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Música

Con el peso de la hinchada

Crowfunding: un sistema donde, con plata de los fans, un artista puede realizar su obra sin acomodarse a los requisitos de las grandes empresas. Fanáticos con la camiseta puesta.

Por Pablo Strozza

Tras la salida de su disco Afraid Of Sunlight en 1995, Marilion rompió su contrato con el sello discográfico EMI y comenzó un derrotero por distintos sellos independientes que los llevó a tomar una decisión en el año 2000: convocar a sus fans y pedirles dinero por adelantado para financiar y grabar Anoraknophobia. El resultado fue que 12 mil personas de todo el mundo ayudaron a que los británicos registren este álbum, publicado en 2001 y distribuido por EMI. Al mismo tiempo, el grupo conservó todos los derechos de copyright de su música. El mismo sistema fue utilizado para Marbles en 2004, pero esta vez con la ayuda de Internet: los pedidos por adelantado de este doble CD ascendieron a 18 mil de sus seguidores, y se transformó en el modus operandi de Marilion. Un nuevo modelo de negocios basado en la lealtad y la fidelidad había nacido.

Bienvenidos, entonces, al maravilloso mundo del crowdfunding, o la financiación en masa de iniciativas. El término crowdfunding fue acuñado por el experto en márketing estadounidense Michael Sullivan en 2006, y lo describe como “la cooperación colectiva, la atención y la confianza de gente que trabaja en red y la acción de juntar su dinero, por lo general a través de Internet, con el fin de apoyar los esfuerzos iniciados por otras personas u organizaciones. El crowdfunding puede ser aplicado para cualquier clase de propósitos, desde la solución de tragedias causadas por desastres naturales hasta el periodismo ciudadano, pasando por artistas que buscan el apoyo de los fans o campañas políticas, por citar algunos ejemplos”.

Otros ejemplos de crowdfunding fueron la llamada Trilogía del Diseño que llevó a cabo el cineasta Gary Hustwit, que incluye los documentales Helvetica, Objectified y Urbanizer; y The Age Of Stupid, filme futurista que presenta un planeta en el año 2055 devastado por catástrofes ecológicas, dirigido por Franny Armstrong y protagonizado por Pete Postlethwaite. En la Argentina La noche del chihuahua, de Guillermo Grillo, se encuentra en rodaje con esta forma de subvención, lo mismo que Durazno, un “documental creativo” de ficción, con la participación de Nahuel Pérez Biscayart. Pero hay tres proyectos discográficos que fueron los mayores encargados de poner al crowdfunding en el tapete: La piedra en el aire, de Ariel Minimal y Florencia “Flopa” Lestani; A Song Is A Song, CD de Richard Coleman en donde el ex líder de Fricción y Los 7 Delfines versiona sus canciones extranjeras preferidas cantando en inglés y Cuadro, caja cuádruple que compila los álbumes Cámara, Rocío, Piano y Tecno de Daniel Melero.

Minimal FlopaAriel Minimal + Flopa: Cariño y confianza

Junto con Mariano “Manza” Esaín, Ariel Minimal y Flopa Lestani publicaron en 2003 un disco de aroma folk que rankea entre lo mejor de la década pasada. Flopa y Minimal se volvieron a juntar, esta vez como dúo, y las nuevas canciones que fluyeron fueron más que festejadas en sus conciertos. Un disco se imponía, pero existía un problema: no había dinero para hacerlo. Entonces hicieron cuentas y convocaron a sus fans vía Facebook con una premisa: un show privado a $ 100 la entrada: $ 50 para la grabación del CD y el resto como precio por ver el recital. Cuenta Minimal: “Sabíamos que existía esa forma de financiamiento de sitios de Internet como Kick Starter o Idea.me. Pero nosotros somos tan hippies y tan cabrones que decidimos hacer la convocatoria desde nuestro Facebook. Eso achicó nuestras posibilidades, ya que no tenemos Pay Pal o formas similares para que la gente desembolse el dinero. Entonces citamos a la gente que decidió colaborar a un show privado y en ese lugar nos dieron la plata”. Así se gestó La piedra en el aire, hermoso registro de dos amigos que se juntaron a tocar sus canciones acústicas a dos voces.

¿Cuál fue el beneficio de quiénes colaboraron para salida de La piedra en el aire?

