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Cine y Series

Dame fuego

Cómo entrenar a tu dragón 2, entretenimiento para chicos apto para adultos.

 

Por Sandra Martínez

A diferencia de Frozen, que causó un furor infantil que se contagió a muchos adultos, Cómo entrenar a tu dragón más que una explosión marketinera funcionó como una de esas recomendaciones que corren de boca en boca. Por suerte, esa popularidad under le alcanzó para conseguir una secuela, que cumple tan bien como la película original.

En la primera parte de esta saga conocíamos a Hiccup (Hipo, en la versión doblaba), el hijo del jefe de una aldea vikinga asolada por los ataques de los dragones. Flaquito y sensible, Hiccup no encaja demasiado en su raza guerrera. Pero es justamente su carácter particular el que le permite trabar la más inesperada amistad con un dragón, al que termina bautizando Toothless (Chimuelo) y que superada la primera impresión, se muestra juguetón como un cachorro. Y a base de compresión y empatía, termina por cambiar la vida de los que lo rodean. Es una historia que funciona porque resuena con los ecos del camino del héroe trazado por Joseph Campbell, que emparenta a Hiccup con Hércules, Frodo Bolsón y Luke Skywalker.

Si la primera entrega finalizaba con una canción de Jónsi, el cantante de Sigur Ros, como banda sonora de nuestro pequeño protagonista triunfante surcando el cielo, la continuación que llega hoy a nuestros cines comienza de la misma forma. Y no se siente como una operación forzada para exprimir el éxito de la primera película, sino como una necesaria forma de completar la historia. Cinco años después de su aventura, Hiccup revolucionó su aldea pero sigue sintiéndose un extraño. Montando a Toothless, expande cada día los límites geográficos de su gente, como excusa para una búsqueda mucho más personal, que lo llevará a encontrar al mismo tiempo un nuevo peligro y una enorme revelación sobre su familia. Y, por supuesto, encontramos dragones, en más cantidad y mayor tamaño que nunca, además de algunos momentos de una increíble belleza visual que remiten un poco a los films de Miyazaki.

Vikingos, dragones, cantantes islandeses, aventura y lecciones de vida sin moralina: una buena excusa para llevar a los chicos al cine y disfrutar junto a ellos.

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