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Cine y Series

Cerca de la revolución

Con Orange Is The New Black, Netflix sigue en su camino para posicionarse en el centro de un cambio de paradigma televisivo.

Por Sandra Martínez

El problema de Netflix en nuestro país -y también a nivel mundial- siempre fue la competencia desleal: páginas como Cuevana ofrecían en forma gratuita los últimos estrenos de cine y los capítulos de las series emitidos la noche anterior, mientras que el servicio de streaming legal quedaba bastante desfasado en el tiempo. Pero en el último año la estrategia de la empresa cambió. Para empezar realizaron nuevos acuerdos con canales y distribuidoras cinematográficas para lograr un contenido más actualizado, con más temporadas y películas del último año. Pero el gran paso lo dieron cuando comenzaron a producir sus propios contenidos.

En febrero de este año debutaron con House of Cards, un drama político protagonizado por Kevin Spacey, con la producción y dirección de David Fincher. Pero además de la cuidada calidad del producto en todos sus aspectos artísticos, impusieron una jugada maestra en cuanto a la distribución. En lugar de replicar el clásico esquema televisivo de un capítulo por semana, pusieron a disposición de sus suscriptores los 13 capítulos de la primera temporada el mismo día de su lanzamiento. “Dale a la gente lo que quiere, cuando lo quiere y de la forma que lo quiere a un precio razonable, y va a comprarlo en lugar de robarlo” resume en pocas palabras el propio Spacey. Por eso, Netflix se está volviendo un servicio cada vez más tentador. El cambio que presupone esta nueva modalidad podría finalmente ganarle la pulseada a la piratería, estableciendo un nuevo hito para toda la industria cultural, que sigue a los tumbos cuando se trata de encontrar una solución para las descargas ilegales.

El éxito de House of Cards fue rotundo: por primera vez en su historia, Netflix logró superar en cantidad de suscriptores a las cadenas premium de cable. En seguida sumaron nuevos shows de factoría propia destinados a cubrir diferentes targets, la sobrenatural Hemlock Grove y la cuarta temporada de la serie de culto Arrested Development. Con Organge Is The New Black le llegó el turno a la comedia dramática.

Mi vida tras las rejas

Orange Is The New Black cuenta la historia de Piper Chapman, una neoyorkina algo hipster que vive una vida normal junto a su novio hasta que un día el pasado la reclama. Es que diez años atrás la correctísima rubia tuvo un romance con una sexy narcotraficante, a la que una vez ¡una sola vez! hizo el favor de transportarle una valija de dinero sucio. Piper dejó muy atrás esa etapa de exploración juvenil y es una ciudadana respetable. Pero la red de su ex novia cae, alguien menciona su nombre y ahí la tenemos en el primer capítulo de la serie, entregándose voluntariamente para evitar un juicio que podría depararle una condena mucho más larga.

La mente creativa detrás de esta adaptación de un caso real es Jenji Kohan, creadora de Weeds, la serie en la que una ama de casa de los suburbios se convierte en dealer de marihuana. En el rol de protagónico se luce Taylor Schilling con la necesaria mezcla de susto, gracia y fuerza que requiere el personaje. Acompañando a Piper nos sumergimos en el particular mundo de una prisión femenina de mínima seguridad, con sus reglas oficiales y no oficiales: el abuso de poder de los guardias, la deshumanización del sistema y esa colorida comunidad de mujeres con las que tendrá que aprender a convivir y de las que la naif reclusa terminará aprendiendo mucho más que estrategias de supervivencia. También encontramos a Laura Prepon, la Donna de That ’70s Show, luciendo una melena morocha que le sienta de maravillas y su sensual voz cascada para encarnar a Alex, la ex novia de Piper, que cumple condena en el mismo penal complicando la situación. A ella se suma un increíble elenco de mujeres de diferentes razas, edades y religiones componiendo una comunidad -involuntaria- donde a los problemas individuales se suma el tener que lidiar con las demás reclusas.

Orange Is The New BlackLas prisiones internas

En la gira de presentación de la serie que pasó por San Pablo, Bacanal conversó con dos de los co-protagonistas de la serie, Jason Biggs y Danielle Brooks. A Biggs se lo recuerda por su papel de Jim en la franquicia American Pie. Sí, sí, el de la tarta de manzana. Aquí interpreta a Larry, el novio de Piper y su vínculo con el mundo exterior. La relación se vuelve tan complicada como puede imaginarse: “Larry también está atrapado en una especie de prisión metafórica” reflexiona el actor. “Me gusta que el personaje tenga que tomar determinadas decisiones y creo que le está permitido volverse un poco egoísta porque está tratando de sobrevivir afuera mientras Piper tiene que encontrar la forma de sobrevivir adentro.”

