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Gastronomía

Barrio chino reloaded

Ya no solo es meca de cocineros, sino que convoca a miles de artentinos y turistas en un paseo en clave oriental

Por Pamela Bentel
Fotos: Tomás Linch y archivo Infomedia

Cada sábado y domingo, unos 15.000 paseantes copan el área comprendida entre Juramento y Olazábal, con principal foco en la calle Arribeños, la gran vía oriental del Bajo Belgrano. Las grandes fiestas populares de la colectividad, como el Año Nuevo chino (en febrero), el Festival de la Luna (en septiembre) y el Baño de Buda (en mayo) aumentaron su popularidad, y lo convirtieron en un clásico, tanto que incluso convoca a turistas de la mano de las guías y las propuestas sugeridas en los hoteles de la ciudad. Tal vez el punto de inflexión, el momento simbólico en que el Barrio Chino pasó del under al mainstream, fue en 2009, cuando se instaló el portal que funciona como entrada: una estructura de 11 metros de alto y 8 de ancho con la típica impronta de tejas en niveles y dos leones de piedra, uno a cada lado, custodiando las columnas. Otorgado por la Asociación Unificación Pacífica China en la Argentina, de la que participan varios comerciantes de la zona, como símbolo de amistad y colaboración entre las dos naciones.

Los primeros en plantar bandera en esta zona del Bajo Belgrano fueron los taiwaneses, en la década de los 80, producto de las primeras grandes oleadas migratorias de Oriente. En los noventa llegaron los de la China continental. Y con el tiempo, un gran número de otras etnias asiáticas que, aunque bien diferenciadas entre ellas, a simple vista de un local entran en la categoría de “chinos”. Y a ellos se suman grandes cantidades de peruanos y bolivianos, que trabajan allí, tal vez acostumbrados a la estrecha comunión entre Oriente y Occidente que se da en ciudades latinas como Lima.

En su mayoría comerciantes, los inmigrantes prosiguieron con la actividad que les era propia, instalando principalmente supermercados. Un rubro muy fuerte, que en estas tierras sumó la posibilidad de adquirir productos originales, imposibles de encontrar en los mercados usuales. Primero abastecían a la propia comunidad. Pero con el tiempo, gracias a la difusión mediática de nuevas tendencias gastronómicas y la globalización del paladar, estas raras excentricidades se convirtieron en objeto del deseo de miles de nuevos gourmets incitados a degustar otras experiencias.

Guía básica: los restaurantes

El Barrio Chino tiene dos grandes caras gastronómicas, el on y el off trade. Es decir, los supermercados y los restaurantes. Este último rubro es el que más creció y que más novedades tiene, siempre apostando a una cocina con técnicas tradicionales, cocineros autóctonos -con algún que otro infiltrado- y productos originales. Los más populares son de tipo cantina, relajados y ruidosos, como los consagrados Palitos y Todos Contentos, dos clásicos de la zona que arrasan entre los habitués. De todas maneras, en esta categoría hay muchos más lugares, con la misma o incluso más calidad, entre ellos Lai Lai, que con poca pinta ofrece muchas nueces. Para quien busque algo más sofisticado sin exagerar, y en ambiente más tranquilo, destaca Hsiang Ting Tang, de estética tradicional, con boxes y desniveles y cascadas. Y un top value es Honk Kong Style, en una calle mucho más relajada, y con platos muy sabrosos y una alta calidad. A esto se debe sumar China Rose, tal vez la apuesta más ambiciosa de los últimos tiempos, con una propuesta más moderna desde la ambientación y un menú amplio, con varias joyas de la alta cocina oriental.

Pero la gran novedad del barrio se marca en realidad al ritmo callejero, con los paradores al paso. Hace apenas un par de años eran todavía pocas las propuestas, pero hoy están por todos lados, con distintos tipos de dim sum (los típicos finger foods chinos). Desde las bastardeadas empanaditas primavera hasta tempuras de mariscos, pescado y verduras varias, bolitas de todo lo que se pueda procesar, panes al vapor con rellenos suculentos de verdura o carne, pinchos de cerdo y pollo, embutidos tipo chorizo y verduras, generosamente bañados con salsa agridulce. Dos puestos recomendados: Puerto Bambú, sobre la calle Mendoza, y Wanli, sobre Arribeños. Por apenas $40 se podrá satisfacer el apetito, en un abrir y cerrar de ojos.

También es un signo del reloaded del barrio el crecimiento de locales que, sin ser chinos, buscan aprovechar el gran afluente de público que viene diariamente. No extraña entonces que entre tanta propuesta china aparezca el japonés Dashi, el peruano Lucumma, el tailandés Lotus, la casa de té y tortas Buddha B.A., entre otros.

La góndola china

La gran mayoría de los que van al Barrio Chino pasan luego por los supermercados, con sus góndolas repletas de productos extraños, de aires mágicos y exóticos. Aquí, el gran recomendado es Hua Fu Cheng, abierto hace apenas un año. Este supermercado está sobre la calle Olazábal, una ubicación que marca a las claras el crecimiento del barrio, cubriendo cada vez más calles aledañas. Así, al estar a cien metros del centro neurálgico del barrio, logra un ambiente mucho más tranquilo, sin largas colas, haciendo posible tomarse más tiempo para elegir los mejores productos. El dueño de Hua Fu Cheng es taiwanés, y viaja repetidas veces a la isla a elegir parte de los 4.200 artículos que hacen al inventario. Pero atención: es importante aclarar que, tanto aquí como en el resto de los locales del barrio, no sólo se comercializan productos chinos, sino también mucho coreano, japonés y, claro, nacional, incluyendo además delicatessen mexicanas, salsas peruanas y otras yerbas.

