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Viajero Bacanal

Arena y puestas de sol

Un balneario único que ofrece infinitas dunas y playas desiertas. El paraíso de la costa bonaerense.

Por Rodolfo Reich
Foto: Gentileza Mónica Balverdi

Es duro decirlo: la costa atlántica argentina difícilmente pueda competir con la de Brasil, por mencionar una competencia directa. El mar es más frío y el clima es irregular (días de viento, otros con bajas temperaturas). Para colmo, la gran mayoría de las playas se encuentra, entre enero y febrero, superpoblada. Pero aún así, en esta inferioridad de condiciones, aparece un lugar como Reta, y de pronto hay que cambiar los prejuicios y abrirse a las maravillas que depara la provincia bonaerense. Porque Reta compite con cualquiera. Y compite sabiendo cuáles son sus flaquezas. Allí también el agua es fría, como lo es en Mar del Plata o Mar Azul (más allá de que los lugareños hablen de una corriente cálida que llega de Brasil). En Reta hay aguas vivas, y es normal que el viento genere una molesta cortina de arena que corre en paralelo al mar. A estas flaquezas, Reta las contrarresta con sus maravillas. Y tiene mucho por decir. Por ejemplo, ese corredor de arenas y dunas que puede alcanzar los 200 metros de ancho: sí, para llegar al mar es necesario caminar dos cuadras o más de arena, en una imagen idílica, que permite tirarse sobre una reposera sin ninguna construcción, edificio o parador a la vista. No sólo eso: por su ubicación, en el sur de la provincia de Buenos Aires, en esa línea que corre de Este a Oeste, es también una de las pocas playas donde el sol se pone sobre el mar. En el resto de la Costa Altántica, la que mira hacia el Este, sólo amanece sobre el agua, en un espectáculo que por lo temprano de la hora no tiene casi espectadores. En cambio, en Reta, que mira al Sur, además del amanecer, hay fantásticos atardeceres tardíos, que alargan la jornada playera hasta comenzada la noche. Postal ideal para disfrutar con un mate o una cerveza en mano.

Aire de pueblo

Reta tiene otro atractivo que la separa del resto de las opciones veraniegas de nuestra costa. Y es esa tranquilidad típica de un lugar de pescadores, una tranquilidad que no se consigue en ninguna de las playas de la Ruta 2. Esto tampoco es casual: para llegar a Reta, hay que salir de la Ruta 3 (en el kilómetro 531,5) y tomar el empalme con la Ruta Provincial N° 72 hacia Copetonas. Son 20 kilómetros de un camino pavimentado. Luego, desde Copetonas hasta el balneario, es necesario hacer otros 24 kilómetros por un camino entoscado, es decir, de piedra, por donde se circula a no más de 40 kilómetros por hora. Esto hace que muchos amedrenten y decidan seguir de largo, eligiendo playas cercanas como Claromecó. Pero quien atraviese ese recorrido (que no exige demasiado, tan sólo manejar con cierta precaución), obtiene su recompensa: un aire pueblerino, similar al que se puede respirar en una pequeña playa escondida en Brasil. No será extraño, por ejemplo, que un barquito se acerque a la costa, vendiendo corvinas recién pescadas. En el pueblo casi no hay hoteles, sino que la mayor parte de los turistas se hospeda en casas alquiladas (a un precio sensiblemente menor al de las playas más conocidas), con jardín, galería y parrillas. También, dato no menor, ese acceso único a Reta hace que el lugar sea seguro, con chicos caminando solos por sus calles, y con casas cuyas persianas quedan abiertas de noche.

El lugar tiene sus recorridos clásicos. Más allá de las enormes, anchas e interminables playas, hay arroyos con pequeñas cascadas, restos de un barco hundido y la “cueva del tigre”, una zona de saltos y cuevas, donde la leyenda dice que supo refugiarse un cuatrero llamado Felipe Pacheco, apodado “El tigre del Quequén”. Muchos se acercan con sus cañas de pescar, otros tantos llegan en sus 4×4 (por suerte, en su mayoría, se quedan en un espacio destinado a ellos) para aprovechar las grandes dunas.

Reta sin dudas no es el lugar para los adolescentes que buscan la fiesta playera, tampoco para quienes quieran unas vacaciones cenando en grandes restaurantes. Las propuestas gastronómicas (unos pocos restaurantes, confiterías y paradores) y de entretenimiento (un bowling, una heladería) son escasas y simples. Pero ofrece en cambio un entorno abrumador, entre el verde de los arbustos y el dorado de la arena, donde pasar los días ensoñándose con la inmensidad de las playas. Para quien busque el merecido descanso de las vacaciones, Reta será ese paraíso perdido, ese lugar que uno no imaginaba que podía estar en la costa argentina.

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