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Tecno

Alto en el cielo

Trastienda de la construcción del ARSAT 1, que consolidó al país como uno de los únicos capaces de desarrollar en este rubro.

Por Irina Sternik

Si bien pasaron ocho años de trabajo multidisciplinario, el satélite fue noticia el día de su lanzamiento y su puesta en órbita se convirtió en un espectáculo en sí mismo. Un show con el gustito de lo local. Ese día, miles de televidentes disfrutaron el evento y se enorgullecieron con el logro. Podía fallar, parecía que algo iba a salir mal, el conteo no sucedía, hubo unos inconvenientes que retrasaron 43 minutos el momento de despegue, que finalmente ocurrió. A las 18:43 del jueves 16 de octubre, el satélite ARSAT 1 salió disparado con éxito.

En las redes sociales, fue la noticia destacada del día: arrancó con 1400 menciones por hora a las 16.30 para tener un pico de 19.000 comentarios hacia las 19.30, muchos con hashtags de pertenencia nacional como #OrgulloArgento #SoberaniaSatelital y #VivaLaPatria.

Hubo críticas, sí. La principal, bajo el tono irónico de “made in Argentina”, diferenciando ensamble con fabricación. Por eso: ¿qué tan argentino es el Arsat 1? El 50% de sus componentes fueron fabricados en el país. El resto, conocido como la carga útil, fue encargado a la compañía Thales Alenia Space (TAS) de Francia. “En todo proyecto tecnológico, se utilizan partes tecnológicas existentes y realizaciones propias. Así, avanzó la ciencia y la tecnología desde los tiempos más remotos”, explica Emmanuel Jaffrot, Secretario Técnico y Académico de Argentina Conectada, quien formó parte del desarrollo. “En el caso particular del Arsat-1, se aprovecharon realizaciones tecnológicas más vinculadas a sistemas de hardware, es decir, la parte electrónica. Sobre este hardware, se realizaron los desarrollos de software en Argentina”. Jaffrot hace hincapié que el diseño es argentino y “por lo tanto, convierte al satélite en una herramienta que responde a necesidades propias. Esto tanto al nivel del diseño entero como en las partes funcionales y de gestión de energía, un elemento clave del satélite”. Así, Argentina entra al selecto grupo capaz de fabricar estos satélites, después de Unión Europea, Israel, China, Japón, India, Rusia y Estados Unidos. Todos ellos realizaron un camino similar al nuestro. “Ningún país en el mundo maneja de forma completa los procesos tecnológicos. Siempre hay un grado importante de colaboración, cooperación y partes adquiridas. Pero nadie dice que un auto Suran no es de Volkswagen porque las ruedas son de marca Pirelli”, ilustra Jaffrot.

Mucho más que un satélite

Otra crítica estuvo ligada a la inversión de 270 millones de dólares que exigió el Arsat 1, pero este número tiene su retorno tanto con la generación de nuevas fuentes de trabajo como en el futuro ahorro de 25 millones de dólares anuales que le salía al estado alquilar un servicio satelital extranjero. Así, en menos de 10 años no sólo se recuperará dicha inversión sino que la consolidación tecnológica permitirá ofrecer nuevos servicios.

La trastienda de tantos millones de dólares y de horas hombre comenzó en 2006 cuando se creó ARSAT, e INVAP (una empresa espacial y de tecnología nuclear con 38 años de experiencia) se sumó al proyecto mixto. Pero la historia data de antes, cuando en los años 70 se puso en marcha el misil Cóndor y luego se organizó la Comisión Nacional de Actividades Espaciales, en los años 90.

“Esto muestra que Argentina tiene la capacidad de seguir creciendo tecnológicamente y cubrir así las necesidades del país. Y, para INVAP, esto consolida las posibilidades de nuevos proyectos relacionados a la línea de satélites de observación de la Tierra, que venimos desarrollando para la CONAE (4 ya lanzados y 2 en la etapa de fabricación)”, explica Vicente Campenni, subgerente general del INVAP.

Esta empresa desarrolló en su historia reactores nucleares de experimentación, equipos de medicina nuclear, satélites de aplicaciones científicas y radares, plantas de radioisótopos, entre otros. Emplea a más de 1200 profesionales y es un exportador de referencia internacional para instalaciones nucleares, equipos y sistemas de control relacionados con la tecnología nuclear. Además, se prepara para construir el décimo reactor argentino (RA10), que permitirá posicionar a Argentina como exportador y líder en este rubro en el mundo.

Es una empresa atípica y su historia pone la piel de gallina, aunque nos llevaría otra nota completa contarla. Decir que el 85% de su personal son jóvenes científicos y técnicos es sólo una parte, y en su gran mayoría son jóvenes recibidos que se repatriaron: “Se formaron en nuestras universidades, hicieron su experiencia en el exterior y decidieron volver porque veían que podían desarrollar su carrera en Argentina”, afirma Campenni.

INVAP nació en el ámbito de los proyectos nucleares: “En este área, empezamos realizando proyectos para cubrir necesidades a nivel país y llegamos a exportar un Reactor de Investigación y Producción de Radioisótopos a Australia, aún hoy modelo en su tipo a nivel mundial. A partir de esos inicios, se desarrolló un camino donde los conocimientos adquiridos en un área determinada abrían las puertas para nuevos desarrollos. Hoy, INVAP cuenta con áreas como Nuclear, Espacial, Gobierno, Industrial –energías alternativas y TIC, Servicios Médicos–”, enumera Campenni, sacando a la luz el lado B de la empresa. “Estos proyectos dan trabajo a nuestros jóvenes profesionales y técnicos, minimizan la salida de divisas, resuelven una necesidad específica a nivel país, contribuye al ingreso de divisas en proyectos de exportación con alto valor agregado, entre otros. Un ejemplo fue el desarrollo y fabricación de los radares de control de tránsito aéreo comercial, que permitieron cubrir el espacio aéreo comercial del país a partir de 22 radares desplegados en el territorio nacional”.

Falta menos de un año para el lanzamiento del ARSAT-2 y dos para el ARSAT-3, además del Saocom 1A, un satélite científico que será puesto en órbita en 2015 para medir la humedad de los suelos. Y luego vendrá el Saocom 1B.

Hoy, alto en el cielo, no sólo flamea la bandera. La independencia satelital está en marcha.

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