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Zoom Restós

Casi Esquina Biarritz

Cocina de estación en un marco hogareño y un lindo y silencioso patio para disfrutar las noches estivales.

Por Cecilia Boullosa

¿Cuántas veces uno fantaseó con pedir una licencia en su trabajo y probar otro de los tantos oficios terrestres? ¿Pasar de experimentado a aprendiz, y animarse a cambiar el rumbo? Ciertas personas dejan que esas ensoñaciones les taladren la conciencia durante años y otras personas (también ciertas) un día se animan a decir: ¿por qué no? Pablo Fridman puede alistarse entre estos últimos. En abril de este año hizo un paréntesis en su trabajo como productor de exteriores de Telefe -fue parte del equipo de Graduados, viajó por todo el mundo con modelos para la sección Bellezas Internacionales de Sábado Bus– para convertir el living de su casa en Casi Esquina Biarritz. Y a él mismo en cocinero y anfitrión del restaurante, con la colaboración de Adrián Pellegrini. Un viejo pendiente desde que, en 2002, había obtenido su título en el Colegio Gato Dumas.

Cuestión de barrio

Hay controversia respecto al barrio donde está emplazado Casi Esquina Biarritz. Algunos lo llaman Paternal, otros Villa del Parque y unos más Villa Santa Rita. Un viernes a la noche, día en que lo visitamos, apenas circulan autos o personas. Como sea que se llame, es un barrio de casas bajas, veredas anchas y arboleda tupida. Luego de cruzar una puerta roja y atravesar un pasillo larguísimo recubierto por una enamorada del muro, llegamos a la casa: un PH reciclado, con una amplia cocina a la vista, bien surtida de especias, y un patio con huerta en el fondo. Son apenas cinco mesas.

Antes que un restaurante a puertas cerradas, Fridman prefiere definirlo a la cubana, como un paladar, esas casas de familia que reciben a cenar. Pellegrini y él se ocupan de todo: abrir la puerta, atender las mesas, cocinar, cambiar los discos del tocadiscos (soul y blues, Carla Thomas, Buddy Guy), fajinar la cristalería. El ambiente es de una calidez que solo puede tener una casa con un dueño muy atento a los detalles. Posters de películas que nos gustan, una vajilla para enamorarse -copas labradas, cubiertos pesados, platos ingleses- obtenida con paciencia en subastas, justa iluminación.

Cada cosa a su tiempo

El menú cambia una vez por mes y se rige por la lógica estacional: si hay limones, se cocina con limones; si hay espárragos, espárragos (rápido, antes que se acaben). O alcauciles o tomates. Y si pueden ser de la propia huerta, mejor. Lo primero que llega es la panera con pan casero, recién sacado del horno, un poco de palta pisada y un botellón de agua. El menú ($140) es un suspiro: dos opciones de entrada, dos de principales y dos postres, pero todo lo que sirven es sabroso, simple y fresco. Por ejemplo, una croqueta de merluza y papa con alioli o una polenta grillada con ragú de hongos y, entre los principales, cintas de remolacha con crema de langostinos o pollo kung pao con arroz blanco. Para terminar, dulce de cayote con camembert. Quien quiera pueda llevarse su vino (descorche $40), caso contrario dejarse tentar por las recomendaciones del anfitrión, todas en buen precio.

Requiere cierta valentía atreverse a cambiar de rubro. En este caso, esa valentía rinde muy buenos frutos.

DATOS UTILES

Reservas y menú: www.casiesquinabiarritz.com.
Precio: $140 (incluye agua, soda y limonada). Solo efectivo.
Abre miércoles y viernes por la noche, próximamente también sábados.

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