Paraíso technicolor

¿Qué se consigue en los supermercados? Confituras deshidratadas de ciruela, manzana o pera, todas hiperedulcoradas para echar a los estofados dulces. Capullos de rosa o mini crisantemos para perfumar los tés. La más amplia selección de hongos, secos, disecados, al vacío o frescos, incluyendo shitake, portobellos, fungo negro, girgolas, maitake. Es la cocina del accesorio, de todo tipo. Salsas, condimentos y polvos mágicos. La gran variedad de salsas de soja, junto con la salsa de ostras y la pimienta de Sechuan rankean, el top ten de solicitados. Frutas, mariscos o peces ínfimos disecados, que ya vienen con sobres de silika, para evitar humedades mohosas y echar luego como croutons o toppings a las distintas preparaciones base, que pueden ser caldos, arroces o fideos. Grageas de almidón para espesar sopas. Bolsones de glutamato monosódico, el viejo y conocido ajinomoto, condimento indispensable para que los sabores estallen en la boca. Un sinfín de elementos, todos para realzar, dar vida y atemperar cada plato.

A todo esto se suma la oferta de culinaria procesada y lista para consumir, los ready to go. Productos envasados al vacío, que podrán ser embutidos, verduras, algas y hasta huevos de pato o pescado, con cáscara y todo. Sin olvidar los afamados “huevos de los mil años”, huevos de pato que originalmente se enterraban en una mezcla de arcilla, ceniza, sal, cal y hierbas secas de la planta de arroz, regados con té. Así se los dejaba de tres a cuatro meses en reposo, hasta que la yema se teñía de verde oscuro y la clara de marrón, adoptando la textura de un gel. Una excentricidad que también se puede encontrar aquí.

Quien haya creído que Italia era el paraíso de las pastas, debe pasar por la góndola de los fideos, donde están los de trigo, finos como un cabello o anchos y gruesos, pero también los de poroto de soja, los de batata y los famosísimos de arroz, que soportan mucho mejor el dente y son infaltables en los salteados al wok.

Y esto sin hablar de la nota de color que suman las lengüitas de pato en bolsita, garras de gallina al vacío o piel de cerdo frita y envasada.

 

Los productos frescos

Más allá de todo lo que viene de Oriente y del mundo, gran parte de los que se acercan a los supermercados del Barrio Chino lo hacen seducidos por la oferta de productos frescos. Para poner los puntos sobre las íes: no hay mejor pescadería que las del Barrio Chino. Tampoco mejor carnicería especializada en cerdo, ni verdulería con productos no tradicionales (desde hierbas frescas a frutas tropicales).

El Barrio Chino se destaca en general por tener la mejor variedad de pescados y mariscos frescos de la ciudad. De esto bien saben los cocineros y propietarios de restaurantes, especialmente peruanos, que habitualmente compran allí. Anchoa, trilla, sardina, corvina, besugo, palometa, salmón blanco y rosado, mero, sable, lenguado, rubio, anguilas y los clásicos merluza, gatuzo, pez palo, pez pollo.

Para poner un ejemplo práctico: en el supermercado de la calle Olazábal se consiguen pescados de Mar del Plata, salmón de Chile, mariscos de Chubut (en algunos casos vivos, para garantizar su frescura, como las Navajas, las ostras, los mejillones). Además panopeas, caracolas y caracole (los más pequeños). Pero también, y sumando los congelados, hay ostiones, vieiras, langostinos nacionales y ecuatorianos, pulpo español y chileno. Y todos entregados casi a diario.

Frutas y vegetales son un capítulo aparte, provistas por productores con quintas en la zonas de la Plata y Escobar. Las verduras en general son de hoja, para consumir una vez cocidas y propias de la cocina asiática. De las frutas no faltan las guayabas, chirimoya, ojo de dragón, tuna asiática, pomelo asiático, jack fruit, carambola, pera asiática, mango, maracuyá, caqui, coco y manzana Fuji, entre otras.

Algo está claro. San Francisco, Londres, Nueva York, Toronto, París. Las grandes ciudades del mundo tienen su Chinatown. Está claro que Buenos Aires no podía quedar fuera de este listado. Y hoy, con el Barrio Chino en su mejor momento, la ciudad puede dar esa deuda por saldada.

Direccionario

Todos Contentos: Arribeños 2177
Palitos: Arribeños 2245
Hsiang Ting Tang: Arribeños 2243
China Rose: Mendoza 1689
Wanli: Arribeños 2208
Puerto Bambu: Mendoza 1669
Hong Kong Style:
Montañeses 2149
Lai Lai:
Arribeños 2168
Lucumma: Olazábal 1679
Lotus Neo Thai: Arribeños 2265
Dashi:
Arribeños 2302

Buddha B.A: Arribeños 2288
Supermercado Hua Fu Cheng: Olazábal 1673

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