Entrevistas

Antonella Costa

Actriz de cine y teatro. Directora y productora teatral. Nació el 19 de marzo de 1980 en Roma, Italia.

Por Esteban Ullrich
Fotos Jazmín Arellano

El personaje de esta nueva película, Inevitable, está muy basado en su belleza, pero yo sé que mi perfil no es el de una mina que pasa y todos se dan vuelta. Siempre me consideré atractiva, pero no me siento del lado de las deslumbrantes.

Había trabajado con Federico (Luppi) en El Viento de Eduardo Mignogna. Una experiencia inmensa, él es fabuloso, increíble compañero, actor y persona, lo quiero.

Darío (Grandinetti), es fantástico, un tipo encantador. No era fácil, siempre en las películas me toca estar desnuda, y en este caso fue muy divertido.

No es que me desnude siempre, sacando cuentas será en la mitad de mis películas. Pero ha pasado, no lo niego, que me convoquen diciendo “sabemos que manejás muy bien este tema”, “la película tiene mucha exigencia desde ese lugar”, “necesitamos a alguien que no nos presente problemas”.A veces me hace un poco de ruido, por la falta de competencia, digo.Pero en mi caso lo incorporé como algo natural de la actuación.

Ya en la primera película que hice, Garage Olimpo, tuve escenas muy fuertes de desnudo. Con tortura incluida, con una relación sexual con el torturador, una cosa muy sórdida, a los 18 años. Así que ahí perdí todos los miedos posibles.

Vengo de una familia de artistas. Mis padres fueron escritores, mi madre era cordobesa y ensayista; mi papá, chileno. Se conocieron en Italia pero fueron por separado, ambos al fin de cuentas por temas políticos. Yo nací allá y volvimos a la Argentina cuando tenía cuatro años.  Siempre tuve inquietudes artísticas, no recuerdo cuándo pudo haber comenzado.

Mi primera participación teatral fue en Woyzeck de Ricardo Holcer. Llegué por un aviso en el diario.Me había encaprichado y mi mamá, como pedían niños que supieran cantar y bailar, y yo tenía once años y no hacía ninguna de las dos cosas, aceptó pensando en que no iba a quedar. Pero quedé. Eran cuatrocientos chicos. Fue una experiencia muy real: el teatro San Martín, la Casacuberta con sus movimientos de pistón, una obra clásica alemana, actores profesionales. Me cambió la cabeza. Por mis viejos tenía una idea de cómo se hacían las cosas, pero salir al escenario del San Martín no era el acto de fin de año en el colegio.

El verdadero inicio frente a cámara fue Garage Olimpo. Llegué por casting. Un aviso en la cartelera de la Asociación de actores decía: chicas delgadas, de pelo oscuro, que tuvieran 18 años y que hablaran italiano. “¡Sono Io!” dije, “pan comido”. Cuando llegué, la cola daba dos vueltas a la manzana. Nunca vi tantas chicas morochas, flacas, con 18 años y que hablaran italiano. Tal vez no todas hablaran realmente italiano o no tuvieran 18 años exactos, pero bueno, yo también mentí en algunas cosas.
¡Mi primera mentira fue la media en el corpiño! Consejo de Verónica Llinás que escuché siendo niña y que apenas tuve corpiño, empecé a implementar. Es un dato terrible, pero es un artificio que funciona. Después de que me eligieron, ni loca me pongo relleno para hacer una película, jamás, de hecho no uso corpiño, pero para un casting, no sé por qué, funciona.

Cumplí muchos sueños en el camino. Trabajé en proyectos muy distintos. Subiela es un director súper interesante; Paul Leduc era alguien a quien yo admiro mucho. Trabajé con directores tan distintos como Ezequiel Acuña o Walter Salles, e incluso en una mega súper producción como la de Felicitas.

Experimenté muchas cosas. Tuve cuatro pelis en el festival de Cannes, tres en Venecia, Berlín, Salónica, San Sebastián, recibí un premio en La Habana por mejor actriz… Pasó de todo y eso es fascinante, en lugar de estar esperando el gran papel.

En 2010 dirigí y produje una obra rumana que traduje del inglés, y ahora estoy por hacerlo de nuevo. Se trata de una obra llamada Oniria Segunda Parte, es la segunda porque Oniria fue una obra que hizo mi papá en Italia, y aunque mi trabajo no tiene nada que ver con esa obra, le puse ese nombre.

Oniria es el primer recuerdo que tengo del teatro. Tengo todos los elementos de la obra, menos la obra en sí misma. Es un texto teatral que espero vea la luz este año. Un proyecto simple y honesto que quiero vivir con alegría, como algo post duelo. Porque en el medio del proyecto mi papá se murió medio inesperadamente. Así que tengo ganas de que todo ese dolor que tiñó el proceso se cristalice en la obra.

El teatro como catarsis.  Es inevitable. Creo que fue Anthony Hopkins o uno de esos grandes que dijo, “el actor siempre está desnudo”. Y es lo que yo pienso de verdad.