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Columnistas

Antídoto contra el calor

Experta en bares y cocktails, una voz autorizada para desvelar el otro lado del mostrador: Inés De los Santos

Por Inés De los Santos

No hay nada mejor para una tarde de verano que acompañarla con un clericó o un trago en jarra, fresco, no muy alcohólico y que, demás, se pueda compartir con amigos, vecinos de carpa o familia. No se trata de una cuestión “de moda” sino tal vez, el lindo recuerdo del patio de mi abuela, en Caballito: la jarra sobre la mesa de hierro rodeada de sillas y macetas. Por esos tiempos, probablemente, aquella jarra contenía algo de hielo, jugo Tang, frutas y soda. Era el condimento justo para acompañar las altas temperaturas y las largas jornadas de juego en juego del verano porteño.

Ahora ya crecí, y estoy lejos del Tang y más cerca del punch (típica jarra con alcohol, limón y frutas). Por suerte, tras un tiempo de mala prensa, hoy la mirada sobre las jarras es menos prejuiciosa que la de hace un tiempo atrás, y ya son varios los bares de la noche más chic donde se ofrecen con mucha aceptación por los consumidores.

Esto se viene imponiendo, desde el viejo bar Casa Rica (que ya cerró) hasta el súper vigente Río Café, donde se popularizaron tragos como la Pimps Up! (gin, bitters, almíbar de jengibre, frutas y Seven Up) y la Jager Jar con Jägermeister, gajos de naranja y tónica.

También te podés dar una vuelta por la esquina de Bernata (Uriarte 1610), donde Tato Giovannoni hizo una carta de tragos que orquesta -de maravillas- Leandro Gil Báez. Ahí, además de hacer unos exóticos Gin&Tonics, podés probar la Sangría Blanca ($72), una jarra que lleva vino Torrontés, Martini Bitter, frutas, menta fresca, almíbar y espumante. Y aprovechás para coquetear con algunas tapas, que están entre las mejores de la ciudad.

Mas allá del cuadro bucólico de veranito y el recuerdo del patio de la abuela, los tragos en jarras tienen muchos beneficios. Pero, como pasa siempre, hay que seguir algunos puntos al pie de la letra, para no terminar haciendo unos potentes baldes alcohólicos o, al revés, convertirlos en el triste “jugo de paraguas”.

Siempre tené en cuenta que una bebida primero entra por los ojos, más aún si viene en tamaño extra large. Para la pinta, son clave las frutas, las plantas aromáticas, el pepino fresco a la hora de componer la foto. Otra cuestión fundamental es jamás (leelo como si estuviese subrayado de manera enfática) uses azúcar, ya que no se va a diluir bien y va a decantar en el fondo de la jarra como arena en el océano. Es fundamental que endulces con almíbar.

Hablando de almíbares, una buena idea es apostar por uno saborizado, que le da mucha onda y una vuelta de tuerca a los sabores básicos. Por ejemplo, un almíbar de jengibre, de especias, de naranja, de canela o cualquier otro ingrediente que sea difícil de agregar por sí solo.

La receta comienza eligiendo una base alcohólica (gin, ron, whisky, Campari, vino): lo que te guste. A partir de ahí, jugos o gaseosas le sumarán volumen. También podés agregar, como hacían los abuelos, una gotas de licores o bitters para realzar sabores y unir todos los ingredientes en armonía.

El frío es clave en este tipo de preparaciones, que deben durar frescas por buen tiempo, sin aguarse de más. Usá hielos grandes que, si tenés tiempo y ganas, podés preparar especialmente para la jarra. Hielos de menta, té, jugo de naranja, pomelo & Campari, son algunas opciones. Un buen tamaño de hielo ayudará a que el líquido se enfríe en lugar de aguarse, aún con el paso del tiempo en la mesa.

Entonces, resumiendo: empezá colocando el hielo y las frutas en la jarra, luego la base alcohólica, los licores o bitters, el almíbar, más hielo y más fruta. Con una cuchara larga remové todo y, si vas a sumar alguna gaseosa o espumante, hacelo al final, así no pierde las burbujas.

Servirla no es un paso para menospreciar: usá lindos compañeros para esta jarra. Vasos o copas con onda, y agregales más hielo y los mismos ingredientes que usaste para decorar y saborizar la jarra, así cuando la servís no pierde toda la magia que habías logrado antes.

Prestá atención al paso del tiempo, para que no pierda frío. Mezclá el líquido de a ratos, para que no decante y cuando pienses en la base, no mezcles demasiados alcoholes: la idea es potenciar los sabores, no ocultarlos bajo un manto de alta graduación alcohólica. Con esto, podés empezar en este capítulo dedicado a la jarras: un trago ideal para compartir con amigos, en este verano que ya está entre nosotros.

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