de Khristian de la Torre, otro de los bartenders famosos de la escena mexicana. Imprescindible probar el Artemisia Sour -Absenta, limón, clara de huevo y ralladura de chocolate-, y el clásico de la casa, un gintonic versión propia que se pide como el Salmoncito -gin, Campari, naranja, tónica y aceites cítricos-.

Noches de hoteles y ronda
Como en toda gran ciudad, las barras de los hoteles también tienen su encanto. La del hotel W está en Polanco, quizá la colonia con más glamour. La zona impacta de día, con sus tiendas de marcas internacionales sobre la Avenida Masaryk, y de noche, con sus bares, “antros” -el sinónimo local para los boliches- y restaurantes sofisticados. La barra del W tiene todo lo que se espera de esta cadena internacional: con un estilo entre cool, artístico y refinado, es el lugar que eligen las estrellas internacionales como Madonna, por ejemplo, cuando pasan por México. Varias veces al mes hay happenings, con presentaciones de artistas y diseñadores, y algún DJ famoso que transforma el ambiente de hotel en un lounge cosmopolita y exclusivo, que recibe a extranjeros y locales por partes iguales. La barra está a cargo de René Monroe, un joven bartender que en su carta reversiona algunos clásicos. Su recomendación es uno de los cocktails de la casa, el WBerry, a base de vodka, licor de cassis y frambuesas maceradas.

En Colonia Cuauhtémoc, justo frente al monumento de la Diana Cazadora, está el elegante St. Regis Hotel, con una terraza con vistas únicas al bellísimo Paseo de la Reforma. Allí espera el King Cole Bar: refinado y de estilo más conservador -como ninguno de los bares anteriores-, tiene su encanto particular, y es el lugar indicado para ver, desde las alturas, cómo la noche empieza a caer sobre la ciudad, con un cocktail clásico en la mano. El elegido, para honrar la leyenda, debería ser un Bloody Mary: se dice que ese trago se creó en la barra de un St. Regis, el de Nueva York. Desde entonces, según la ciudad que se trate, el Bloody Mary se aggiorna a la cultura local. El de Ciudad de México no podía tener otra cosa que un toque de mezcal. También tienen otros rituales que se repiten por el mundo, como el del champagne, que se celebra los miércoles, descorchando la botella con un sable, siguiendo la tradición napoleónica.

En México la noche nunca se termina, y si el objetivo es salir de ronda, la tradicional Plaza Garibaldi siempre está esperando, tapizada de mariachis cantores, que ahogan las penas con canciones, tequila y mezcal. Vale la pena llegar un poco antes que baje el sol, para empezar con una vuelta en el museo interactivo que lleva el mismo nombre que la plaza, y recorre la historia de estas dos bebidas emblemáticas y su proceso de elaboración. En su terraza, se puede hacer una degustación de distintas variedades. La velada debe continuar a pasos de allí, en el Salón Tenampa, la taberna fundada en 1925 que es parte de la historia de la ciudad.

Mexico DFDe día, los mercados de lo imposible
Si el sol sale cada día en Ciudad de México, es para mostrar sus colores con toda intensidad. Y si hay un lugar donde se lucen, es en sus mercados. Los hay de todo tipo: de comidas, de artesanías, de flores, de frutas y chiles, y hasta de animales, brujos y chamanes. Siguiendo una ruta de sabores, el Mercado de San Juan, pleno Centro Histórico, es donde se dan cita los sibaritas: entre sus pasillos, impecables, se pueden conseguir carnes exóticas, desde avestruz, venado, conejo y hasta de cocodrilo. También hay frutas, dulces, especias, embutidos, quesos y otros productos selectos. Su encanto está en ofrecer variedad de delicatessen, pero conservando intacto el espíritu de mercado de barrio. Al este del Zócalo está el de la Merced. , bullicioso, hipnótico: ahí es donde está la verdaderaexperiencia local. Todo es para llevar, y la mirada se pierde entre los productos típicos como el maíz de distintos colores -azul y rojo, por ejemplo-, hojas de plátano para tamales y de nopal, un cáctus comestible; piloncillos -conos de azúcar maciza para cocinar-, huitlacoche -un hongo del maíz de color negro que se sirve en tacos y preparaciones varias- y los famosos moles, en pasta y polvo, que, picantísimos, alteran la vista con sólo verlos. Para cerrar la aventura citadina está el vecino de Sonora, altera los sentidos pero más el sexto que ninguno de los otros conocidos: tiene unsector esotérico, que se anuncia por el olor penetrante a incienso y copal. La invitación es a perderse entre las tiendas y las voces de los brujos que ofrecen sus servicios: la lectura de la suerte, algún ‘trabajo’ y la venta directa de pociones mágicas, hierbas sanadoras y amuletos. Vale la pena entrar. Nunca se sabe cuando pueden hacer falta.

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