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Columnistas

Borrachos de humo

Tendencias, modas, tips extravagantes de última hora. Un argentino viviendo en la corte del Tío Sam desde los años 90

Por Javier Andrade desde Los Ángeles

Aquí se habla de conversación nacional cuando un tema se cuela entre los habituales titulares catástrofe. Generalmente, esa conversación alude a otra catástrofe y sino, no llegaría a los medios. Pero la verdad es que este tema, que sí amenaza con ser nacional, no es catástrofe, aunque ya hay quienes la predicen.

Hace una década exacta, esto era una idea alocada. Pero en 2013 hubo una presentación en un bar y hoy está en los medios tradicionales: se trata del vaporizador de alcohol, el invento que viene atrás del vaporizador de marihuana y el cigarrillo electrónico. En todo estos los casos, se trata de consumirlos inhalándolos.

En el caso de la marihuana, ya es bastante viejo, se ubica el “producto” en un pequeño recipiente en un extremo de una botella de vidrio y se calienta ese producto eléctricamente y se inhalan sus vapores del mismo modo en que se inhala el opio en Oriente o el tabaco en los restaurantes árabes, con lo que se llama una “hooka”.

La conversación nacional actual surge de que los estudiantes universitarios, que legalmente no pueden beber hasta los 21 pero son muy ingeniosos a la hora de drogarse, están promoviendo en las redes sociales el uso de vaporizador para consumir alcohol.

El año pasado un joven llegó a la TV porque mostró su invento para no engordar: hielo seco en el fondo del vaso para recibir la bebida de su elección, y grandes cantidades de humo como resultado del contacto del alcohol con el hielo seco. Acto seguido, el tipo con la cara encima del vaso, absorbiendo todo lo que podía pero cuidándose de “no engordar” ante tanto consumo de calorías.

Al mismo tiempo, en 2013, inspirada por lo que vio en un viaje a Finlandia, donde asegura que el alcohol vaporizado es una tradición local, una tal Julie Palmer dijo haber inventado esta moda. Su invención es un envase de vidrio que se puede comprar por Internet por unos 45 dólares, llamado Vaportini, y consiste en un envase del tamaño de un gran vaso de cerveza que abajo tiene espacio para una vela y arriba una esfera donde se sirve el líquido. La vela calienta el alcohol, se genera humo y el “fumador” toma alcohol vía una pajita de plástico adosada al envase. Es obviamente grotesco, pero en un bar ruidoso, rodeado de gente en la misma, el consumidor se desata y tarda bastante en darse vuelta.

Ahora, los problemas. Los doctores, de varios estados y ciudades, pasan de no recomendar esta práctica, a prohibirla, lisa y llanamente. Desde el punto de vista médico, por más que la chica diga que un trago tarda 20 minutos en ser consumido, es muy peligroso no poder determinar un volumen exagerado de alcohol.

Además, el humito esquiva el estómago y el hígado, los indicadores de que algo está mal ante una intoxicación, y va directo a la sangre a través de los pulmones. El diario New York Daily News habló con un médico después de que se le diera trascendencia a un evento realizado en un bar de Chicago y bautizado (no tan graciosamente) “Freebasing alcohol”, con el Vaportini como vedette.

Freebasing aquí es lo que hacen los que están requemados de pasta base tipo Paco, que calientan ese “producto” al extremo y luego lo inhalan. El Dr. neoyorquino Harris Stratyner puso el grito en el cielo cuando lo consultaron. “Consumir alcohol evaporado es extremadamente peligroso, va directo a los pulmones, esquiva el hígado, que es lo que metaboliza el alcohol y va desde los pulmones al cerebro.”

Vomitar es una de las señales naturales que nos da el cuerpo ante una intoxicación. Esto no sucede cuando se consume alcohol vaporizado. Por eso, el énfasis del especialista, para quien sin dudas esta moda debería ser declarada ilegal. No sólo es peligrosa: es estúpida, es barata y es accesible. Un tridente de factores que, desafortunadamente, la puede volver imparable.

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