Música

Con el pulso a 220

La banda del sonido del futuro parece que explota de beats y breaks. Las tendencias mundiales, los DJs consolidados y los sonidos de nuestro tiempo.

Por Javier Andrade (desde Los Angeles)

En el marco electrónico caben todos los experimentos imaginables, y siempre hay uno más; ese giro inesperado que hace posible empaquetarlo como fresco porque en la mayoría de los casos, lo es. Es cierto que en nombre de la fusión electrónica se cometen todo tipo de tropelías, pero también es cierto que en los clubes suelen vivirse momentos mucho más intensos y apasionantes que lo que se vive en escenarios de conciertos primermundistas.

La vieja costumbre argentina de esperar para siempre por una banda que subiera al escenario -rogando que esto pasara antes de que saliera el sol- hoy no se condice con los horarios “sensatos” que se manejan aquí, allá y en todas partes. La única excepción está en las discotecas. Los clubes son esa zona liberada donde todo vale y donde todavía es posible divertirse dejándose llevar por sonidos que siempre son nuevos. No importa cuán familiarizados podamos estar con el género que representa las exploraciones de uno u otro productor/DJ; lo que sucede al comenzar el set depende de cuan inspirada haya sido la búsqueda previa del artista en cuestión.

En la música electrónica uno sigue artistas, sí, pero por sobre todo, confía en sellos, en lo que la buena reputación y la historia y la estadística, y sobre todo el gusto de las personas que compilan y publican materiales, presupone que vas a encontrar en el último mix.

Un año movido

La electrónica lo abarca todo: el sello que es garantía; el artista old school que se aplica sobre las bandejas y mezcla en vivo; el artista de las laptops que ha trabajado noches y noches en esa mezcla que te está partiendo la cabeza; y los artistas old-old school, los que agarran un micrófono o una guitarra acústica y son capaces de conmoverte en ese contexto.

Es música que se aplica para todo y que sirve tanto para un comercial o un desfile de modas como para un concierto masivo. La mayoría de los artistas y sellos provienen de Europa, con Alemania como la capital casi oficial del mapa electro, pero la música no reconoce las fronteras que los idiomas reconocen.

Alemania y los países nórdicos promueven mayoritariamente a sus propios artistas, mientras que Inglaterra les da la nacionalidad a proyectos gestados en su suelo, pero por personas llegadas desde todas partes del mundo, incluyendo lógicamente las Américas, Africa, Arabia y Asia.

Algunos ejemplos que vienen al caso, antes de despedir el 2013: en Inglaterra, el sello Deep Shit –nombre originalmente asignado a fiestas dedicadas a música dance que describen como “profunda e intensa”- está lanzando en la primera semana de diciembre el EP “Woman”, del dúo Dubinsky, compuesto por el inglés Chris Woodward y el lituano Linas Fresh Tee. Lo que suena es house con mucho groove, pianos jazzeros y líneas de bajo al comando. Es habitual que estos EP vengan con sus propias remezclas, y en el caso de este lanzamiento, los hacen quitándoles toda sutileza y enfatizando únicamente los beats.

Es ese riesgo el que trata de evitar la productora Nicole Moudaber, también con base en Londres. A ella, que se la reconoce por la intensidad de sus sets techno, le debemos uno de los más gloriosos EP del año, porque desde su propio sello, Mood Records, lanzó el proyecto solista de Mathew Bushwacka, llamado Just Be. Bushwacka es conocido por ser la mitad de la fórmula Layo-Bushwacka, un nombre más que repetido en los festivales europeos donde, después de un tiempo, es fácil advertir que los nombres se repiten y que los que encabezan son casi siempre los mismos.

La forma en que encaran la electrónica es desde lo hipnótico. A Bushwacka lo remezcla Stacey Pullen y entre ambos tienen una bomba en el EP “Growler”. Por su lado, la jefa Nicole Moudaber, cierra su año con el lanzamiento de “Believe”, su propia forma de interpretar el tribal techno: un full álbum para la discográfica Drumcode, legendaria en este ambiente, que hace que sus propios colegas la coronen y promuevan como la reina del underground londinense.

Ser mujer DJ no es raro, pero como en todos los niveles, conlleva cierto nivel de aceptación de los pares. En la rígida Alemania, por ejemplo, la primera dama del tecno es tINI, quien en la primera semana de enero 2014 verá la salida de su remezcla de Tiger Stripes para otro sello muy activo en el mundo dance inglés, Desolat. En ese sello, tINI ha vivido una vida muy activa en los últimos cinco años, donde se la ha visto cambiar los pequeños clubes de Munich, en donde comenzó a probarse en 2003, por masivos escenarios de Londres, Italia e Ibiza en 2013.

Otra curiosidad del año fue la súbita fama del DJ enmascarado, el justiciero de las bandejas conocido como Jaguar Skills, quien en los últimos meses de esta temporada se convirtió en el músico más buscado de Londres, ya no para revelar su nombre real, o su cara, sino para que comparta su particular extravagancia.

