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Cine y Series

Chicas al poder

Una ola de shows protagonizados por mujeres inunda la tv, con Girls, el nuevo éxito de HBO, en la cresta de la ola.

Por Sandra Martínez

En la segunda escena del piloto de Girls, dos de las chicas se encuentran
frente a un póster de Sex & The City. Shoshanna, la pacata, lo señala como si se tratara de una imagen religiosa, a lo Jessa, la diva, responde con un cortés y poco interesado “no vi la película”. “¿Solo la serie?” sonríe cómplice la otra. “¿Hay una serie también?” cierra con acidez el breve diálogo que cumple muchas funciones: reconocer abiertamente que las protagonistas de Girls son las herederas televisivas de Carrie y compañía, pero que aquellas chicas neoyorkinas que supieron marcar tendencia ya quedaron un poco fuera de onda.

Un poco más adelante, Hanna, la protagonista, trata de convencer a sus padres de que sigan financiándola por un tiempo más y asegura que su libro de ensayos puede ser la voz de su generación. “O al menos una voz… de una generación”, se corrige, un poco más dubitativa, y en esas líneas vuelve a definir la serie por lo que es: una historia con la que muchas personas podrán sentirse identificadas… o no. Sus cuerpos son imperfectos, sus relaciones afectivas y sexuales, frustrantes. Se someten a situaciones laborales humillantes, sin pensarlo demasiado, y desdramatizan temas heavy como el aborto. Se burlan de los libros de autoayuda pero al mismo tiempo reconocen haberlos leído y hasta deslizan por lo bajo que contienen “alguna perla de sabiduría”. Las chicas de Girls están muy lejos del despliegue de zapatos y la charla género-reafirmante y cuando el topping glamoroso del cupcake se cae, el muffin más realista que queda abajo ya no resulta tan fácil de tragar, pero se vuelve más interesante.

Por eso el programa escrito, dirigido y protagonizado por Lena Dunham conquistó un público variado, que incluye seguidores masculinos y se llevó nominaciones en todas las categorías principales para los EMI 2012, devolviendo a HBO a la escena de las comedias. Y se colocó, además, en la cresta de la ola de las “series de mujeres”, un subgénero que viene creciendo en los últimos años y que promete novedades para los próximos meses.

Las reinas han muerto
Series sobre mujeres hubo siempre, pero sin dudas Sex & The City marcó un antes y un después. En sus seis temporadas, las cuatro amigas se convirtieron en arquetipos con los que la mayoría de las treintañeras se identificaron en menor o mayor medida, y en el camino pusieron de moda marcas, tragos y restaurantes. Una lástima que no hayan sabido retirarse a tiempo y aunque es sabido que las actrices prácticamente se odian entre sí, ya regresaron dos veces para llevar a la pantalla grande los últimos estertores de aquella amistad. Mantener el glamour y el aspecto juvenil de Sarah Jessica Parker y sus compañeras ya empieza a requerir tantos efectos especiales como Avatar, y son sólo regresos sin gloria que, pese a todo, todavía se las arreglan para arrastrar hasta el cine a las fans nostálgicas, Y ahora incluso se van a complementar con una precuela destinada, aparentemente, a captar el público femenino más joven -la generación de la que Girls asegura que puede ser, o no, la voz – además de a los amantes del retro ochentoso: The Carrie Diaries cuenta los años de preparatoria de Carrie Bradshaw y sus primeros años en New York.

No es que mientras las reinas originales de la chick-tv siguen exprimiendo sin piedad sus mejores épocas no se hayan presentando aspirantes al trono. Pero a las wanna-bes más cercanas al modelo original no les fue bien. Cashmere Mafia contaba en su reparto con nombres conocidos como Lucy Liu, Frances O´Connor y Miranda Otto y Lipstick Jungle apostaba a la adaptación de un libro de Candence Bushnell, la autora de los libros en que se basó Sex and The City. Las dos salieron a principios de 2008 y en eran una mezcla de drama y comedia que seguía la vida de un grupo de mujeres que encontraba en la amistad un refugio para sus ajetreadas vidas profesionales. La cantidad de stilettos, paisajes de rascacielos y modelitos impecables mostrados en los afiches de promoción fueron inversamente proporcionales al éxito de las tiras: ninguna pasó de la primera temporada.

