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Wine News

Andrés Rosberg

El presidente de la AAS y activo militante en fortalecer a la profesión y al vino de la Argentina cierra un gran año en su carrera.

Por Joaquín Hidalgo
Foto: Jazmín Arellano

Si Andrés Rosberg no fuera sommelier, con toda seguridad estaría al frente de alguna cámara empresaria, bancada legislativa o sería capo en una compañía multinacional de alto perfil y gran rentabilidad. La razón es muy simple: es un animal político, en el doble sentido de tener instinto para oler hacia dónde hay que ir y capacidad para conseguir los medios que requiere para llegar a ese destino.

Diplomado en la Escuela Argentina de Sommelier en 2000, estudió luego en la Court of Masters Sommelier de San Francisco. A la fecha ejerce como wine writer para Uva, en Chile, y es el responsable de los vinos y el servicio en Hotel Fierro, además de manejar el fideicomiso productivo Los Arbolitos, en el Valle de Uco. Su carrera, sin embargo, arrancó como la de muchos profesionales del descorche: en la barra del Gran Bar Danzón, primero, y luego en el desaparecido restaurante Villa Hípica, donde llegó a tener la carta de vinos más extensa del país. Desde 2005, año en que fue electo por primera vez, preside la Asociación Argentina de Sommeliers, institución que pasó de ser una reunión de amigos a la organizadora del próximo mundial de sommellerie, que se realizará del 15 al 20 de abril de 2016, en Mendoza.

Amado por muchos y discutido por otros, una cosa es segura: Rosberg supo construir con habilidad una sólida red sobre la que se balancean hoy los casi 450 sommeliers diplomados del país, con ramificaciones tan extensas que enhebran reuniones en Tokio, La Rioja, Napa Valley y Santiago de Chile. Y ahora carga en su espalda la organización del próximo mundial, un evento al que asistirán unas 250 personalidades del vino y la sommellerie global, siendo una enorme vidriera para el vino nacional.

-¿Cómo se definió la fecha del primer mundial de sommellerie que se hará en la Argentina?
-Coincide con el Malbec World Day y con el bicentenario de la declaración de l aindependencia de nuestro país. Vendrán los capos de la sommellerie a nivel global y la idea es impresionarlos bien. No puede fallar.

¿Quiénes son esos “capos”?
Por ejemplo, la Association de la Sommellerie Internationale (ASI), que tiene representación en 60 países, donde hay a su vez asociaciones menores, como la de Argentina. Al mundial de Mendoza vendrán el presidente de cada país, el ganador del concurso regional y como mínimo un periodista en cada caso para cubrir el evento. A estos se suman países con delegaciones más numerosas, como algunas de Europa. Además, el directorio de la ASI, dos ganadores pasados, y unos 10 o 12 campeones mundiales que llegan como invitados. En total serán unas 250 personas, que conforman la crema del negocio del vino. Gente que volverá a su país y podrá contar qué vio y qué probó en la Argentina. Por eso decidimos hacerlo en Mendoza, en el marco ideal.

-De paso, estos popes se relacionarán con los sommeliers locales.
-Que vengan nos da la posibilidad de mostrar la sommellerie de último modelo a los profesionales, restaurantes y distribuidores locales. Y así mejoraremos el nivel. Te pongo un ejemplo: cuando hicimos la final del Panamericano (2009) aprendimos que esto último es muy importante. El nivel de detalle y de performance que tienen los concursantes de afuera incentiva a los sommeliers locales a mejorar. Y eso no es poco.

-Cómo es que un país del fin del mundo es la sede del mundial, y no Francia, por mencionar uno con larga tradición.
-Con mucho trabajo (se ríe). Argentina es el 5º productor de vinos a nivel global y estamos lejos de ser el 5º a nivel mundial en sommellerie. La idea que barajamos con la AAS fue la de achicar esa brecha y así lograr que nuestros candidatos tengan mejores posibilidades en los mundiales. Y arrancamos por donde podíamos. En 2007 junto a las asociaciones de sommeliers de Brasil, México, Chile, Canadá y Venezuela fundamos la Alianza Panamericana de Sommeliers, para tratar de acortar la brecha entre Latinoamérica y los países europeos. Con la organización del Panamericano, quedamos como candidatos firmes, pero estábamos lejos todavía. Así es que organizamos la reunión anual de la ASI en Buenos Aires en 2012. La idea era que se enamoraran y parece que funcionó. Los llevamos a los mejores restaurantes -varios hoy en el top 50-, los mejores hoteles y probaron los mejores vinos. Los sedujimos, en una palabra.

¿Alcanzó con buenos vinos para convencerlos?
-No. Tuvimos un susto. Fue en la reunión de la ASI este año en Vinexpo. Luego de que las candidaturas de Alemania y Noruega se bajaron como organizadores, quedamos nosotros solos. Y justo cuando estábamos acariciando el mundial, el presidente de la delegación francesa dijo que quería postular a Francia. Que su presentación no era tan linda como la de Argentina, pero que hacía mucho que no sucedía un mundial en tierra francesa. Hubo un largo cuarto intermedio en que vi cómo nos robaban la posibilidad de las manos -y eso que el tipo había declarado públicamente que apoyaba nuestra candidatura- hasta que, a vuelta de votación, entre los 60 participantes, ganamos por afano: 30 votos a 7.

-Parece la asamblea de la Internacional Socialista… Pareciera que los sommeliers son rosqueros…
-Es verdad. El sommelier rosquea. Tiene espíritu de cuerpo. Supongo que es por el lugar en el que está: a la sombra de la cocina, no como elementos visibles o protagónicos. Y como trabajamos en equipo, existe una suerte de camaradería, de pares, que debe ser la génesis de todo esto.

En la Argentina hay tres escuelas de sommellerie y unos 450 profesionales registrados. ¿Hay margen para más sommeliers?
Seguro. Socialmente somos un país con una buena clase media que habla otros idiomas y puede trabajar en un restaurante sin que se les caigan los anillos. Y al haber varias escuelas, hay competencia por conseguir sacar los mejores sommeliers. Esto le dio masa crítica a la profesión y nos permite ocupar un lugar un importante en América. Todo el tiempo recibo consultas sobre profesionales para puestos en países. Y así tendremos embajadores del vino en todo el continente. El mundial apuntala esta idea.

¿Qué falta para el mundial?
Varias etapas. En 2014 el Concurso Nacional; en 2015 el Panamericano. Y en 2016 recién el Mundial.

Y si además lo gana un argentino. ¿Habrá re-reelección de Rosberg?
Ese año me retiro. Pase lo que pase.

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