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Wine News

Cuestión de género

En la industria del vino argentino y mundial, las mujeres tienen mucho para decir y aportar. Una mirada femenina que ilumina un mundo que se cree de hombres.

Por Agustina de Alba

Más allá de que haya ciertos nombres famosos, más allá de algunos premios y reconocimientos, el mainstream del bebedor argentino sigue, hoy, siglo XXI, identificando al vino como un mundo de hombres. Por eso, es necesario repetir la falsedad de este prejuicio; mostrar a la infinidad de mujeres que hicieron y hacen historia en esta materia.

Mirando hacia atrás, encontramos un largo listado de protagonistas femeninas. Algunas fueron olvidadas, otras poco reconocidas y unas más muy famosas. Pero todas tenían algo que las hizo sobresalir: su coraje, voluntad, talento, trabajo y pasión. Y supieron, y aún saben, ocupar todos los segmentos, todos los espacios posibles. El “girl power” es transversal a la industria, y se hace notar tanto en la parte ejecutiva de las bodegas, como siendo enólogas, viticultoras, escritoras y sommeliers.
Si pensamos en regiones de vino famosas, todos sabemos lo que significan Champagne, Porto y Jerez. Y en el origen de cada uno de estos tres lugares, hay una mujer que fue hito y emblema. Empezando por Champagne, ahí está Nicole Barbe Ponsardin, conocida como la Gran Dama de Champagne -o La Viuda Clicquot-, creadora del removido en pupitres, el método que aún hoy se usa para llevar el sedimento del champagne al cuello de la botella. En Oporto, encontramos a Doña Antonia Ferreira, la reina del Oporto, dueña de una de las marcas más antiguas y reconocidas a nivel mundial, que logró ser una de las primeras casas en exportar estos vinos al Reino Unido. Completando este triángulo, está la dama del Jerez, Pilar Pla, dueña de Maestro Sierra, una de las casas más reconocidas de la región quien, tras la muerte de su marido, tomó el mando de la empresa y la llevó por el buen camino.

La argentinidad se viste de mujer
Paciencia, criar, acompañar, tiempo, son algunas de las palabras que resuenan una y otra vez dentro del dreamteam de mujeres argentinas cuando hablan de vino. Puede sonar a exageración, pero no lo es: a su modo, estas protagonistas logran sumar una mirada sensible, femenina y hasta incluso maternal, al universo de botellas, etiquetas y uvas. “Enóloga, mujer y en un ambiente machista”, se describe a sí misma Susana Balbo, la primera enóloga recibida en la Argentina. Balbo, parte indisoluble de la elite del vino nacional, cuenta que la discriminaban por ser mujer. Incluso, durante su primer trabajo en una bodega salteña, quedó excluida de la fiesta de los enólogos por su género: no la invitaron, pero sí le permitieron mandar sus vinos en su representación… Ella aceptó este trato injusto, poniendo como única condición que le contaran qué impresión dejaban sus vinos. Así fue que, al día siguiente de la fiesta, el dueño de la empresa se acercó con las notas de cata de los dos vinos que ella había enviado: un Cabernet Sauvignon y un Merlot, y le dijo que los vinos en general estaban bien, pero que al Merlot le faltaba fruta y que el Cabernet Sauvignon tenía mucho tanino. Ella comenzó a reírse y admitió: “Puse el mismo vino ¡en las dos botellas!”. Esa fue su manera de desquitarse. En dos años pasó de ser la enóloga peor paga a la mejor paga del país, luego armó su propia bodega, la estafaron, se fue al extranjero para capacitarse mejor, volvió e invirtió una vez más toda la plata que tenía para la educación de sus hijos en su segunda bodega: Dominio del Plata. Y con esa marca, se convirtió en un caso de éxito emblemático entre las mejores bodegas del país. También, en 2006, Balbo fue nombrada presidenta de Wines of Argentina. Y en 2012 fue elegida por la revista inglesa “The Drink Bussines” como una de las mujeres más influyentes del mundo de las bebidas. Nada mal.
Hagamos un salto hacia adelante. Si Balbo representó a la gran mujer detrás de una bodega hace ya diez años, hoy ese puesto se reparte entre varias otras bodegueras. Por ejemplo, la multifacética Laura Catena, bodeguera, médica, escritora e hija del “Rey del Vino”, como suele llamarse a su padre, Nicolás Catena. Laura sabe lo que quiere, y mueve las piezas para lograrlo. Soñó con ser médica y se fue a estudiar a San Francisco. Deseó formar una familia y se casó y tuvo tres hijos. Quiso hacerse cargo de las exportaciones de Catena Zapata a Estados Unidos y lo logró, con muy buenos resultados. En la bodega que lleva su apellido comenzó como investigadora y hoy es la presidenta. A su vez, ejerce una vez a la semana como médica de emergencias en San Francisco. También escribió un libro sobre la vitivinicultura nacional, Vino Argentino. El secreto, dice, es “aspirar bien alto, más allá de lo que parece posible”.

