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Cine y Series

Amor 2.0

La nueva película de Spike Jonze explora las relaciones románticas en la era de la tecnología.

Por Sandra Martínez

Durante mucho tiempo, al pensar a futuro la relación entre tecnología y humanidad el tono rondaba el temor. Desde las colecciones de cuentos como Yo, Robot de Isaac Asimov en los cincuenta, hasta la Matrix de los hermanos Wachowski, pasando por Terminator y su secuela, la preocupación parecía ser que esas inteligencias artificiales que estábamos desarrollando de pronto iban a cobrar conciencia e iban a decidir librarse del yugo humano. Pero en los últimos años, la perspectiva parece haber cambiado y la pregunta ya no es ¿que será de nosotros si las máquinas se revelan?, sino ¿que será de nosotros si la tecnología nos absorbe?

Algunas obras, como el capítulo Be Right Back de la serie inglesa Black Mirror o la novela Los cuerpos del verano del argentino Martín Castagnet, exploran la posibilidad de una vida después de la muerte a través de las computadoras. El director Spike Jonze, en cambio, imaginó en Ella una relación romántica entre un hombre y una conciencia virtual. Es la historia de Theodore, un escritor sensible que no logra reponerse a su separación, hasta que conoce -o más bien hasta que activa- a Samantha, un sistema operativo diseñado para aprender y evolucionar generando una personalidad propia. Divertida, curiosa, disponible en todo momento, no pasa mucho tiempo hasta que Theodore, interpretado por Joaquin Phoenix con una perpetua mirada melancólica y gestos mínimos, se rinde ante los encantos de esa voz que le susurra al oído, la mujer que lo convierte en el centro de su mundo. Y no es el único. Aunque muchos se muestran prejuiciosos con esas nuevas parejas “híbridas”, otros tantos las aceptan con naturalidad, y una salida doble puede involucrar sin problema a tres personas y un smartphone.

El mundo de Ella, en una ciudad de Los Angeles apenas futurista, se siente cercano. Después de todo, no parece imposible que las máquinas tomen la gigantesca cantidad de información personal que día a día ofrecemos a través de medios digitales y la utilicen para imitar la vida. Pero después de hacernos cómplices de un romance perfecto que transita bellos paisajes bañados por una luz dorada mientras suena música hermosa, Jonze nos devuelve a la realidad. Y lo que parecía una película insoportablemente edulcorada se convierte en una fábula sobre nuestros tiempos, señalando cómo la vida que vivimos mediada por una pantalla y un teclado nos vuelve susceptibles de enamorarnos del fantasma en la máquina, más fácil de conformar y moldear que los humanos. Un sueño escapista que, como las pesadillas tecno-apocalípticas, también tiene un despertar brusco.

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