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Música

Cumpleaños feliz

Zambayonny festejó su cumpleaños con un show íntimo en el que se sumó el público para el grand finale.

Por Gisela Etlis
Fotos cortesía de Zambayonny

Nosotros nos tenemos que joder corazón…”, canta él, cantan los que se la saben. Zambayonny apareció en el escenario del elegante Siranush y el público pareció no importarle los 40 minutos de espera. Era el show de su cumpleaños y los globos nos faltaron. Zamba estaba en acción sin sus músicos de siempre, sólo con dos guitarras, su gorrito y su botella de agua.

Diego Perdomo escribió cuentos y grabó discos bajo la sombra, hasta que en 2006 decidió mostrarle al mundo su arte y subió su material a Youtube. Desde ese momento, tiene un séquito de fans que lo aplauden y lo admiran por sus creativas y acertadas letras, que cuentan pequeñas historias, miserias humanas que de tan cotidianas, parecen absurdas, y situaciones de pareja similares a las que se viven todos los días… Jodidas, por supuesto.

“Pensé que ya no venían”, les dice a dos que llegaron tarde y diga lo que diga, los zambayonneros no pueden evitar reírse y apoyarlo con cada genialidad que sale de su boca, con guitarra y sin guitarra.

Regaló sus clásicos como El último peaje, El equilibrio del mundo, No pude dejar la paja, Soy Superman… y Retiro voluntario, y decidió hacer un tema que si bien no era nuevo, casi nadie lo coreó, un poco realista, un poco golpe bajo y un poco divertido: Décadas perfectas.

Cuando yo tenga diez años seré más viejo
ya no me van a asustar los cuentos de miedo
voy a volver de la escuela solo y corriendo
voy a tener amigovias y cuatro perros.

Cuando yo tenga veinte seré más alto
ya no me va a asustar llevarme materias
voy a volver de los bailes con mis amigos
voy a tener dos locas y alguna seria…

Cuando yo tenga treinta…..Cuando yo tenga cuarenta…” y así hasta los noventa. Claro que alguno de los miembros del Sindicato del pedazo, su club de fans, se sabían la canción entera, pero el resto escuchó en silencio y prestó atención a cada momento de la vida.

La sala palermitana estalló con Volviste muy muy pu…de Gesell, No me hables de amor y La incogible y el show se cortó con un regalo al anfitrión. Sus más fieles seguidores lo homenajearon con una torta y le cantaron el feliz cumpleaños.

Al principio eran dos o tres y de golpe el escenario se llenó de gente, los de abajo se pusieron de pié. Zamba subió el volumen de la noche y ya parecía el amigo buena onda que lleva la guitarrita a todos lados y se pone a tocar los temas a pedido.

La estocada final, con el público eufórico y cada vez más numeroso arriba del escenario, fue el popurrí que incluyó La conga de la poron…, Superman y Milanesa de pi…, el clásico de cierre. Con su humilde “muchas gracias mis amigos por los aplausos recibidos, ojalá que nos volvamos a encontrar”, el también escritor terminó un show diferente para muchos, con más conexión entre artista y oyente, un juego en el que Zambayonny sin decirlo, dice: “Yo los considero mis hermanos”.

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