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Cine y Series

Buena química

La temporada final de Breaking Bad es un momento especial para la televisión, no solo porque termina una de las mejores series de los últimos años, sino por la esperanza de un cierre perfecto.

Por Sandra Martínez

Ya pasamos por esto. El momento en el que una gran serie, esa que venimos siguiendo con devoción durante años, que esperamos semana a semana o que vimos en un maratón memorable, que nos tuvo en vilo durante los desérticos meses entre temporadas, que fue tema de discusión con amigos, familiares y compañeros de trabajo, esa gran serie llega a su final. Conocemos a los personajes, los queremos, los odiamos, nos preocupamos por ellos. Disfrutamos cada giro inesperado de la trama. Tuvimos la suerte de que el producto fuera lo suficientemente exitoso como para que la falta de rating no nos sorprendiera con un final abrupto.

Ya pasamos por esto, sentados en nuestro sillón preferido, esperando que esos últimos capítulos nos deleiten con un cierre perfecto. Y ya pasamos por el momento en el que la expectativa se convierte en decepción. Pero esta vez estamos casi seguros de que será distinto. Breaking Bad llega a la recta final como un corredor profesional, con aliento de sobra para cruzar la meta con elegancia. Quizá porque su creador, Vince Gillian, tuvo en claro desde el principio cual sería el recorrido a seguir -convertir a un anodino profesor de secundaria en Scarface-, y se mantuvo fiel a ese plan original sin que el enorme éxito de la serie lo tentara a estirar la historia. Fue esa completa transformación de su protagonista, Walter White, la que pegó con tanta fuerza en los espectadores, que ya no se sienten atraídos por la vieja estructura televisiva de los personajes que se mantienen inmutables durante años.

Guillian ya tenía en su curriculum otro éxito gigante, The X Files, donde escribió y produjo una gran cantidad de capítulos. Pero después de esa buena racha, el trabajo comenzó a escasear. Un día, hablando con Tom Schnauz, otro de los exguionistas de la serie de aliens y fenómenos paranormales, comentaron en broma que en vista a la falta de proyectos quizá deberían instalar un laboratorio de metanfetaminas en una casa rodante estacionada en el jardín de sus casas. Y de pronto ¡eureka!, la idea estaba planteada: ¿qué podría llevar a un ciudadano respetuoso de la ley a producir drogas? La desesperación.

La senda del villano

¿Hubiera sido lo mismo Breaking Bad sin la genial actuación de Bryan Cranston? Cuesta imaginarlo. Tal vez lo sabremos con el estreno de la versión latinoamericana de la serie que Sony Pictures Television, la misma productora de la original está preparando para el público de habla hispana. Diego Trujillo tendrá el papel de Walter Blanco (sí, así de literal parece que viene la adaptación), pero son difíciles de llenar los zapatos de Cranston, que con su talento fue capaz de reflejar todas las facetas y procesos de Walter White: desde el cansino profesor de química de espíritu quebrado por su insatisfacción interna, al nuevo e implacable señor de la droga del sudeste norteamericano que no duda en matar con sus propias manos.

Walter White transita el camino del villano, impulsado tanto por las circunstancias como por su ego, por su hambre de gloria, por ese sentimiento de que su vida podría haber sido más. Pero en el descenso a los infiernos, todavía sorprende a veces con destellos de compasión. Es el tipo que no duda en arriesgar su vida para salvar a Jesse Pinkman, su compañero en el crimen, de un tiroteo, o de buscarlo y rescatarlo de un aguantadero donde podría haberlo dejado morir de sobredosis y quedarse con su parte de las ganancias. Pero también es el tipo que no duda en manipular al mismo Jesse usando sus afectos.