Brooks, por su parte, interpreta a una de las reclusas, Taystee. Sobre ella recaen gran parte de los gags humorísticos, pero también una trama personal que apunta a reflexionar sobre la salida del encierro y posterior proceso de reinserción. “Algo que me gusta mucho del show es que muestra a estas mujeres más allá de los estereotipos. Y la realidad es que muchas entran y salen constantemente de la cárcel. En el caso de mi personaje, necesita este tipo de disciplina, o al menos eso cree. Dentro de la prisión se siente en una posición de comodidad y de poder y cree que es el mejor lugar para ella. Por lo tanto está lidiando con su prisión interna”.

El tema de la prisión como un estado psicológico está muy presente en la trama. La propia Piper sabe que la mayor fuente de angustia no es el encierro físico, el temor a los guardias o la convivencia con otras convictas, sino encontrarse socialmente desnuda y descubrir que, quizás, no era tan buena chica como ella misma pensaba. A eso se suma una nueva valoración de sus compañeras: un solo momento no debería definir toda una vida y en su aprendizaje llega a la conclusión de que eso es tan válido para ella como para las otras mujeres que la rodean.

Parte de la belleza de esta serie es el balance, que Jenji (Kohan) logra de una forma única, el balance entre el mundo de la cárcel y el exterior y también entre entre el drama y el humor en cada personaje, que es una forma de lidiar con lo que está pasando” dice Biggs. Para el actor, con buena experiencia en la parte humorística, este proyecto representa un desafío especial. “Los comediantes somos bastante particulares. Cuando hago escenas donde estoy totalmente expuesto, como por ejemplo mostrando mi pene, me siento a salvo, como si en verdad estuviera protegido, porque no soy yo. ¿Quieren saber cuándo me sentí incómodo? En la escena en la que Larry tiene que dejar a Piper en la prisión, que fue la primera que grabé. Mi primer día y estaba cagado de miedo pensando: ‘Acá tengo que estar serio ¿tengo que llorar?No voy a poder llorar ni en pedo’. Este show me sacó de mi zona de comodidad y me encanta por eso”.

La nueva televisión

Actores y realizadores se muestran encantados con el nuevo rol de Netflix en la producción de contenidos, porque el cambio de enfoque no solo alteró la distribución. Están siendo muy cuidadosos con los shows que producen, en lugar de tirar un montón de cosas a la pared y ver qué es lo que queda”, se entusiasma Biggs. “Son selectivos y confían en escritores, realizadores y directores que pueden enfocarse en crear shows geniales que quizás no funcionarían en un canal tradicional. Y ese es un lujo que en otros lugares no se puede dar.” Danielle Brooks, que está disfrutando de un exitoso debut televisivo, agrega: “Para los actores y realizadores, es un gran alivio no tener la presión de pensar constantemente en los números del rating. Tener confirmada una segunda temporada apenas se presentó la primera nos permite hacer nuestro trabajo con comodidad y confianza”. Para los televidentes, esto también representa un cambio favorable:“No solo es bueno para nosotros laboralmente, también lo es para el público. Porque uno se puede compenetrar con la historia y los personajes sin preocuparse por saber si el programa se va a cancelar sin aviso”.

Sin dudas, las bases para una nueva televisión están dadas. Desde los contenidos, hace tiempo que las productoras atraen a importantes realizadores del ámbito cinematográfico, que entienden que las series son un campo fértil para desarrollar personajes y situaciones con tiempos imposibles en el mundo del cine. En el caso de Netflix, a la buena recepción del público para sus producciones se suma el reconocimiento de la industria, como las nominaciones para los premios Emmy que House of Cards recibió en las más importantes categorías, cuando es la primera vez que tienen en cuenta una serie creada para ser emitida a través de internet.

DerekSin dormirse en los laureles, ya preparan este mes un nuevo estreno, Derek, una comedia de siete capítulos de media hora, donde Ricky Gervais interpreta a un hombre que trabaja con gran cariño en un hogar de ancianos. En diciembre se viene la serie animada para chicos Turbo: F.A.S.T. y luego las nuevas temporadas de sus series de este año. Además, están evaluando el rescate de algún otro título de culto, como ya lo hicieron con Arrested Development, generando mucho debate en la web sobre qué títulos merecerían ser revividos, aunque los ejecutivos de la empresa ya aclararon que las circunstancias deberán ser muy particulares. Si las distribuidoras de cine y las productoras televisivas entienden el cambio de paradigma -básicamente que el sistema Netflix no compite con el DVD y el Blue Ray, formatos que hoy por hoy solo atraen a los coleccionistas, sino con las descargas ilegales- es muy posible que la web se convierta, por fin, en el escenario de la necesaria revolución catódica.

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¿Querés saber más sobre Orange Is The New Black? Leé nuestra entrevista con Piper Kerman, la mujer en cuya historia real se inspiró esta serie, haciendo click aquí.

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