Dos nombres más: Ana Amitrano y Andrea Marchiori. Ana se sumergió a los 27 años en el mundo del vino. Por ese entonces estaba casada con José Zuccardi. Pero recordemos: en aquel entonces, Zuccardi no era lo que es hoy. Tenían los viñedos pero no la bodega ni las marcas famosas. Y fue el trabajo de todos, incluido el de ella, el que logró provocar el gran cambio. Ana siempre estuvo vinculada al área comercial, un tabú incluso más intenso para la mujer argentina. Si hacer vinos es cosa de hombres, pareciera que venderlo lo es aún más. Pero desde su puesto de gerente comercial de Familia Zuccardi, Ana pasa día a día demostrando lo equivocado de este argumento. “Cuando mis hijos eran chicos, yo viajaba todos los lunes en el primer vuelo e intentaba regresar en el último… Nunca me gustó dejarlos”, dice, y se hace cargo de su condición femenina que, en este caso, incluye la de ser madre.

Por su lado, Andrea Marchiori también se convirtió en leyenda viviente en Mendoza, gracias al éxito logrado con su bodega Viña Cobos, creada junto a Luis Barraud y el reconocido enólogo californiano Paul Hobbs. “Siempre tuve la suerte de estar en empresas y con gente que valoraban y valoran las capacidades antes que el género. Por supuesto que, como mujer, una ve las cosas desde una perspectiva distinta y saber respetar y aprovechar esas diferencias es lo más importante dentro de un equipo de trabajo”, afirma Andrea.

También el servicio tiene su costado femenino. Marina Beltrame no sólo es la primera sommelier argentina, sino además es pionera en la formación de esta carrera, creando la profesión en la Argentina. Su vocación comenzó al trabajar en un hotel top en el centro porteño, donde atendió a un cliente que resultó ser George Sabate, el francés presidente de una importante productora de corchos que solía esponsorear a la Asociación Mundial de Sommeliers. Fue en 1995, Marina tenia 26 años y algo de vino ya sabía debido a su trabajo en alimentos y bebidas, pero ese encuentro hizo que su vida diera un vuelco: él le aseguro que la industria de vino argentino iba a explotar y que las bodegas no se estaban preparando: “Tenés que ir a Francia, hacer la carrera, volver a tu país y fundar la Escuela Argentina de Sommeliers”. Dicho y hecho. Marina viajó sola a París, estudió en Ecole de Métiers de la Table, mientras al mismo tiempo trabajaba, y cuando llegó a la escuela en su primer día, le dijeron que estaba becada. Sí, George Sabate se había encargado de conseguirle una beca, alojamiento y seguro médico. Ya de vuelta en Buenos Aires, Beltrame inició la Escuela Argentina de Sommeliers, que comenzó con 43 alumnos. Hoy tiene más de 200 integrantes, que se reparten en las sedes de Mendoza, Colombia y Costa Rica.

El futuro en buenas manos

No es casual que el concurso que elige al “Mejor Sommelier de Argentina”, haya siempre tenido como ganador a una mujer. Esto no significa que no haya sommeliers hombres de altísima calidad. De hecho, a nivel mundial este concurso siempre ha sido ganado por hombres. Pero está claro que hay una generación de sommeliers mujeres en nuestro país, que muestran un nivel altísimo en su calidad y profesionalidad. Adriana Huck, por ejemplo, es la sommelier corporativa de uno de los grupos más grande de bodegas de la Argentina y del mundo, nada menos que Peñaflor. Valeria Mortara es la Head Sommelier del Faena + Universe. Hay grandes docentes, como Fernanda Orellano (directora académica de la Escuela Argentina de Sommeliers), y también grandes escritoras, como Paz Levinson que, luego de estudiar letras, decidió abocarse al mundo de la sommellerie, siendo elegida como la mejor del país en 2010, para luego representar a la Argentina en el último mundial realizado en Tokyo, donde logró el 11 puesto, por primera vez para una latinoamericana. Ivana Piñar también es sommelier y recibe en su propio restó a puerta cerradas, Paladar. Por su lado, María Mendizábal, es creadora de la vinoteca más cool de la capital, Vinology, donde además da cursos y degustaciones.

Podría pensarse a estas sommeliers como parte de una nouvelle vague del vino, una nueva corriente que está cambiando el modo de pensar a nuestra bebida nacional. Y esa nouvelle vague se extiende también a enólogas e ingenieras agrónomas que ponen su sello en diferentes tipos de emprendimientos. Algunos son pequeños y artesanales, como las chicas de Vida y Alma: “Nuestra primera cosecha, 2006, nos encontró a las tres que estamos a cargo embarazadas. Así, decidimos hacer referencia a ese momento que pasábamos, y las vidas y almas que estaban naciendo”, explica Graciana Monneret de Villars. Vale la pena recordar que este proyecto recibió un Trophy en el último Argentina Wine Awards por su Malbec 2011.

Otros emprendimientos que tienen a mujeres como responsables son de gran renombre y tradición, como es el caso de Soledad Vargas, ingeniera agrónoma de 32 años al frente de los viñedos y enología de Finca La Anita; o Paula Borgo, de 36 años, primera enóloga de Bodega Séptima; o Pamela Alfonso, ingeniera agrónoma de 32 años, gerenta de Viñedos de Alta Vista; o Celia López, enóloga de vinos blancos y espumantes de Navarro Correas. Y la lista podría seguir y seguir, con por ejemplo las distintas brand managers que están al frente de las marcas, entre ellas Lucila Pescarmona (Bodega Lagarde) o Soledad Morales (Navarro Correas), entre muchas otras. Porque los tacos resuenan en el mundo del vino cada vez con más fuerza. Marcando así la cancha con un blend propio que une capacidad, inteligencia y una mirada distinta. Una mirada femenina.

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