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Literatura

Alicia, el reverendo y el conejo

Este año se cumplen 150 años de la aparición de Alicia en el país de las maravillas, la obra maestra de Lewis Carroll

Texto: Florencia Canale
Iluistración: Juan Nacht

“Sólo unos pocos encuentran el camino, otros no lo reconocen cuando lo encuentran, otros ni siquiera quieren encontrarlo”. Una de las tantas frases que deslumbran a los lectores de Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll, que durante este 2015 festeja sus 150 años desde aquella primera publicación.

De hecho, ya comenzaron las celebraciones, homenajes y demás excusas para recordar a la comunidad mundial semejante aniversario. Países como Estados Unidos, Francia o Austria prometen obras de teatro, conferencias, conciertos, exposiciones y actos para rememorar a la divina Alicia y su universo deslumbrante. Pero sobre todo en el Reino Unido han decidido tirar el país por la ventana. Durante el mes de enero presentaron en sociedad una edición especial de diez estampillas en las que recrearon diez escenas de la novela, cuyo diseño estuvo a cargo del ilustrador Graham Baker-Smith; el grupo editorial MacMillan –que publicara el original en mayo de 1865- prepara una serie de eventos y nuevas versiones de su long-seller; y la BBC publicó el documental El mundo secreto de Lewis Carroll, en homenaje al autor. Y se esperan más anuncios.

A través del espejo
El reverendo Charles Lutwidge Dogson –ese era el nombre de LC- fue diácono de la iglesia anglicana y, además, profesor de matemáticas en Oxford. Víctima del personaje construido a través del tiempo o subjetividad auténtica, en los albores de su aparición se lo señaló como un simpático tartamudo. Gesto nunca mejor elegido para componer un catedrático de ley. Sin embargo, su persona explotó al pasar del claustro al espacio público, con identidad nueva gracias al alias. Pero antes recorrió el camino de la fotografía, donde encontró un lugar para expresar su particular mirada del mundo.

Famosas son las imágenes que tomó de niñas, y sobre todo las de su pequeña modelo Alexandra Kitchin, a quien fotografió desde los cuatro a los dieciséis años. Se dice que la niña fue la musa que lo inspiró para escribir la historia de su bienquerida Alicia. Menos agradable es otro de los motivos por los que se lo señaló: fue acusado de tendencias pedófilas cuando aparecieron fotografías de su autoría de desnudos infantiles.

El canon académico salió a desestimar las acusaciones, argumentando que debía tomárselo en contexto. La academia lo defendió diciendo que Dogson creía en la belleza como perfección física, estética y moral. Para él, lo bello era algo cercano a la divinidad, la belleza era un estado de gracia y era la herramienta perfecta para recuperar la inocencia perdida. La Arcadia de Lewis Carroll. Sin embargo, no fue fácil sostener esas creencias en la Inglaterra victoriana de fin de siglo.

Fuera de las controversias sociales y, si se quiere, cercanas al delito, el reverendo escribió poesía y cuentos y logró que fueran publicados en revistas de la época. Mientras obtenía un éxito discreto, no sucedía lo mismo con su cuenta bancaria.

El dinero no le alcanzaba pero eso no le hacía abandonar sus ansias literarias. Incluso intentó imaginar historias para niños en pos de un rápido suceso económico. Así fue hasta que conoció al matrimonio Liddell y a su prole. Entonces sucedió aquella excursión tan mentada por el río Támesis, donde se dedicó a contarles un cuento a las niñas. De la oralidad a la escritura pareciera que hubo pocos pasos y así nació el cuento infantil más lisérgico de la historia universal que sirvió como materia de análisis a cuanto teórico y psicoanalista quisiera adentrarse por el agujero del conejo.

Fue un éxito rotundo y el reverendo nunca abandonó el barco. A la primera obra la siguieron Alicia a través del espejo, La caza del Snark, El juego de la lógica, Un cuento enmarañado, Diario de un viaje a Rusia y una antología de relatos relacionados con problemas matemáticos, Matemática demente.

Cultura pop
Era inevitable que Alicia y su mundo fueran cooptados por diversos artistas –y algo más- del siglo XX. No era un personaje para que permaneciera sólo en las páginas de un libro. Walt Disney la llevó a la pantalla grande en dibujos animados y la transformó en una heroína universal. Salvador Dalí no se quedó atrás e ilustró una edición especial de 1969 y, más cerca en el tiempo, la celebradísima versión cinematográfica de Tim Burton, a la que le sumó su propia oscuridad.

Lewis Carroll contó, de un modo magistral, el viaje de un niño a través del mundo adulto. Las fantasías y realidades a las que se expone. El espanto y el goce de la vida misma. “Y así permaneció durante un buen rato, sentada y con los ojos cerrados, y casi llegó a convencerse de que se encontraba, efectivamente, en el País de las Maravillas… Aunque sabía muy bien que no tenía más que abrir los ojos y todo volvería a ser lo que realmente era…”, concluía el reverendo devenido en boom editorial. Sin embargo, Alicia está lejos de terminar. Y a 150 años de su nacimiento, vuelve a meterse -curiosa y alegre- por el agujero negro persiguiendo a un conejo blanco.

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