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Literatura

Cartas para lectores

Cinco tomos de correspondencia que constituyen la mejor biografía posible del autor de Rayuela.

 Por Javier Rombouts

Hay escritores que generan fans, no lectores. Aunque, en rigor, la mayoría de ellos generan fans más por sus personajes que por ellos mismos. Desde el Sherlock Holmes de Conan Doyle hasta el Harry Potter de Rowling, pasando por detectives emblemáticos como Marlowe (Raymond Chandler) y Pepe Carvalho (Vázquez Montalbán), todos coronados por el Bloomsday dedicado al personaje de la novela Ulises de James Joyce.

Lo difícil es que el escritor, por sí mismo, genere fanatismo. Julio Cortázar entra en ese pequeño universo de escritores con fans que lo idolatran y, también cómo no, una buena punta de detractores. Por eso, no es de extrañar que aún hoy -a 28 años de su muerte- se editen cinco (¡cinco!) libros de casi 600 páginas cada uno con su correspondencia (Alfaguara, 2012). Y esto después de que en el 2000 la misma editorial publicara la primera edición de sus cartas, mucho más acotada por cierto. Ahora, con el agregado de más de mil cartas nuevas, llega esta edición otra vez supervisada por Aurora Bernárdez (ex mujer de Cortázar y, si se quiere, albacea de su obra), en este caso en colaboración con Carles Alvarez Garrica.

Esta enorme cantidad de cartas tiene distintas lecturas: en principio, queda claro que Cortázar escribía más que tupido y tenía algo así como una compulsión por comunicarse. No estamos hablando de cartas de la extensión de mensajes de texto, precisamente. Son escritos largos, pensados, muy bien escritos pero sin la necesidad de mostrar al escritor sino al amigo, al confidente, al amante, al enamorado, al político. Incluso, en el primer tomo, hay muchas cartas de Cortázar antes de convertirse en Cortázar. Esto es: antes de la publicación de su primer libro.

En segundo lugar, la palabra carta o sus arrabales connotativos no sólo aparece reiteradamente en la obra de Cortázar sino que es fuerte como estructura para crear algunos de sus universos ficcionales. Los cuentos Carta a una señorita de París (Bestiario, 1951), Cartas de mamá (Las armas secretas, 1959), Telegramas (Historia de Cronopios y Famas, 1962), Botella al mar (Deshoras, 1982), entre otros, muestran cómo, sin llegar a convertirse en literatura epistolar, Cortázar tomó ese concepto de la narrativa francesa del siglo XIX. Incluso, su cuento La salud de los enfermos (Todos los fuegos, el fuego, 1966) está basado en la construcción de una realidad alternativa a partir de una serie de cartas. Pero, con estos cinco tomos, Cortázar demuestra que no sólo tomó esta herramienta para construir su ficción sino que la puso en práctica desde 1937 hasta 1984, el año de su muerte.

Por último -como esos anillos de Moebius tan cortazarianos- volvemos al comienzo, sus fans: fueron ellos fans-amigos-conocidos quienes guardaron con afecto por décadas estas cartas para lograr que hoy se reúnan en estos cinco tomos. Hay que tener en cuenta, como dice Bernárdez en el prólogo, que “Cortázar guardó muy pocas copias de las (cartas) que escribió (…) y , según parece, apenas ninguna de las recibidas”. Y como le supo decir el mismo Cortázar a Manuel Antín en una carta fechada el 23 de agosto de 1962: “Hay que conocer muy mal a los cronopios para imaginar que guardan cartas”.

Biografía

Bien puede que el diario de un escritor sea la mejor biografía posible. Ahí, seguramente, aparezcan las dudas, las marchas y contra marchas, los días buenos y los otros. Sin embargo, si ese diario fue escrito “como diario”, como algo que alguna vez será leído por otros, genera sospechas importantes. ¿No se estará ante la obra póstuma del escritor, esa que él estaba dispuesto a que se publicara una vez muerto?

Las cartas, en cambio, sobre todo las cartas de hace más de 70 años, difícilmente hayan sido escritas por Cortázar para que algún día se publicaran. Sería exagerado pensar que ese maestro de escuela que escribía desde la ciudad de Bolívar, en la provincia de Buenos Aires, estuviese escribiendo “para la posteridad”. Por eso, estas cartas son, como bien señala Carles Alvarez Garriga, “su biografía, la mejor escrita y documentada que cabe esperar, pero también el relato en primera persona de lo que le ocurrió en sus varios cautiverios geográficos, políticos y hasta sentimentales; su última novela inédita, que lo toma como protagonista”.

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