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Entrevistas

Clásico y moderno

Dueño de una voz inconfundible y de una enorme presencia escénica, encontró el tono exacto para hablar de sus amigos, su familia, la política, los riesgos de su carrera, su nuevo disco.

Por Walter Lezcano
Fotos: Gentileza Sony Music

Gabriel Julio Fernández Capello apoya los pies sobre la mesa, se pone cómodo y algo casi imperceptible sucede: ya no parece Vicentico, uno de esos artistas que llenan estadios y además uno de los cantantes más reconocidos y exitosos del continente tanto por su carrera solista como por ser el front man de Los Fabulosos Cadillacs. Apoya los pies sobre la mesa y parece, sencillamente, un hombre en paz. Y debe ser esa tranquilidad la que lo llevó a encarar una revisión de su catálogo en solitario.

Último acto es un trabajo en el que Vicentico busca formas nuevas para hacer que sus canciones vuelvan a brillar con una fuerza renovada. Una suerte de greawww hits, pero intervenido, modificado y que amplían las posibilidades sonoras de estos temas ya conocidos por casi todos: Sólo un momento, Algo contigo, Culpable, No te apartes de mí y Los caminos de la vida, por nombrar algunas de las dieciséis canciones que integran el disco.

Para lograr esto, para conseguir que su sexto disco suene como si fuera algo completamente nuevo, Vicentico y Cachorro López, su habitual productor, se embarcaron en una producción costosa para estos tiempos de desinversión en la industria musical. Viajaron a estudios de Kingston, Nashville, New York y Los Ángeles para incentivar la creatividad y, de paso, contar con la ayuda de algunos monstruos, como el legendario Willie Nelson, Intocable, Sly & Robbie y Our Latin Thing. El resultado es impecable.  

-¿Qué significó para vos hacer una relectura de tu trabajo?
-Fue lindo a pesar de no haber sido una idea mía. Personalmente no lo sentí como que estaba mirando demasiado lejos. No tengo una carrera solista tan larga como para tener que ir muy atrás. Estamos hablando de los últimos ocho o nueve años. Y encima muchas de las canciones que están en el disco ya las venía tocando en vivo. Con lo cual no lo vi así. Fue más un trabajo actual de volver a grabar algunas canciones y divertirnos haciéndolo. En algunas canciones el trabajo fue más profundo y raro porque viajamos mucho. Pero otras canciones, las que grabamos acá, fueron una especie de diversión musical que me encanta y a la que estoy acostumbrado porque en general es lo que hago todo el tiempo. Mis días respecto a mi trabajo transcurren así: tocando o grabando o ensayando. Y todo eso me encanta hacer, me divierte mucho.

-¿Entonces no te pasó nada?
-Bueno, tampoco nada. Fue un lindo trabajo, por momentos muy profundo y muy inspirador. Fue más vivir el momento que pensar en cosas antiguas. Para mí en un momento se transformó en hacer un disco completamente nuevo por más que las canciones estuvieran compuestas desde hace tiempo. Y lo viví así. De hecho es un disco nuevo por más que tenga canciones viejas. Hubo mucha gente nueva, muchos músicos que no conocía y nos fuimos descubriendo ahí, todo el tiempo era como vivir experiencias nuevas.   

-Tu productor de siempre es Cachorro López. ¿Dónde pusieron el foco para darle vida nueva a estas canciones?   
-La verdad que fluyó mucho el trabajo. Por mi personalidad en particular, y la de Cachorro también, en muchas ocasiones nos tiramos a la pileta. En casi todas las canciones te diría.

-¿Con Willie Nelson también?
-No, en ese caso puntual, lo trabajamos distinto. Ahí no nos daba para ir e improvisar porque teníamos que recibirlo con la canción preparada, esa canción sí fue laburada con tiempo. Lo demás fue bastante en el momento. Sobre todo porque también sabíamos con qué músicos íbamos a trabajar y que nos iba a resultar fácil hacerlo. Iba a funcionar. Y si no funcionaba siempre nos quedaba de última volver a grabar acá con otra gente. Pero en todos los casos funcionó al ciento por ciento. En la canción con Willie (Sólo un momento) nos estábamos mandando versiones con él para que se sintiera cómodo y seguro de que nosotros no estábamos locos y que íbamos a laburar bien. Porque él no nos conocía y entiendo que para él era importante asegurarse de que yo no era un asesino serial (risas). Aparte Willie no es una persona que me va a googlear. No creo que sepa que existe Google.

