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Cine y Series

Avida Dollars

Woody Allen vuelve a sacar magia de su galera con un drama sobre el amor y el dinero y el amor por el dinero.

Por Sandra Martínez

En los últimos años Woody Allen es, como diría Forest Gump, una caja de bombones: uno se sienta en el cine sin saber si le espera una delicia o una decepción.  Esta vez, por suerte, toca hablar del Woody bueno con su nueva película, Blue Jasmine.

Jasmine es una socialité neoyorkina que pasó la mayor parte de su vida bajo el ala de su marido, Hal, un exitoso empresario que la mantuvo como una reina, concediéndole cada capricho y viviendo en una burbuja de lujoso confort. Cuando la conocemos está en la ruina, mudándose a la modesta casa de su hermana en San Francisco, después de que varios secretos de Hal vieron la luz, especialmente sus negocios fraudulentos que lo llevaron a la cárcel y dejaron a la pareja en banca rota.

Cate Blanchet está maravillosa en el papel protagónico, con un despliegue psicológico y físico del personaje como no se vio en las últimas películas de Woodie, quizás desde Melinda & Melinda. Jasmin descubre que su estilo de vida anacrónico tipo Stepford Wives no era más que un decorado de cartón pintado, pero se niega a aceptar su nueva realidad. Podría haber algo de valor en esta postura, que ella misma quiere ver como una férrea voluntad de controlar su destino, pero termina por mostrarse como una delirante en busca de soluciones tan vacías como intentar volver al pasado resucitando su abandonada carrera universitaria, o a repetir la fórmula del éxito, buscando un nuevo marido proveedor.

La trama alterna entre los flashbacks del pasado glorioso y el presente con una caída en picada a la desesperación. Cada escena de Jasmine que podría generar compasión remata con alguna actitud odiosa y pedante, o con un paso de comedia negra, como los avances del dentista que la contrata como recepcionista. Pero la misma mirada descarnada cae sobre Ginger  la “hermana pobre”. Más querible por su actitud conciliadora y la piedad que demuestra con Jasmine en su momento de necesidad pese a que la historia que las une es poco fraternal, también queda claro que sus elecciones de pareja son bastante pobres: no  se fija en el patrimonio, pero se conforma con poco con tal de que  le presten atención.Todos tenemos un precio, parece decir Allen, aunque a veces no se mida en dinero.

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