No hay juicios posibles sobre los personajes de Breaking Bad. ¿Cómo juzgar a Walt en plena carrera criminal cuando nos cayó simpático al momento de emprenderla? Y Jesse, una interpretación magistral en manos de Aaron Paul, que se presentaba como otra pieza de white trash irrecuperable termina por convertirse en el compás moral de la historia. No porque esté exento de culpas. Jesse quiere plata, Jesse vende drogas, mata, es cómplice. Jesse, sobre todas las cosas, busca una aprobación paternal que no encontró en su familia, y en esa búsqueda inconsciente, se convierte sucesivamente en el mejor alumno de Walt, la mano derecha de Mike (el matón), el empleado estrella de Gus (el capo local de la droga). Pero sus límites están claros, y cuando empezamos a conocerlo nos damos cuenta de que mientras Walt era el león con piel de cordero, su contraparte es el criminal con buen corazón.

Breaking good

Cuando terminó la cuarta temporada de Breaking Bad, Jesse y Walt se habían desecho con efectividad de todas las posibles amenazas para sus vidas. Con su peor enemigo muerto y su rastro limpio como para que la policía no pudiera conectarlos jamás con la red de narcotráfico, el cierre parecía limpio y neto tras una temporada donde casi todos los capítulos fueron memorables. Muchos pensamos que continuarla solo podía ser un error, y nos preparamos con resignación para el inevitable declive que sufren las series cuando los productores insisten en dejar pasar su punto de cocción. Cuánto nos equivocábamos.

Todavía quedaba un nuevo imperio de la metanfetamina por levantar y el matrimonio White tenía que terminar de implosionar. Cuando Walt parece aceptar que es hora de terminar sus días como Drug Lord y dedicarse a lo que en un principio lo metió en este universo de peligro, su familia, una vez más fuerzas superiores a su voluntad lo llevarán a actuar. Pero para entonces ya estábamos rendidos a los pies de Vince Guillian, tras ese nuevo arco de acción genialmente construido. Nos sacamos el sombrero ante su efectividad y esperamos con fervor un final que, esta vez, parece que estará a la altura de las circunstancias.

Sabemos que el día de su cumpleaños 51 Walt está en la ruta con una identificación falsa y una ametralladora en el baúl. Y sabemos que Hank ya descubrió que el cerebro detrás de los laboratorios de meta del caso que lo tiene obsesionado hace tiempo no es otro que su cuñado. ¿Significa eso que el bueno y fiel de Hank puso por delante su ética laboral y lo delató? ¿O Walt está escapando de alguien más? ¿Está escapando realmente? ¿O se prepara para enfrentar a un nuevo enemigo? ¿Dondé está Jesse, dónde está su familia? ¿Será una venganza lo que está preparando el exprofesor de química?

Aaron Paul no pudo dejar de compartir a través de Twitter su excitación cuando empezó a leer los guiones, pero son pocas las pistas reveladas sobre lo que viene. Entre ellas, que el dúo tendrá que enfrentar varias fuerzas antagónicas, incluyendo algunas que todavía no conocemos. Gillian dijo en una entrevista que para él el final será una victoria para Walt. “Pueden ver el episodio y decir “¿de qué carajo estaba hablando?”, pero para mí de alguna forma es un final feliz”, aclaró ambiguamente. Sólo sabemos que la hora del castigo y la redención ya está llegando.

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Better call Saul!

Desde su bizarro aviso televisivo, el doctor Saul Goodman no solo ganó clientes para su estudio jurídico: también sumó fans que ahora están felices porque se viene un spin off protagonizado por el abogado. Es más que un rumor: Vincent Gillian confirmó que están trabajando en el piloto y el posible argumento de la primera temporada, aunque luego dejará el proyecto en manos de Peter Gould, el guionista creador del personaje. Por el momento se sabe que la serie tendrá un tono más ligero que Breaking Bad, aunque sin llegar a ser una sitcom y no está difinido si serán capítulos de media o una hora. Bienvenida noticia para los que están sufriendo por anticipado la futura abstinencia de BB.

 

 

 

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