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Agenda

Cuando la imagen se revela

Los últimos estrenos del documentalista alemán Harun Farocki se suman a sus películas más clásicas y sus video instalaciones en un imperdible ciclo en PROA.

Por Clarissa Pobliti

¿Cuál es la significación de las representaciones que produce un sistema? Un artista nos convida de su visión y nos lleva directamente al grano, sin hipocresía, sin vueltas. Es Harun Farocki, cuyas realizaciones pueden verse gracias a Proa Cine y Goethe Institut en el auditorio Proa los sábados de marzo en el ciclo Harun Farocki: Cuando la imagen se revela, que incluye una entrevista abierta al prestigioso director alemán de lo que se denomina “cine político”, en paralelo a la exhibición de sus cinco de sus videoinstalaciones realizadas en la última década. Las impresiones sensibles abundan y para bien en estas producciones. Ahí donde no puede llegar la razón está la imagen, y, si es necesario, su desguazamiento. Para revelarse, claro.

Dentro de la programación, concideramos que los dos imperdibles son Fuego inextinguible y Trabajadores saliendo de la fábrica.

Fuego inextinguible (1969)

¿Es realmente el fuego inextinguible? Farocki nos acelera al menos la visión de que de hecho se apaga, en su propio brazo y ante las cámaras. Un contundente gesto político-punk que nos introduce brutal y amablemente al film.

La visión de cómo quema el napalm, nos dice, sería insoportable y por eso nos la representa. ¿Pero qué relación tendríamos los espectadores con esto? Al comienzo del mediometraje Fuego inextinguible, Harun Farocki lee en primera persona cómo una bomba de napalm quemó las extremidades y el rostro por completo a un vietnamita durante la guerra mentada por Estados Unidos. Esta sustancia puede arder días enteros, llegando hasta el hueso.

“Una empresa química es como una serie de bloques de construcción. Dejemos que cada trabajador trabaje en un solo bloque”-dice un directivo de la empresa “DOW”. La intensificación de la DOW (division of work) produce que los técnicos y científicos no reconozcan su contribución a la producción de armas de exterminio. Consecuencias: ser un espectador ante la guerra, lamentar la participación involuntaria, creer que se fabrican aspiradoras cuando en verdad se fabrican ametralladoras.

Mientras, el público en el auditorio ríe, quizás por la asociación aspiradora/ametralladora, quizás porque la visión (del napalm, de la destrucción humana, de la responsabilidad de poder ver) es terrible y, dice Farocki, es probable, que además de no soportarla la queramos olvidar. “Lo que fabricamos depende de los obreros, estudiantes e ingenieros”. Las cosas claras.

Trabajadores saliendo de la fábrica (1995)

¿Cuánta información pueden contener cien años de imágenes cinematográficas acerca de las fábricas? ¿Por qué abundan las imágenes de las salidas y escasean las que filman el adentro? ¿Por qué todos los trabajadores salen a la vez, como un gran fluido en expulsión?

Una voz femenina analiza las imágenes: al salir los trabajadores, devenidos en obreros, corren “como si supieran que lo bueno no está allí”, como si escaparan de algo. Las primeras imágenes documentales, de los hermanos Lumière, parecerían ser las imágenes de una (la primera) cámara de seguridad. Los trabajadores saben que deben comportarse, nada de bromas. Una mujer tira del vestido a otra, que no reacciona porque lo sabe, es filmada.

Menos mal, es algo muy viejo. Ya no se va o se sale corriendo de la fabrica, sino para ir al medico, para ir de shopping… Algunas imágenes contemporáneas registran el subte, la calle de las grandes ciudades, por si cabían sospechas de anacronismo. Algunas escenas nos muestran a una Marilyn obrera saliendo de la fábrica: recién allí comienza la acción, la posibilidad de una ficción. Lo interesante pasa afuera.

En imágenes de otros films, cuando las fábricas registran un exceso de producción o una baja, los obreros/actores tienen una mirada que recuerda a “los prisioneros de los campos de concentración”, o, conscientes de que el trabajo es más y el salario menos, caminan “como detrás de un carro fúnebre, mirando a la nada”, como viendo aquello que no está, que se escapa, que se niega.

Hay tiempo hasta el 31 de marzo para disfrutar de esta excelente programación, que se puede consultar haciendo click aquí.

www.proa.org

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