No tan cercanas, pero explotando algunos de sus temas principales, otros programas si lograron tomar vuelo y mantenerse en el aire. Gossip Girl, apuntada a un público adolescente, sigue las turbulentas y glamorosas vidas de dos Queen Bees del Manhattan’s Upper East Side, con una narradora anónima – la “reina del chisme” que da título a la serie – que está misteriosamente enterada de todos los secretillos y trapitos sucios de las dos amigas/enemigas y su corte de seguidores y los detalla en su blog. Ya en su sexta temporada, las principales conexiones con Sex & The City son los papeles protagónicos de la ciudad de New York y la moda, con las marcas peleando entre si para vestir a los personajes y creando líneas inspiradas en las protagonistas.

En la misma línea de historias de chicas bien, Pretty Little Liars comienza con cierto dejo Twin Peaks, con la estudiante más popular del colegio desaparece una noche para aparecer un año más tarde enterrada en el jardín de su casa. El problema es que sus cuatro mejores amigas, que ya habían logrado rehacer sus vidas, empiezan a recibir mensajes anónimos donde se revela que alguien sabe sus más oscuros secretos, esos de los que solo su amiga muerta estaba enterada. Claro que el desarrollo de la historia está más cerca de Sé lo que hicieron el verano pasado, que de Lynch, pero eso no le impide haberse convertido en el guilty pleasure de muchos, y los secretitos de las chicas ya van por la tercera temporada.

Desperate Housewifes, por su parte, tuvo su propio boom. Sus protagonistas no eran solteras libres en busca de realización personal y éxito profesional, sino amas de casa bien establecidas en el típico suburbio de ensueño. Pero, como en The Steapford Wifes, esas familias perfectas que la sociedad norteamericana insiste con mantener desde los años cuarenta, prueban ser fachadas que apenas logran esconder los dramas, miserias y crímenes que ocurren puertas adentro. Con ocho temporadas exitosas, se pueden contar como spin-off de esta serie los reality shows que muestran a las “amas de casa desesperadas reales” y el término ya es de uso común en la cultura popular.

Ellas saben reir
Más allá de las series centradas en grupos de amigas, es notoria la cantidad de estrenos de comedias protagonizadas por jóvenes actrices que surgieron en los últimos años. Zooey Deschanel – esa morocha con flequillo y enormes ojos azules a los que algunos adoran y otros acusan de actuar siempre de ella misma – es la chica del momento con The New Girl, donde descubre que su novio la engaña y, en busca de un lugar para vivir, aterriza en el departamento de tres amigos para revolucionarlos con su estilo espontáneo y algo extravagante. En 2 Broke Girls dos camareras de origen muy diferente se hacen amigas y van tras el sueño del negocio propio, aunque apenas pueden mantenerse con los sueldos que ganan.
La más interesante, sin embargo, es Awkward, que tiene mucho del estilo “bellos perdedores” que se está imponiendo en todos los géneros últimamente. Realizada por MTV, apunta claramente al público del canal con una comedia de high school ligera y entretenida, heredera tanto de Daria como de Clueless, con todos los clichés esperables pero bien empleados, y mayormente sostenida por la actuación de Ashley Rickards, como Jenna, una adolescente totalmente invisible en su colegio hasta que un accidente doméstico confundido con un intento de suicidio la vuelve equívocamente popular. Igual que ocurre en la película Easy A, Jenna va a disfrutar y sufrir por igual la nueva atención que está recibiendo.

Por último está Apartment 23, originalmente titutalada Don´t Trust The Bitch (no confíes en la perra, básicamente), con Krysten Ritter – conocida por su papel de pin up girl yonkie de Breaking Bad – como una estafadora que encuentra en su supuestamente inocente nueva room-mate un hueso sorprendentemente duro de roer y finalmente entablan una amistad pese a sus diferencias. Con una primera temporada de solo siete capítulo, habrá que esperar a ver más para decidir si el duo alcanza su potencial o finalmente se queda en la nada.

No es un dato menor que Judd Apatow haya puesto su sello de calidad sobre la nueva serie Girls y que la haya defendido galantemente contra las acusaciones de poco representativa y realista. Es que las chicas están saliendo del closet de género y demostrando que así como las series protagonizadas por hombres no las ven solo los hombres, cualquiera puede encontrarse reflejado en una escritora gordita de 23 años.

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