Publicidad Bajar al sitio
Cine y Series

Cómo arruinar una villana

Disney revisa su clásico La bella durmiente, desde el punto de vista de la mala de la película. Una buena idea, con pobre resultado.

Por Sandra Martínez

Buscando fuentes para saciar el furor por las historias fantásticas, Hollywood sigue sacudiendo el polvo de los viejos tomos de cuentos de hadas. Y al hacerlo, parece que el enfoque predominante es cierto revisionismo feminista, que busca mostrar a las princesas en un rol más activo y a las villanas clásicas bajo una luz más favorecedora. Dentro de esa segunda tendencia se inscribe  Maléfica, el último estreno de Disney, la empresa que se ve más favorecida por esta moda, que le permite exprimir un poco más sus ya de por sí rentables clásicos. En principio, parece una buena idea. Maléfica es desde lo visual y lo narrativo una de las malas más fabulosas de la animación y sólo bastó ver a Angelina Jolie caracterizada para ilusionarse con volver a ver esas escenas protagonizadas por la reina bruja en La bella durmiente, pero con un tono más oscuro y al mismo tiempo, reivindicador.

Nos enteramos, entonces, de que Maléfica era una niña hada buena – y el público se pregunta brevemente ¿cómo es que se llama Maléfica? ¿es una palabra que significa otra cosa en el idioma de las hadas? Ni idea- que conoce a un niño humano del reino lindante a su bosque de criaturas encantadas. El afecto mutuo crece hasta convertirse en un romance que podría acercar ambos mundos, pero la codicia humana arruina todo. Ya adultos, Maléfica, convertida en protectora de su gente, es traicionada por su amigo a cambio de una corona. Para cuando llegamos a la parte de la maldición sobre la inocente princesa Aurora, podemos entender a esa fuerza destructiva y vengadora en que se ha convertido la protagonista.

El problema es que Disney es Disney y aparentemente en su paleta de colores no existen los grises. No alcanzaba con darle una motivación a las acciones de Maléfica. Ni siquiera era suficiente una redención final. Tenían que limitar su espléndida maldad a un par de escenas y luego dejarla deslizarse en una blanda bondad arrepentida y en ese proceso de beatificación, arruinaron toda la diversión. Tampoco se privan de aprovechar esta oportunidad para desarrollar su nueva línea ideológica, donde el amor verdadero no es el romántico –parece que ni las niñas de siete años se tragan ya eso de que un desconocido puede salvarte la vida- sino el filial. Algo que sería interesante, si no fuera porque acabamos de verlo en Frozen y también en Once Upon The Time, serie que ¡adivinaron! es producida por Disney también.  

Pese a todo, Jolie se las arregla para convertir cada una de sus tomas en algo magnífico. Con el resto de los personajes apenas bocetados (ni vamos a nombrar al príncipe, pero ese Diaval pintaba muy bien), todo el peso de la débil trama recae en sus hombros. Es su presencia magnética y su actuación llena de matices, combinada con unos efectos especiales excelentes y un bello diseño artístico lo que evita el completo desastre, entregando, al menos, una película pasatista y apta para el público familiar. Una lástima que su trabajo también remarque lo interesante que podría haber sido una versión más jugada. 

×