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Territorios

Argentina recalentada

Se publicó un nuevo informe mundial sobre cambio climático y confirma lo que pensábamos: veníamos mal y seguiremos así.

Por Denise Destefano

Por un momento breve se habló de que el cambio climático podría estar reduciendo su marcha y suspiramos. Pero ahora el último informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), que se conoció a fines de septiembre, nos confirma que el calentamiento global es una realidad indiscutible y seguirá agravándose.

Y eso nos remite a los anuncios sobre la desaparición de pueblos costeros como Kivalina, en Alaska, en menos de una década, el derretimiento del Artico, los veranos sofocantes, las tormentas tropicales y huracanes cada vez más frecuentes, las inundaciones y una larga y temida lista de etcéteras.

Según la primera parte del estudio del IPCC, la temperatura global habrá aumentado como mínimo 1,5° C para fines de este siglo en relación con 1850; es decir: antes de la Revolución Industrial. El mismo informe pronostica que para 2050 el mar habrá crecido por lo menos 24 centímetros o, como peor escenario, 63 centímetros en 2100. Frente a ese panorama, ¿qué nos espera por este lado del mundo?

Habrá mayor frecuencia de eventos extremos, como las lluvias extremas, más olas de calor y mayores episodios de sequías”, sentenció Matilde Rusticucci, directora del Departamento de Ciencias de la Atmósfera y los Océanos (Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, Universidad de Buenos Aires) y coautora del informe. Veamos qué más.

Costas vulnerables

La Argentina viene sufriendo los efectos del cambio climático hace años. Como indica el informe “El cambio climático en la Argentina”, elaborado por la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación en conjunto con la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA) en 2009, el litoral marítimo es una de las zonas más afectadas por el aumento de la temperatura del océano, los cambios en la circulación de las corrientes marinas y el ascenso del nivel medio del mar.

Esto, sumado a la energía y frecuencia de las olas, las tormentas y las corrientes costeras favorecen la erosión, ya evidente en localidades bonaerenses como Villa Gesell, el partido de la Costa, Punta Piedras y Punta Rasa. También se viene registrando el fenómeno en Comodoro Rivadavia (Chubut), Monte León y Sur de Loyola (Santa Cruz), donde hubo un aumento del desgaste entre las décadas del 80 y del 90.

Por otro lado, la mayor parte de la población argentina está concentrada en centros urbanos; muchos de ellos, especialmente los más grandes, cerca de algún curso importante de agua, lo que nos da motivos de sobra para preocuparnos.

De acuerdo con el informe de la Secretaría de Ambiente, si bien las proyecciones de los escenarios climáticos determinaron que la mayor parte de la costa marítima argentina no sufrirá inundaciones permanentes en este siglo, “las playas que se encuentran acotadas por acantilados o por la ocupación de los medanos por asentamientos urbanos o por forestación, podrían llegar a perder su extensión en forma gradual o eventualmente desaparecer”.

Esto significará un gran daño desde el punto de vista turístico y económico para las distintas localidades afectadas”, define el estudio, que además señala que el aumento del nivel del mar se podría propagar casi sin modificación en todo el estuario.

En relación a la costa del área metropolitana de Buenos Aires, precisa que, si bien existen muchas zonas que suelen inundarse por causa de las sudestadas, no son tan bajas como para que, con aumentos del nivel del mar de 50 centímetros o eventualmente de hasta un metro, estén anegadas en forma permanente. Pero sí advierte de una mayor vulnerabilidad debido, “fundamentalmente, al mayor alcance territorial de las inundaciones recurrentes (sudestadas)”.

La investigadora Inés Camilloni, del Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CIMA, un instituto compartido entre el Conicet y la UBA) e integrante del grupo que elaboró el informe del IPCC, confirmó que el estudio internacional elaborado con el aporte de cientos de autores y editores especializados augura para las próximas décadas “un aumento en la secuencia de eventos extremos de precipitación”, tendencia que se viene experimentando en el centro y norte de nuestro país desde el siglo pasado.

Un estudio del CIMA para 2081-2090, prevé más situaciones críticas de inundación en invierno y sequía en verano”. Hasta el momento, las variaciones en los ciclos e intensidad de las lluvias provocaron la expansión de la frontera agrícola, el aumento del caudal de los ríos del país (salvo los que nacen en la Cordillera) y la inundación permanente o transitoria de muchos campos productivos.

Al calor de la Patagonia

El informe regional del IPCC asegura que “es muy probable que las temperaturas aumenten en todo el continente” y “que haya un incremento en la frecuencia de las noches cálidas (así como una reducción en la frecuencia de las frías) en toda la región”.

Cada una de las últimas tres décadas ha sido sucesivamente más cálida en la superficie terrestre que cualquier otra década precedente desde 1850”, explica. En todo el mundo la atmósfera y los océanos están más calientes, hay menos nieve y hielo, y el nivel del mar crece junto con las concentraciones de gases de efecto invernadero.

En nuestro país, los cambios en la temperatura se notan especialmente en la Patagonia, con énfasis en las últimas cuatro décadas, de acuerdo con el Servicio Meteorológico Nacional (SMN). En Esquel, junio de este año fue el más cálido en temperatura media y en mínima media desde 1961. En algunas zonas de Santa Cruz y Tierra del Fuego hubo más de dos grados por encima del promedio normal.

En la zona cordillerana de la Patagonia, la temperatura aumentó más de un grado en el último siglo, provocando el retroceso de la mayoría de los glaciares andinos (ver aparte). Al haber menos nieve en la Cordillera, entre otros factores, se produjo una reducción en los caudales de los ríos que se originan en ese área de las provincias de San Juan, Mendoza, Río Negro y Neuquén. Se prevé que esa tendencia continúe, lo que afectaría en gran medida la generación hidroeléctrica.

Granos y especies

El informe de la Secretaría de Ambiente advierte sobre el impacto directo que el cambio climático podría tener en el sector agrícola argentino al “modificar la productividad vegetal, o en forma indirecta a través de su influencia en las enfermedades, plagas y malezas”.

“Bajo estas condiciones, y si no se considera el efecto biológico del incremento de CO2, los rendimientos medios de los cultivos de trigo, maíz y soja se verían levemente perjudicados, concentrándose las mayores pérdidas en el centro y norte de la región”, explica.

Además, “el riesgo de extinción va a aumentar para muchas especies” que ya están en peligro por actividades humanas y factores naturales. Es decir que no se debe olvidar que al hecho del calentamiento y sus diversas aristas hay que sumar otros como el mal hábito del monocultivo, los desmontes, la desertificación y la contaminación, que no evidencian signos de retroceso.

“El informe del IPCC muestra que, en realidad, sigue sin hacerse nada demasiado contundente para tratar de resolver el problema, y el cambio climático y sus consecuencias siguen estando presentes. Y las perspectivas futuras son cada vez peores en la medida que no se tomen acciones para controlarlas”, definió Camilloni.

Todavía faltan las tres últimas partes del informe internacional, que se presentarán en marzo de 2014 en Japón, en abril en Alemania y en octubre en Dinamarca. A mediados del año que viene llegará la Comunicación Nacional sobre Cambio Climático de Argentina que analizará detalladamente el impacto local. Veremos…

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