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Territorios

Belleza y felicidad

Desde el sillón que ocupa un lugar privilegiado en nuestro living hasta los bancos de las plazas porteñas, detrás está el diseño industrial, una disciplina en auge y evolución. 

Por Sandra Martínez

Está en todo lo que nos rodea: los muebles, los electrodomésticos, los refugios donde esperamos el colectivo, el cajero automático, las modernas lámparas que iluminan un restaurante. El diseño industrial, esa disciplina que busca convertir los objetos de uso cotidiano en una expresión artística, goza de excelente salud en nuestro país, pese a los obstáculos que tiene que afrontar.

En mayo se presentó el libro Diseño industrial argentino, que recorre la rica historia de esta materia en nuestro país a través de sus protagonistas. Un trayecto que arranca a comienzos del siglo XX, cuando la construcción de edificios de categoría llevó a desarrollar las piezas necesarias para equiparlos. Un buen ejemplo es el hotel Llao Llao de Bariloche, donde el arquitecto (Alejandro) Bustillo y el diseñador francés Jean Michel Frank crearon todo un estilo a partir de los materiales de la zona. El icono de esa etapa, que mantiene hoy su vigencia, es el sillón BKF.

Más tarde llega la profesionalización cuando la disciplina se institucionaliza, surgen las escuelas y los títulos universitarios, la relación con la industria nacional se hace estrecha y se plasma en mobiliarios y artefactos domésticos, como el famoso Magiclick. Por último, la autoproducción surgió como respuesta a la crisis de 2001 y quedó establecida como la práctica dominante hasta hoy, con proyectos como el laboratorio experimental Satorilab como exponentes del trabajo de los profesionales más jóvenes. 

Lo que es moda, incomoda

“Para los diseñadores industriales, “tendencia” es una mala palabra”, asegura el doctor Ricardo Blanco, uno de los principales referentes de la materia en nuestro país. Arquitecto y doctor en Diseño Industrial, a su cargo estuvo la curaduría del libro y de la colección permanente de diseño que alberga el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Blanco, que paralelamente a su amplia actividad docente, es el autor del mobiliario de la Biblioteca Nacional y de los refugios de colectivo que forman parte del sistema de equipamiento urbano de Buenos Aires, opina: “La tendencia no es la razón de ser del diseñador industrial, porque implica seguir en masa lo que plantea otro. Esa es una mirada que se aplica más a la moda. Para nosotros el objeto es una conjunción de lo que la gente necesita con lo que la tecnología permite hacer. La imagen es una pequeña parte del diseño industrial, donde lo que importa es que el producto funcione bien”.

Blanco percibe además que la principal característica del trabajo local es una conjunción entre creatividad e ingenio. “El diseño argentino es muy realista, hace las cosas que se pueden hacer, con lo que consigue. No hay una preocupación por buscar materiales extraños o tecnologías que no existen.” Lo que sí se siente es la falta de apoyo del sector empresario en nuestro país. Hoy la escasa demanda generada por las Pyme no cubre la expectativa de los estudiantes que se suman a las filas de la carrera, y las grandes empresas instaladas en el país importan sus diseños desde su casa matriz, sin aprovechar el talento local. “Podría haber más preocupación por parte de la industria en cuanto a lo que el diseño puede colaborar con ella”, critica Blanco y agrega: “Hay que pensar que nuestra producción es una parte minoritaria de la producción mundial y por otro lado somos invadidos por objetos de otros países. Por suerte se sigue trabajando con electrodomésticos, maquinaria agrícola, línea blanca, pero hay otros sectores, como las empresas alimenticias en los que no hay cabida. Se podría diseñar toda la línea de golosinas de Arcor… pero no se hace”.

Modelo para armar

En mayo también se realizó en Córdoba el Congreso Internacional de Diseño Industrial, en la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño de la Universidad Nacional de Córdoba, donde Blanco fue uno de los oradores. “Fue una experiencia fantástica y triste al mismo tiempo. Fantástica porque 1.200 alumnos de diferentes provincias tuvieron la posibilidad de asistir a nueve clases magistrales de muy buen nivel. Y triste porque no había nadie de Buenos Aires, una situación que no entiendo por qué se dio.”

El sentimiento que se percibe detrás de todas estas actividades es que el diseño industrial  ha cambiado completamente como criterio. La influencia de países como China, con el potencial de producir millones de unidades, pero sin que pese demasiado la calidad, más el orden masivo que tomó la carrera en los últimos años, obligan a repensar su enseñanza, su práctica y producción. “Hay que dejar de hablar de diseño industrial, porque todo es industrial”, afirma Blanco. Es que un anillo al igual que un sillón, se produce en forma industrial, tiene un criterio técnico, funcional. ¿Qué diferencia la creación de uno y otro? Y Blanco concluye: “Hay que hablar de diseño en términos generales. Que es hacer que las cosas funcionen y que sean bellas, porque la belleza produce felicidad”.

El libro

El libro Diseño Industrial Argentino fue lanzado por la editorial Franz Viegener, creada por el grupo FV/Ferrum dentro de su programa de difusión cultural y artística. Se trata de un completo compendio, realizado por Ricardo Blanco, que recorre la historia del rubro en nuestro país, desde los pioneros locales, hasta los más exitosos profesionales de la actualidad. “La propuesta es mostrar el rico acervo que en el área de diseño poseemos los argentinos, a sabiendas de que no sólo intenta reparar un olvido, sino además mostrar la solidez de muchos profesionales que salen actualmente de nuestras universidades”, explica el curador de la obra. Disponible también en formato digital, tiene además un fin solidario, ya que todas las ganancias recaudadas por la venta se destinan a la ONG Aldeas Infantiles SOS, la Escuela EGB Fray Luis Beltrán de Villa Rosa y la Asociación Amigos del MAMBA.

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