-¿Y con Sly & Robbie?
-Ahí la llevamos un poco armada. Caímos a Jamaica con una maqueta de la canción para que Sly & Robbie supiera de qué se trataba y no pasarle la canción en el momento. Y en realidad la trabajamos de cero. Simplemente la escucharon un par de veces ahí en el estudio de grabación para aprenderla. Los demás temas los armamos en los estudios y con los músicos, es la forma más natural que tengo de laburar.

-Hay muchos duetos en este disco. ¿Cómo te posicionás vos, que tenés tu camino armado, al lado de artistas de ese calibre?        
-Depende el calibre del artista. Por supuesto que con Willie Nelson el respeto es muy grande y el cariño también por lo que hizo y lo que conozco de él. Yo soy un admirador suyo desde siempre. Y lo que me produce es emoción, admiración, respeto y básicamente te sentás a aprender, a escuchar y a dejarte llevar por la música. Y Willie justo es un tipo muy del palo. Entonces es muy fácil con un tipo así por más que tenga 85 años. En un punto es un par. En otro punto yo no puedo verlo nunca como un par porque es un maestro. Pero él no piensa así. Es una persona que llega, saluda y dice: “Vamos a grabar, ojalá que salga bien”. A mí se me salía la cadena. Lo veía y le quería tirar de las trencitas (risas).

-¿No estabas nervioso?
-No, nervioso no estaba. Lo que aprendí con el tiempo es que las cosas si están bien armadas desde adentro, salen bien. No tienen por qué salir mal ni pasar nada raro. Al toque nos dimos cuenta de que salía bien con Nelson. Todo ese día con Willie fue precioso en todos los sentidos. Desde el clima en la calle hasta el estudio, la situación de estar ahí, todo funcionó. Después con otros músicos que participaron la relación es más de hermandad y entendimiento total. Entre los músicos lo que pasa, salvo que el tipo esté medio chapa, te entendés en seguida. Y en seguida surge el respeto por el otro y trabajás muy cómodo. Con Intocable, por ejemplo, no nos conocíamos personalmente pero conocíamos nuestra música. Así que encontrarnos fue un placer. Mixturar y mezclar los estilos fue muy agradable. Es lindo saber que en un lugar tan lejos de tu hogar o de donde vivís hay otro músico que entiende que el código es la música. Y enseguida hay comprensión absoluta. Y si no está bien no pasa nada. Estamos hablando de canciones. No se trata de cosas demasiado importantes.

En busca de la voz
Si hay algo que Vicentico ha logrado imponer en el rock nacional es la voz. La voz de Vicentico tiene una personalidad innegable. Su timbre vocal es reconocido de forma instantánea, y eso le da una impronta inconfundible a sus temas o a sus inesperadas versiones. Y en Último acto su oficio, destreza y maestría a la hora de cantar alcanza momentos cautivantes. Luego de cinco disco solistas, Vicentico, Los rayos, Los pájaros, Sólo un momento y 5, sigue demostrando que aquello que lo define en una canción es un modo de exponer las cuerdas vocales como uno de sus mayores tesoros.     

-Tu voz, se nota en este disco, está pasando por un gran momento. ¿Cuándo encontraste tu personalidad para cantar?
-No sé si diría que estoy en un gran momento. Siento que tengo un piso relativamente sólido para cantar. Hay cosas que aprendí con los años. Que me costó mucho trabajo aprenderlas porque yo vengo de la escuela que es no tener escuela (risas). Entonces las cosas que uno aprende a veces no son demasiado metódicas y a veces no tenés noción de si lo aprendiste o no lo aprendiste o si fue suerte eso que pasó. Entonces el tiempo de aprendizaje es mucho más largo. Ahora sé que tengo un piso desde donde seguir aprendiendo. Vos decís: “Se hace el humilde”. Pero no es cuestión de humildad, es real que en muchos de los trabajos de verdad aprendés una cosa nueva, en cada concierto algo nuevo que aparece y que se guarda. Lo que sí, y eso es una virtud en las personas, hay que estar atento para aprender.

