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Tecno

Conexión total

Facebook y Google quieren que todos los habitantes del planeta disfruten de la web, sin importan dónde estén. ¿Puro altruismo o motivos secretos?

Por Tomás Balmaceda

Ya es un lugar común decir que Internet borró las fronteras y que nos permitió comunicarnos con todo el mundo. Pero no por ser un lema repetido eso es necesariamente cierto. En la actualidad, más de dos tercios de la población mundial no tiene todavía acceso a la web. No se trata sólo de un problema del nivel económico de esos sujetos o de falta de dispositivos, sino que se calcula que son 5 mil millones las personas que no pueden conectarse simplemente porque viven en zonas que carecen de la infraestructura necesaria para hacerlo. Frente a esta problemática, tanto Facebook como Google están trabajando en planes muy creativos para volver realidad la utopía de una conexión absoluta.
Por el lado de Mark Zuckerberg, el niño de oro de las redes sociales lanzó hace cuatro meses el Connectivity Lab, que reúne a expertos en aeronáutica y tecnología aeroespacial de la NASA y el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) interesados en crear los aparatos necesarios para llevar Internet a todos los rincones del planeta. El plan maestro es poder lanzar aviones no tripulados -los tan de moda drones, que actualmente se usan para lograr tomas de video y fotografías aéreas pero también en ejercicios militares-  y pequeños satélites capaces de transmitir señales de Internet a través de rayos láser infrarrojos llamados FSO (Free-Space Optical Communication). Y es que, tal como admitió el mismo Zuckerberg al anunciar el proyecto, “conectar a todo el mundo también exige inventar nuevas tecnologías”. Los drones, que tendrán paneles solares para poder estar meses volando de forma autónoma, serán destinados a áreas suburbanas en regiones limitadas por su geografía, mientras que lo satélites se utilizarán en zonas más amplias pero con baja densidad poblacional.

Si bien el fundador de Facebook es la cara visible del Connectivity Lab, se trata de una iniciativa presentada en el marco de la alianza Internet.org, que unió a gigantes como la ex Nokia, Ericsson, Samsung y Qualcomm bajo la promesa de ofrecer WIFI para todo el mundo. “Hasta ahora el progreso obtenido es más que satisfactorio. A lo largo del año pasado, sólo con nuestro trabajo en Filipinas y Paraguay conseguimos duplicar el número de personas que consumen datos móviles y ayudamos a tres millones de personas a tener acceso a Internet”, explicó Zuckerberg en el Mobile World Congress de Barcelona en marzo de este año.
Google, mientras tanto, lanzó el año pasado Project Loon, su propia estrategia para conectar a todos. Nacida en los misteriosos Laboratorios Google [x] -el think tank megasecreto y con el mismo presupuesto que muchas provincias argentinas (de donde salieron por ejemplo los Google Glass y los autos que se manejan solos)-, se trata de una red de globos que permite brindar acceso a Internet a vastas regiones. Los globos de 15 metros de diámetros y que, tal como los drones del Connectivity Lab, funcionan con energía solar, se mantienen suspendidos en la estratosfera y se conectan entre sí, enviando señales que son captadas por antenas especiales en la superficie. Para que el sistema funcione es necesario poner cientos de estos aparatos en el aire y conectarlos aún en condiciones atmosféricas adversas, manejando todo de forma remota. En la estratósfera existen capas de viento que varían en dirección y velocidad, por lo que los globos deberán ascender o descender casi de manera constante. No se trata, claro está, de una tarea sencilla, pero es la clase de desafíos a los que suelen enfrentarse los ingenieros de Google [x], quienes bautizaron “Loon” al proyecto no sólo por “balloon” (“globo” en inglés), sino también porque la palabra significa “chiflado”.
Será el tiempo el que diga si efectivamente es un emprendimientos de chiflados o no. Pero el Proyecto Loon lanzó una prueba experimental en junio del año pasado en Nueva Zelanda y hoy continúa en el Valle Central de California y se encaminaría hacia otros puntos del planeta aunque sin fechas precisas para abandonar los prototipos y comenzar a transmitir.

Demasiado lindo para ser verdad
No son pocos los que dudan de las intenciones altruistas de estos dos pesos pesados de la industria. De hecho, el anuncio de Zuckerberg fue visto por los analistas de negocios como una tardía reacción al Proyecto Loon y el comienzo de la carrera por ver quién conectará “a los próximos 1.000 millones de usuarios de Internet”. Mientras que la conclusión más obvia es que el verdadero interés de tener mayor cantidad de personas conectadas es aumentar la cantidad de usuarios de Google y Facebook, lo cierto es que ambos sistemas permiten que las compañías investiguen más sobre cómo comprimir datos e información en nuevos formatos y aprendan a tener medios alternativos para brindar acceso a la web. Además, les ofrece la excusa perfecta para meterse en el negocio de  los sistemas aéreos no tripulados, una tecnología que podría redefinir áreas no sólo vinculadas con la comunicación, sino también con la intimidad y la seguridad de los países. Desde hace tiempo, el buscador creado por Larry Page y Sergey Brin está extendiendo sus tentáculos por fuera de las computadoras, pero la red social aún no profundizó sus planes en esta dimensión. Si la red de drones y globos prueba ser efectiva, sería lícito preguntarse, por ejemplo, para qué necesitaríamos de las redes de telefonía móvil o de las conexiones tradicionales.

Pero Connectivity Lab y Proyecto Loon también ponen el foco en un debate más profundo e ideológico: ¿podemos ya considerar el acceso a Internet como un derecho fundamental al que puedan aspirar todas las personas? Zuckerberg quiere que existan servicios de Internet completamente gratis y universales como datos de meteorología e información pública, pero también aplicaciones de redes sociales y mensajería. La cuestión es quién se hará cargo de los costos de montar y sostener un sistema tal que siempre será deficitario. La generosidad y las buenas intenciones muchas veces terminan allí donde comienzan los presupuestos.

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