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Cine y Series

Asia violenta

Además de ser el más extenso y poblado, el continente asiático sabe cómo poner la violencia al servicio del cine. Te lo mostramos con siete ejemplos imperdibles.

Por Martín Gómez Escribano

A principios de la década pasada dos películas se convirtieron en referentes ineludibles a la hora de hablar de sangre y ojos rasgados. Provenientes de Japón y Corea del Sur respectivamente, Batalla real y Oldboy han estado en boca de todos. La primera cuenta la historia de un grupo de alumnos  arrojados a una isla con la misión de matarse entre ellos hasta que quede un ganador; la segunda, conocida por muchos como “esa en la que se comen a un calamar vivo”, nos adentra en la historia de Oh Dae-su, quien luego de estar en cautiverio durante 15 años es liberado sin explicación alguna y dispone de cinco días para buscar las razones de su secuestro y, de paso, poder vengarse.

Dos títulos, sin embargo, no sacian nuestro hambre de cine por lo que hemos decidido hacer un recorrido por otras películas orientales no tan populares pero que merecen ser vistas.

Al igual que ocurría con los estudiantes de Batalla Real, los adolescentes de Kur?zu Zero (Crows Zero es su título internacional), dirigida por el consagrado Takashi Miike, saben poco de disciplina. El escenario donde transcurren los hechos es la peligrosa secundaria Suzuran, un edificio venido a menos en el que los alumnos pelean por el territorio. Genji llega a la escuela con el fin de realizar lo que nadie pudo hacer, ni siquiera su padre devenido en yakuza: convertirse en el único líder de Suzuran. Para ello deberá ganarse a sus compañeros de los distintos años y enfrentarse a los caudillos que se niegan a ceder su poder. Por supuesto que de diplomacia poco y nada, aquí el éxito se consigue con sangre y sudor abriéndose paso entre pandillas vestidas a lo Mad Max y triunfando en peleas secundadas por ritmos de j-rock. Y como estamos hablando de adolescentes, también habrá un breve espacio para el amor, la fraternidad y un juego de bowling muy particular. Quienes tengan ganas de más, sepan que la segunda parte de Kur?zu Zero salió en 2009, dos años después que su antecesora y repite elenco y director.

La rebeldía y el hastío teen exceden las fronteras japonesas. En Juyuso Seubgyuksageun, que en su momento supo pasar por el BAFICI bajo el título de Attack the Gas Station!, tenemos a un cuarteto de surcoreanos que decide ocupar una estación de servicio de Seúl e instalarse a sus anchas. Luego de someter a una cómica tortura, digna de la retorcida mente de un profesor de gimnasia de la primaria, a los empleados de la estación, se las agarran con los clientes, con la policía y hasta con un repartidor de comida china. A medida que el conflicto crece algunos flashbacks intentan explicar la raíz de la conducta delictiva de estos pandilleros, que no son más que un grupo de almas sensibles.

Seguimos en Corea del Sur, pero pasamos de la risa a la lágrima. En Ajeossi, The Man from Nowhere, un hombre aparentemente común, de flequillo emo, conoce a una niña en edad de cambiar dientes que sabe hacer la manicura y huir de la casa de su madre adicta a la heroína y prostituta, quien no ha tenido mejor idea que robarle droga a unos mafiosos. Los malos, dos hermanos en extremo sádicos, son expeditivos y no tardan en cobrarse lo suyo. Con la niña en peligro, el hombre silencioso no puede más que mostrar sus habilidades marciales y quedar, sin comerla ni beberla, envuelto en las turbulencias del tráfico de drogas y de órganos. Así, luego de una breve y maravillosa secuencia de acción, el protagonista decide cortarse el pelo y “salir a lucharla”, y es así como se conforman las tres parejas que interactúan en el film: los hermanos malvados, que gustan de torturar a la hora de la cena vistiendo Dolce&Gabanna, la niña sin padre y el padre sin niña, y dos policías que pretenden capturarlos a todos en nombre del orden. No se dejen llevar por las secuencias de persecución a la Bourne y guarden pañuelos para el final porque los van a necesitar.