-Siempre hablás de la grabación de El León con los Fabulosos Cadillacs como un momento de quiebre en tu forma de cantar. ¿Qué fue lo que pasó ahí?
-Ese viaje nos marcó a todos. En el sentido de que nosotros por primera vez, después de unos cuantos años de estar tocando, de haber pegado y caer y volver a pegar, hicimos un viaje para grabar. Y nos encontramos en un lugar donde se graba mucha música. Y ahí nos dimos cuenta de que estábamos a la altura. Llegamos con lo que sabíamos y a todo el mundo le pareció copado. Y nos ayudaron a sacar lo mejor de todo.

-¿Y a vos en lo personal cómo te marcó?
-Sentí que a las personas con las que estábamos trabajando les importaba si las cosas estaban bien o mal cantadas. Y qué era bien cantado y mal cantado. O cuánto del espíritu del cantante se nota en una toma o dónde colocar la tonalidad de la canción para que la voz funcione. Cosas que nosotros no le dábamos pelota. Componíamos en una tonalidad porque salía fácil y ahí la dejaba. Se la mostraba a los chicos y así la cantaba. Y a lo mejor si corría un poco la tonalidad mi voz sonaba mucho mejor. Todos los cantantes tenemos un rango donde la voz explota más. Lo mismo para que la canción brille. Y eso lo aprendimos ahí, en la grabación de El León. Yo, por lo menos, lo aprendí ahí. Creo que todos aprendimos algo. Y en ese sentido, a partir de ahí cambió mi relación con el laburo. Entendí que para que una canción brille donde tiene que brillar hay que trabajar.

-¿Hasta ese momento no trabajabas?
-Hasta ese momento mi método para componer una canción era muy torpe. Ahora me fijo mucho en esas cosas y trabajo mucho. Y es un placer hacerlo. Es parte del trabajo encontrar el hueco para que la cosa funcione en su máxima expresión. No sé si se logra pero la intención ya sólo de pensar que la canción tiene que llegar a su punto cúlmine en su creación es una buena intención. Eso ya pone la canción en otro lado.

Niñez y épica
Hijo de titiriteros, nacido y criado en Parque Chacabuco, ocasional conductor de tv, actor inconstante con tres películas en su haber y cantante de Los Fabulosos Cadillacs, Vicentico ha transitado un largo camino hasta este momento de cierta estabilidad y plenitud artística. Ya son más de treinta años arriba de los escenarios. Y todo este presente arrancó a partir de un deseo que Gabriel tuvo de chico -siglos antes de convertirse en Vicentico-, mientras jugaba, tocaba la guitarra o el piano o componía canciones. Más o menos lo que hace ahora para ganarse la vida y sostener a su familia.   

-Dijiste que de chico querías dedicarte a la música. Cuándo lo concretaste, ¿fue como lo esperabas?
-En realidad no tenía idea de cómo iban a ser las cosas. La idea de que yo quería dedicarme a la música surgió un día, sólo eso. Y fue la idea de ese día, no un karma de mi niñez. No era que lo pensaba todo el tiempo, no me torturaba con un mandato. Un día pensé eso de dedicarme a la música y no lo pensé más. Pensé que la música era una opción: me gustaba cantar, tocaba el piano, la guitarra. La otra opción era ser maestro de escuela. Cuando terminé la escuela hice el magisterio. Y de repente empezamos a tocar y todo lo demás quedó a un lado.