La gente que puso dinero tuvo el disco antes de que salga a la venta, autografiados por nosotros”, dice Ariel. “Pero no quisimos copiar la metodología de ‘premios’ que tienen algunos sitios de crowfunding, esa onda que ‘Si pones mil mangos te comés un asado con Minimal’ (risas). Lo más importante en este caso fue el cariño y la confianza en la trayectoria que la gente tiene tanto en Flopa como en mí. Ellos saben que no nos vamos a ir a Brasil con esa guita. Hay un montón de cosas que se ponen en juego ante una circunstancia así. Si esto lo pide una banda que recién empieza no sé si funciona.”

ColemanRichard Coleman: Experimento de márketing

Corría el verano porteño, y Richard Coleman tenía ganas de tocar. Ante la propuesta del bar Ultra de una serie de shows acústicos, el ex Fricción y 7 Delfines redobló la apuesta: hacer un recital donde cantaría sus canciones preferidas en inglés. Ante el éxito de la presentación, Coleman recibió una oferta por parte del sello Ultrapop para editar ese material en forma de crowfunding. Y el resultado es A Song Is A Song, disco con el que se puede colaborar en dos formas: en un paquete, el más barato, lo que se ofrece es el CD, un concierto, un simple de edición limitada, numerado y autografiado, con el corte del disco, una canción que no estará en el LP, un demo y una remera. Y los que colaboren con más dinero también podrán ver sus nombres en la lista de colaboradores dentro del CD. “Este es un disco experimental y lateral, no es el disco posterior a Siberia Country Club en mi cuerpo de trabajo”, comenta Coleman mientras apura un café en el barrio de Villa Urquiza. “Por eso lo veo bien para realizar un experimento nuevo de márketing. Es un trabajo que se hizo sin presión, sin la necesidad de tener un disco, es más, es un disco completamente innecesario”, señala, entre risas, Coleman.

Richard reivindica el hecho de comprar discos. “Me encanta ponerlo, sentarme y escucharlo entero. Es parte de la belleza del soporte, y forma parte del concepto de A Song Is A Song, porque es un disco de cuarenta y dos minutos. En cuanto a Internet, nunca bajo canciones sueltas. Lo que me pasa es que si veo un disco que me genera mucha ansiedad de escucharlo, lo bajo y lo escucho, pero apenas sale lo compro”, afirma, con la elegancia que denota el clasicismo.

Daniel Melero: Interés por el objeto

En su departamento de Recoleta, Daniel Melero se larga a hablar y no hay quien lo pare. En este caso por la reedición de cuatro discos suyos: Cámara (“Me reconcilié con él a través de otros músicos como Flavio Etcheto o Leandro Fresco), Rocío (“Lo adoro. Coincide con el momento de mi casamiento. Es un disco de compromiso y no de histeria”), Piano (“Es teatral. Las versiones de mis temas eran tan distintas a las originales que fue visto como mi invención como un crooner fallido (risas)”) y Tecno (“Es mi disco más punk. Lo empecé a hacer el mismo día que me compré la computadora con instrumentos bajados de Internet”), en una caja que se llamará Cuadro, que también saldrá por crowfunding. “Hay un público que quiere tener objetos en vez de bajar la música de Internet. A mí me pasa que muchas veces, para ensayar repertorio, en vez de ponerme a buscar mi propio CD lo bajo de Internet. Pero veo que hay gente interesada en el objeto, y negarlo sería una tontera. Me parece que es lindo que puedan existir estos discos, y el sistema de crowdfunding funciona en todo el mundo.”

Honrar al error como una intención oculta”, dijo su admirado Brian Eno en una de sus Estrategias oblicuas, y (aunque sin hacerlo explícito de forma textual) ese es el espíritu de Cuadro de Melero. “Cada uno de los discos tiene un tema que en su momento quedó afuera, y que ahora pienso que tienen valor como agregados. Y también contienen sus errores originales: no hay remasterizaciones o intentos de mejorarlos. Esa mácula forma parte del mensaje de esos discos y me parece que tienen que presentarse así”, comenta Melero y le vuelve, de forma inconsciente, a hacer caso a Eno: “No cambie nada y continúe consistentemente”.

Otra vez, bienvenidos al crowfunding. Y tengan ganas de quedarse en este territorio porque, lo seguro, es que este nuevo método de financiamiento recién comienza. Los ejemplos de Flopa + Minimal, Coleman y Melero sólo son la avanzada. Ahora, con la puerta abierta, muchos más intentarán sumarse. Habrá que ver si tienen la suficiente hinchada como para hacerlo.

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