Si hablamos de mafia, no podemos eludir Election, dirigida por ese habitué del Festival de Cine Independiente de Buenos Aires que es Johnnie To. Es hora de elegir al nuevo líder de una de las tríadas mafiosas de Hong Kong y el duelo se da entre Big D y Lok, entre la tradición y el progreso, la democracia y los negociados. Si en Oldboy teníamos la escena del que se come el calamar, aquí tenemos la escena del que se come una cuchara de porcelana, basada en la experiencia de uno de los actores que pasó por una de las tríadas en la vida real. Los consejos del experimentado tío Teng parecen no surtir efecto y la policía se contenta con pedir un equilibrio de poder. Desde armas blancas hasta tachos de basuras, todo vale a la hora de pelear en esta película, alabada por Quentin Tarantino,  y que tiene un giro final que nos dejará boquiabiertos y a las puertas de Election II.

De Indonesia, aunque de director galés, la elegida es Serbuan Maut más conocida como The Raid: Redemption, aunque su traducción literal sea “la invasión de la muerte”. La trama se condensa en las tres líneas que aparecen en el póster: un líder del crimen, 20 policías de elite, 30 pisos de caos. Y es que el espacio donde todo acontece es un gran edificio donde las reuniones de consorcio hace tiempo que han sido reemplazadas por  los turbios negociados de Tama y su pandilla. Además del enfrentamiento entre narcos y policías, en medio de los tiros y las patadas, hay dos hermanos que, maldito sea el destino, han caído en bandos rivales y probablemente tengan que vérselas el uno con el otro antes de que todo termine. Hemos de mencionar a Donny Alamsyah, Yayan Ruhian, Iko Uwais y Joe Taslim, un cuarteto que se la trae a la hora de revolear piñas con estilo. Al último de ellos lo veremos este año en la sexta entrega de Rápido y furioso.

Chugyeogja (The Chaser) es la película más oscura de esta selección. Las chicas de la noche que regentea Joong-ho han ido desapareciendo sin dejar rastro. Una de las opciones es que se hayan vendido a alguien que les ofrezca mejores condiciones laborales, la otra es que haya un secuestrador (o algo peor) haciendo de las suyas. Lejos de ser un simple thriller Chugyeogja nos enfrenta a la enfermedad de los individuos, de las instituciones y de la política en general. Los toques de violencia, a puro martillo y formón, salpican con efectividad el suspenso que transmite esta película de Hong-jin Na, un ataque directo al cuello de la burocracia que nos mata todos los días.

Chocolate tiene poco de dulce. Es cierto que el uso de la cámara lenta y el zoom dotan de cierta melosidad a la película y que su protagonista tenga 8 años puede engañar. Pero tiene más peso que la pequeña Zen cargue con un intachable sentido de la justicia y también con su… autismo, que la dota de una habilidad hiperdesarrollada para el manejo de las artes marciales. Aquí también la mafia hace de las suyas pero además de drama hay delirio: las peleas incluyen desde travestis hasta carniceros y las locaciones son disparatadas. Las luchas se dan en fábricas, tuberías y hasta en la fachada de los edificios. Sillas, mesas, barras de hielo, lockers y hasta cajas de cartón (!), todo se convierte en un arma en las manos de nuestra ágil niña tailandesa cuya única kriptonita parecen ser las simples y vulgares moscas. El enfrentamiento entre Zen y un epiléptico (¿o era síndrome de Tourette?) con toques de break-dance se lleva nuestros aplausos. El dato: varios de los actores tuvieron que ser hospitalizados durante la filmación, Chocolate se filmó sin dobles de acción. Parece imposible dada la complejidad de las coreografías pero la verdad está en los créditos.

Siete títulos del continente asiático, que además de ser el más extenso y poblado de la Tierra, sabe poner la violencia al servicio del buen cine. Y no al revés.

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