-Los primeros shows de los Fabulosos Cadillacs fueron en el 82. ¿Cómo fue para vos crecer en dictadura?
-Vengo de una familia de izquierda militante y muy setentosa. Con lo cual la dictadura estaba muy presente. Se sabía todo. De chico, muchas veces me tuve que ir de mi casa a otras casas porque había quilombo. Todos mis hermanos se fueron del país. Mis primos desaparecían. Conozco la historia. Se sabía lo que pasaba. Igual yo era chico y todo eso era un cuento épico. Vivía todo eso con cierta sensación épica y admiración por alguna gente. Yo jugaba a eso, a que era el Che o Santucho, por decirte algo. Después me hice más grande y la mirada romántica sobre eso se perdió un poco.

-¿Y qué llegó cuando se fue la mirada romántica?
-Con el tiempo está bueno saber, dividir, no mezclar ni meter todo en una misma bolsa. No es lo mismo esta guerrilla que aquella guerrilla. Esa es la torpeza a la que nos sometimos nosotros en este último tiempo. No blanquear y no saber bien de dónde viene cada cosa. Y eso es confuso y esa confusión a mí no me va. Ese es mi pensamiento y hasta acá llego con lo que hablo. Porque es una cuestión personal el saber. No solamente te hablo de la política si no de mis cosas personales, de mi propia historia.

La vida, instrucciones de uso
A Vicentico le gusta deslizar ciertas ideas sobre el modo que tiene un lugar, un país o una ciudad, de hacer la vida mejor o peor a sus ciudadanos. Digámoslo de otro modo: le gusta hablar de política. No siempre, pero a veces le da por ese lado. Con una salvedad: evita los dogmas para acercarse  a las ideas concretas.

-Siempre tratás de correrte del partidismo.                              
-Lo que pasa es que justo hoy decir “no creo en la izquierda o la derecha” es un discurso que lo puede decir Macri. Yo lo que creo, para ir más allá, es que la política como funciona ahora no es el camino. Igual, tampoco tengo la posta de nada ni sé lo que estoy diciendo. A mí me pasa hace tiempo que mi camino va por otro lado. Yo descubrí que en la autodeterminación está mi camino. Yo me voy llevando a mí mismo y a los que tengo cerca también. No es que yo los lleve sino que con los que tengo cerca vamos avanzando y cruzando la vida por propia determinación. Si yo tuviera que transmitir algo y alguien me pregunta le digo que prefiero ir por acá. No creo que si voto a tal o cual mi vida va a cambiar. A mí la vida me va a cambiar solamente si yo quiero.

-¿Qué es “ir por acá”?
-Yo sé cómo quiero que sea el mundo que tengo cerca. Por lo pronto, sé que nunca voy a pelear una batalla que no me sea propia. No me voy a subir a un tren por los indios de no sé dónde porque están sufriendo. Sí, lo entiendo perfecto y esa pelea yo la respeto. Pero acá tengo a la vuelta de mi casa uno que la está pasando mal. Ese que tengo cerca si puedo lo traigo para acá y lo ayudo. Yo puedo pelear por la pequeñísima comunidad que tengo cerca porque es efectivo. Me percibo más peleando acá, con los cercanos. Eso es ir por acá.

-¿El éxito comercial condiciona al músico a la hora de ponerse en riesgo artístico?
-El éxito no es un tema a debatir porque no existe como tal. No te puedo conwwwar sobre eso porque es un malentendido. Yo soy bastante salame pero no tanto como para hablar del éxito. Y en cuanto a los desafíos y los riesgos puedo verlo de los dos lados: tomo todos los riegos posibles y por haber. Todo el tiempo. Y a la vez no tomo ninguno. Porque no existe el riesgo. ¿Cuál sería? De todos modos, sentarme en un escenario sin saber nada es un riesgo. No sé cómo lo verá otra persona. Yo a esa persona lo invito a estar en un estadio y cantar y tratar de que durante dos horas la gente esté prendida a eso. Eso puedo ser un riesgo o una boludez, no me lo planteo ni me lo quiero plantear así tampoco. Hay veces que tomo muchos riesgos sin darme cuento que los estoy tomando y hay veces que me doy cuenta de que estoy tomando demasiados riesgos e igual los tomo. Igual siempre todo es un riesgo.                                

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