En la onda de la discográfica inglesa Ninja Tune, famosa en las últimas dos décadas por incluir breaks e instrumentos reales y rappers en la movida electrónica propuesta por su equipo de DJs de todas partes del mundo, el enmascarado Jaguar Skills se hizo famoso por su disco 1979-2006: A Hip Hop Odissey, donde fue capaz de apretar, mezclar y hacer interactuar 800 canciones clásicas del Hip Hop en un set de 40 minutos, cosa que constituye no sólo un récord, sino una “reescritura” de las reglas no escritas del código remix.

Si bien este disco es de 2006 y desde entonces ha sido descargado por internet mas de un millón de veces, la novedad del 2013 fue que el Ninja decidió presentarlo en vivo, y lo hizo con un show de 4 horas para la Radio 1 de la cadena BBC.

Crema americana

Del otro lado del charco, en Colorado, la nueva Amsterdam dentro de Estados Unidos, hay un artista y productor que sintoniza el espíritu de los breaks, la electrónica y el hip hop como nadie. Se lo conoce como Pretty Lights, su nombre es Derek Vincent Smith y, desde 2006, no para de sacar discos que tienen a todo el mundo pidiendo que por favor traiga hasta su ciudad la genial extravagancia lumínica y el martillazo constante de beats y breaks disparados de una laptop pero amparados por una banda con teclados, baterías, vientos y MCs. Su genialidad 2013 ha sido el disco “A Color Map of The Sun”, publicado desde el sello 8 Minutes 20 Seconds – y es imperdible, de punta a punta.

Sin escapar del marco electrónico, sin salir de Estados Unidos; en 2013 llegaron discos por separado de un curioso matrimonio de profesionales argentinos ligados a una de las instituciones de la electrónica de principios de la década pasada: el grupo de Washington D.C., Thievery Corporation.

Por un lado, el primer semestre de 2013 vio la salida de Lumen, el álbum de la cantante Natalia Clavier; y sobre el fin de la temporada, la salida de 5, el disco de Federico Aubele. Clavier y Aubele se casaron en marzo de 2008, luego de conocerse en Barcelona, donde ella cantaba jazz trasvasado en experimentos electrónicos.

Aubele llegaba a instalarse para grabar su segundo disco solista, tras girar por el mundo como bajista de Thievery Corporation. Su historia: entusiasmados por la buena impresión que le había causado el demo recibido vía email, los Thievery publicaron el disco debut de Aubele en su sello ESL Music. Luego, directamente lo incorporaron a la banda.

Fast-Forward: encontramos a Natalia Clavier cantando en vivo como vocalista estable de Thievery durante los últimos cinco años, en los cuales además ha publicado dos discos como solista. En ellos, Natalia suena siempre downtempo, como toda la familia Thievery, pero en un género world salpicado por el castellano.

Federico, en cambio, ha mutado bastante en sus cinco discos en solitario, pero siempre, a pesar de su juventud, en su música se respira el tango electrificado que desde principios de 2000 han promovido proyectos como Gotan Project en Francia, Bajofondo en Los Angeles y Otros Aires en Barcelona.

En 2013, mientras el proyecto Bajofondo de Gustavo Santaolalla llega a todas partes del mundo, Otros Aires importa sus discos a Estados Unidos de la mano del exmanager de The Police, Miles Copeland. En la mente de Copeland, que está fanatizado con el sonido del electro-tango, figura un espectáculo para grandes teatros donde lo tradicional, el baile de una pareja sin las estridencias y piruetas circences que suelen vender al extranjero, se conjugue con el sonido tanguero melancólico- electrónico que tan bien representa a la música argentina ante los oídos del mundo.

Y es en este contexto electro que hacia fines de 2013 llega la noticia: el consulado francés, escenario de la melancolía tanguera del exilio porteño de acuerdo con la icónica película de Pino Solanas de 1985, hoy otorga la visa artística para que la misionera Mariana Yegros, dueña del que se promueve como el primer chamamé electrónico, y cara visible de una cumbia electrónica argentina que se exporta fácil por todo lo que ofrece, pueda trabajar libremente en Francia.

La musica de su disco Viene de mí es pegadiza, tiene acordeón, reggae, letras con guiños libertarios y puras melodías que refieren a su propia historia, la de la cumbia Wawancó que su madre escuchaba con pasión.

Mariana Yegros, La Yegros, para los lectores europeos que esperan con ansiedad sus shows en Lisboa, París, Ginebra y Rennes en lo que queda de 2013; ha recorrido con honores el circuito underground fashion de la cumbia. Empezó como cantante de “Doma”, el show de De La Guarda, hizo coros para Kevin Johansen y acompañó en Europa al rey de la cumbia deforme, “sicodélica”, que promueve, desde Holanda, Dick El Demasiado.

Cayó en manos del sello electrocumbiero ZZK Records y del productor Gaby Kerpel, hermano de Aníbal Kerpel, histórico socio de Santaolalla en Bajofondo. ZZK y Waxploitation la pusieron en USA. Europa ya se había rendido ante ella. Porque La Yegros tiene todo. Energía. Look. Onda. Un genero fácilmente asimilable.

Y, claro, el marco electrónico que te pone en la vidriera del mundo si es que lo que te interesa es exportarte.

Un año intenso en el universo de la música electrónica. Seguramente no el último. 2014 llega con todo. Ya lo veremos, lo oiremos, lo bailaremos.