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Columnistas

Candy Crush

Tendencias, modas, tips extravagantes de última hora. Un argentino viviendo en la corte del Tío Sam desde los años 90.

Por Javier Andrade

Los que han podido viajar por Estados Unidos en los últimos tiempos habrán experimentado una de las tendencias más impopulares. La llaman “la gota”y la equiparan al viejo método de tortura china en que se dejaba caer una gota por horas para sacar de quicio a la víctima de turno. Las víctimas, en este caso, somos todos. El ente que se ocupa de detectar e impedir prácticas de negocios injustas, que afecten los intereses de la población, aquí llamado Federal Trade Comission, habla de “drip pricing”, de los precios a los que día a día se aumenta con injustificables impuestitos.

En los aviones, las aerolíneas no mejoran su servicio, pero lo cobran más: en los vuelos de cabotaje nadie recuerda que una vez se sirvieron comidas o alcohol sin cargo; sí se asume que se paga por la segunda valija; la novedad es que ahora también se cobra la primera (25 dólares); por asientos que permiten estirar las piernas un poco en la clase Turista, 40 dólares te aseguran “leg room”. Hay quienes con ironía apuntan que lo que viene es el impuesto al meo, porque “baños tan cómodos lo exigen”. Todo lo justifican los números rojos de una industria en crisis: en 2006 estos impuestitos generaban, según estiman en consultoras dedicadas a la industria aeronáutica, 2.300 millones de dólares; en 2012 el número final recaudado con estos sobreprecios se multiplicó por 10, y llegó a 27.000 millones de dólares. Con aviones más viejos, mil demoras y problemas técnicos cotidianos, recaudan 10 veces más.

Pero está todo calculado. Ante el estrés del viajero, inmanejable porque cada día los problemas giran y giran, y giran alrededor de la falta de dinero que deja sin esperanzas a la masa del mundo capitalista, hay quienes saben, justamente, capitalizar los nervios. El gurú de Madonna, Deepak Chopra, una de las caras de la medicina holística y promotores de la meditación, tiene la receta para su propia felicidad y te la vende. Ojo, te explica cómo hace él para no estresarse y está en vos decidir gastar dinero. Chopra a los 66 dice no tomar medicamentos y se ufana de nunca haber sido operado ni hospitalizado. Nunca se estresa, nada lo estresa. Pero claro, si levantarte a las 4 de la mañana para meditar durante dos horas y luego ir al gimnasio, no es lo tuyo, no es lo tuyo. Qué le vas a hacer. Por lo pronto, podés comprarle a Chopra una maquinita que tiene para vender, así como las actrices y cantantes te venden su perfume. Deepak ha sacado el Dream Weaver, una especie de lentes 3D con auriculares que te pones con los ojos cerrados para dejarte llevar por luces y sonidos que, por sólo 299 dólares, te permiten alcanzar un estado de conciencia que describen como beneficial, sin aclarar para quién.

Ojo, en esta industria Deepak no es el único piola. Combatir el estrés tiene sus tragos, sus sillas, sus masajes y sus auriculares noise-cancelling. Cada uno de estos productos generan entre 250 millones y 13 mil millones de dólares al año, a pesar de que todos sabemos que no se pueden comprar productos que te quiten el estrés del mismo modo en que no se puede comprar amor.

Lo que sí se puede comprar es azúcar. Celia Cruz debería recibir el crédito, y sus herederos, un porcentaje de las ganancias que genera el último subproducto del azúcar que iguala, para arriba o para abajo, a todos los países (porque esto debe pasar hasta abajo del turbante). La fiebre Candy Crush que tiene a todos convertidos en zombis, no tiene nacionalidad. Como los virus, se incubó en un país, en este caso Inglaterra, y desde que se lo puso a prueba en Facebook en abril de 2012, y desde que se lo comercializó en noviembre desde las tiendas Mac y Google, se desparramó a lo ancho de Middle America. Aquí tiene a todos como adictos a la espera de la próxima dosis. Es un invento casi perfecto. Una aplicación gratuita que, con el truco de pagar un dólar por “vidas” para pasar “niveles” y así no tener que esperar al próximo día para seguir jugando e intentar alcanzar el “nivel 395”. Con ese truco, se recauda una cifra estimada en 600 mil dólares al día. Porque aquí, y en Brasil, en el Congo y en Buenos Aires hay muchos de los 50 millones de usuarios de Candy Crush que prefieren esperar 24 horas y no pagar ese dolarito. Pero siempre hay gente que sí lo hace. Brillante. En algunas estaciones de subte de Buenos Aires hay carteles donde se ofrece el servicio, “paso niveles de Candy”. Deepaks Chopras locales que te sacan del apuro. Hay que ser genio para venderlo. Seguro que alguien compra. Esto es serio y todo wwwimonio es creíble. Va el de un chico de 30: “En mi primera cita, la forma de intimar fue ayudarla a pasar niveles de Candy; ojo, yo sé que estoy mal, que estamos mal, pero no pude evitarlo”.

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