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Literatura

Con la esperanza entre los dientes

Se acabab de editar en castellano dos nuevos libros de uno de los intelectuales más importantes de las últimas décadas

Por Javier Rombouts
Ilustración: Juan Natch

Cuando Israel fusila a los palestinos, es bueno hablar sobre John Berger. Cuando la injusticia parece la única moneda de cambio, es necesario hablar de John Berger. Cuando la muerte nos ronda y propone soluciones finales -no importa de qué bando llegue la solución- es bueno mentar, subrayar, añadir, insistir, con un nombre y un apellido: John Berger.

Pero ¿quién es John Berger? Seamos explícitos como el sexo explícito, seamos pornográficos al hablar sobre él: John Berger es uno de esos hombres que merecen ese título sin que se nos caiga una hache o una be larga o una erre. John Berger es el paladín de una justicia que cada día desbarranca más y más en el pozo de los súper hérores o en el agujero negro de los corruptos tribunales humanos o en el maquiavélico discurso de los medios que manejan el devenir de todos los habitantes de este mundo.

Así que, John Berger es, sobre todas las cosas, John Berger. Pero también es un artista plástico, un escritor, un cronista de esta época, un tipo que escribe libros monumentales y definitivos; libros que sólo atienden a una única razón: ser mejores de lo que fuimos hasta ahora, si eso fuera realmente posible. Pero no con opciones de autoayuda, respiración o 3D. Ser mejores convirtiéndonos en hombres más justos, más honestos, más humanos.

Un escritor de nuestro tiempo
John Berger es inglés como James Bond pero infinitamente más valiente que James Bond. Es inglés como la Carta Magna pero infinitamente menos hipócrita que la Carta Magna. A los 16 años se escapó del St. Edward’s School de Oxford decidido a estudiar arte “y ver mujeres desnudas”. Obtuvo una beca para estudiar en la Central School of Art de Londres. Después de su experiencia militar (1944-1946) retoma sus estudios en la Chelsea School of Art. Hasta 1955 dio clases de dibujo y un día comenzó a publicar en el Tribune, donde lo editaba George Orwell. Sus artículos, tanto en el Tribune como en la revista New Stateman, son diversos: van desde la crítica de artes plásticas a la política. Aunque en todos se nota una mirada profundamente marxista -sobre todo en sus críticas de arte- y defensora del realismo, sobre todo en sus artículos políticos.

A los treinta años decide dejar la pintura, no porque dudara de su talento, sino porque cree que son horas donde debe pelear con la palabra como arma. A partir de entonces sus libros se vuelven rápidamente fundamentales. Su primera novela fue A Painter of Our Time (Un pintor de hoy) -un libro que a poco de aparecer fue censurado en Inglaterra- y su último libro -recientemente editado en castellano por Alfaguara- es El cuaderno de Bento, un maravilloso trabajo de reflexiones y dibujos donde Berger imagina el cuaderno de apuntes perdido de Baruch Spinoza. Entre uno y otro han pasado miles de páginas: novelas, ensayos, poemas, obras de teatro, guiones de cine y televisión, y notas escritas en los más diversos medios del mundo. Entre los muchos se encuentra Ways of Seeing (Modos de ver), que marcó a toda una generación de críticos de arte y se ha convertido en libro de texto obligatorio en las escuelas británicas. Un texto que, si se quiere, toma prestadas muchas ideas de La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, de Walter Benjamin. La novela G. -recientemente editada también por Alfaguara y que fue ganadora del prestigioso Booker Prize-; la excepcional trilogía sobre el campesinado europeo, De sus fatigas, compuesta por Puerca tierra, Una vez en Europa y Lila y Flag. En la elección de los temas sobre los que escribe, Berger demuestra su compromiso con el tiempo que le toca vivir. Como wwwimonio están sus crónicas sobre el conflicto palestino-israelí (Con la esperanza entre los dientes), su correspondencia con el subcomandante Marcos (El tamaño de una bolsa), su trabajo sobre el SIDA (Hacia la boda) y su relato sobre quienes viven en situación de calle, King. Ya lejos de posturas prosoviéticas, todavía inoxidable marxista, Berger no busca ponerse cómodo y hablar sobre y desde una ideología. El tipo la hace difícil y trata siempre de hablar desde y con el hombre.

Final
Es fácil olvidar que John Berger escribió, sólo se necesita mirar para el costado, hacerse el tonto y el ciego y el sordo en la calle, vivir en alguna burbuja y sólo pedir la comida por delivery. Es fácil no encontrar sus libros. Básicamente porque el tipo no anda por ahí dando clases magistrales de la nada, ni pregona sus libros desde sitios de internet que juegan el juego de los poderosos, ni hace lobby a favor de los monopolios de comunicación. Es fácil olvidar que JB escribe. Lo difícil será no tomar en cuenta sus escritos el día que haya que rendir cuentas, el día en que todos debamos mostrar nuestras cartas y decir, finalmente, de qué lado estamos.

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