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Wine News

Alejandro Vigil

Es uno de los enólogos estrella de la Argentina, pero escapa a todo formalismo y lugar común. Una voz irreverente en el mundo del vino nacional.

Por Agustina De Alba
Foto: Alfredo Ponce

Conocer al enólogo de Catena Zapata puede ser intimidante. O al menos presuponerse así. Alejandro Vigil es el elaborador de uno de los vinos más vendidos y exportados de la Argentina, es además el  creador de su propio proyecto (El Enemigo) y le hace el vino a Marcelo Tinelli, el hombre más mediático del país. Para lograr todo esto, Vigil trabaja dieciocho horas al día, tiene 700 personas a su cargo y, en 2013, la revista inglesa Decanter lo eligió como uno de los hombres más influyentes del mundo del vino. Es, también, amante de la música y la literatura, herencia de su madre, Aida. Decidió irse a vivir a Chachingo, donde hoy hace vino junto a su esposa y sus hijos Juan Cruz y María Giuliana. “Si querés hacer vino, tenés que respirarlo”, dirá en la entrevista.

Lunes, 10AM. Llegué a la pirámide de Catena Zapata. La posible entrevista en Buenos Aires se había transformado en una invitación a Mendoza. Dos días de probar vinos, recorrer viñedos, charlar de todo para conocerlo, acercarme a él. “Alejandro está degustando, ¿querés pasar?”, me dice su secretaria. Entro a la sala. Hay una mesa llena de muestras de Malbecs. Gente parada, gente sentada. Mucha gente. Todos hablan y debaten sobre los vinos. Y ahí lo veo: usa bermudas militares, tiene los rulos revueltos y, entre ellos, unos auriculares gigantes. Está perdido en un estado de trance: mueve el cuerpo, se deja llevar por el vino y la música. Cambia la canción, cambia el movimiento, cambia de vino. Todo es una suerte de coreografía orgánica. De pronto abre los ojos, me mira: “Bienvenida, Agustina. En un segundo estoy con vos”. Se saca los auriculares y ahí empieza el viaje.

-¿Cuándo escuchás música? ¿Qué escuchás?

-Siempre escucho música. Especialmente cuando elaboro el vino y defino el blend. Yo soy jazzero por principios y del reggae por práctica. Escucho mucho reggae y rock nacional. Aunque escucho de  todo, desde Two Door Cinema Club hasta Julieta Venegas, pasando por Vicentico, No te va a gustar… Con cada canción y músico siento cosas diferentes. Por otro lado, la creación de un vino es un momento en el que todos preguntan, debaten sus opiniones, la cosecha… Yo prefiero escuchar música.

-¿Cuál fue tu primer trabajo dentro de Catena Zapata?

-Conocí a la gente de Catena cuando trabajaba en el INTA. Lo primero que pensé fue “estos tipos son suicidas”. Habían plantado viñas en Gualtallary hace 15 años, cuando no había nada. Con el doctor Nicolás Catena pensamos en homogeneizar un viñedo de Gualtallary.  Enseguida nos dimos cuenta de que era imposible y ahí me replanteé las cosas: ¿cómo vamos a pretender que las plantas sean todas iguales? Eso va en contra del terroir. Es un tema casi filosófico: ¿cómo querer que seamos todos iguales cuando entre los humanos sólo hay diversidad? En el viñedo es lo mismo. Me encontré con partes con arcilla, otra con arena y piedras. Cada una diferente de la otra. De ahí en más empecé a comprender  los viñedos, las plantas y las variedades. La gente de Eugenio Bustos es diferente a la gente de Gualtallary, entonces si hay diversidad en la gente, ¿cómo no la va a haber en la viña?

-¿Te acordás de la primera vez que tomaste vino?

Empecé a tomar vino con mi abuelo Tristán. Yo tomaba el vino de uva criolla que hacía mi abuelo en San Juan. Él tenía una técnica: a sus vinos preferidos, los mejores para él, los enterraba para no tomárselos cuando estaba borracho. Yo esperaba la hora de la siesta y, cuando todos se iban a dormir, juntaba los culitos y me los tomaba. Nunca me voy a olvidar de un blanquito que tomaba mi abuelo con sus amigos cuando comían jamón. Yo pensaba, ¿cómo hacen para tomar tanto y seguir adelante? Él me decía: “acordate que un buen vino es  el que te quite la sed,  que sea liviano, bajo en alcohol; y que a la vez sea complejo, para tomarlo con cualquier comida. No le presté mucha atención, la verdad.  Después de más de 20 años de esa frase, voy a Borgoña y digo, ¿cómo hacen estos tipos para hacer estos vinos que a todo el mundo le gustan? Se lo pregunté a un productor y me respondió: “Fácil, tres cosas: que te quite la sed, que sea liviano y complejo”. Después de todo ese tiempo, entendí que mi abuelo tenía razón.

-Más allá de la definición técnica, ¿qué es el terroir para vos?

-Nos enseñan que terroir es la relación entre el hombre, el suelo y el clima de un lugar… Pero realmente es la acumulación de experiencias centenarias del hombre en el cultivo de un lugar. El terroir está usado marketineramente, está bastardeado. Para llamarse terroir debe de haber habido, por lo menos, dos generaciones de personas viviendo en un mismo lugar. Después, lo importante es el esfuerzo del hombre, que es quien lo hace todo. La agricultura no existe por sí sola, existe por el hombre.

-¿Como ves la relación entre los jóvenes y el vino?

-La forma más fácil de promocionar la relación del vino y los jóvenes es apoyar a la gente joven que vive del vino porque, sino, dejan de vivir de eso y empiezan a hacer otra cosa. Falta más gente joven que comunique el vino y, sobre todo, el apoyo de los medios masivos. La misión de los comunicadores es descontracturar el vino, llevar lo rural a lo urbano de forma fácil y directa.

-¿Cómo ves el mercado de vinos argentinos?

-El Hollywood de los flying winemakers te puede gustar o no, pero nos puso en otro lugar a nivel internacional: Paul Hobbs, Lurton, entre otros. Ahora estamos en otra etapa, la de la búsqueda de nuestra identidad, seguir investigando, seguir trabajando. Hay un discurso unificado en todos nosotros, un concepto aceptado, eso produce un cambio. Tuvimos que pasar de que el blanco sea una explosión de fruta y madera a blancos más frescos y minerales. Hoy en día hay más diversidad, y eso es positivo porque genera más opciones para el consumidor.  Antes no había tantos estilos, hoy hay vinos de todos los tipos, para todos los gustos.

-Sos el enólogo de una de las bodegas más reconocidas, le haces vino al hombre más mediático del país y fuiste elegido por una de las revistas más influyentes del mundo del vino dentro del “Power List 2013”. ¿Cómo es tu relación con el poder?

-La verdad, soy fóbico. Me da mucho pudor que me digan estas cosas. Estar en Catena para mí significa no estar nunca en la zona de confort, siempre tengo que ser el número uno, yo busco la revolución. Si sos de mente curiosa y constantemente buscas nuevas experiencias para aprender más, el lugar ideal es Catena. Cada día es un nuevo desafío. Lo importante cuando uno está en un puesto así es ser y no parecer, actuar en consecuencia a lo que uno es, ser fiel a uno mismo. Mi hijo me hizo darme cuenta de lo que es importante de verdad: tener salud, criar a un hijo y sí, claro, hacer vino pero como un niño, donde la inocencia fluya. En mi caso, me divierto. Al final de todo, hacer vino no es tan importante. Pero hago lo mejor que puedo.