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Moda

Adiós a lo trendy

Qué es ser normal no se sabe, pero la moda cree acercarse a una respuesta con un nuevo estilo (o no-estilo), el Normcore, un look en apariencia sin onda que hace oda a la normalidad.

Por María Paula Bandera

Cuando Seinfeld debutó en la pantalla en 1989, los más visionarios habrán advertido que estaban frente a una nueva serie de culto, pero nadie hubiera apostado que el look de sus protagonistas se iba a convertir en moda 25 años después. Sí, los jeans flojos, las zapatillas deportivas y las camisas lisas -abotonadas y siempre adentro del pantalón- definen el estilo que hoy está en boca de todos: el normcore.?K-HOLE, una empresa dedicada al estudio de tendencias, fue responsable de ponerle nombre al fenómeno de jóvenes que se visten sin gracia y reivindican el look de Steve Jobs y Mark Zuckerberg. Es que el mundo fashion es una máquina de crear estilos -rocker, bohemian, hippie chic, preppy, entre muchos otros- y con tanta etiqueta disponible, la originalidad reside en pasar inadvertido y despojar a la ropa de discurso, si es que eso es posible.?“Hay una ideología detrás del normcore”, dice Florencia Mangini, responsable de Tendencias en Visiones Trend Forecasting. “Este estilo habla de una libertad espiritual, de género y clase social, para darle lugar al pensamiento y no al aspecto exterior. Pero como sucede en la moda, la anti-moda ya es moda otra vez”, explica.?La premisa es vestirse con clásicos anodinos y sin gusto, pero ahora todos saben que detrás de ese estilo “no renuevo el guardarropas desde hace diez temporadas y me pongo lo primero que encuentro” hay un arduo trabajo de styling. Una vez que la industria y el mercado descubren las nuevas expresiones y gritan “pica”, éstas dejan de tener el valor con el que nacieron. Por eso los que quieran dar un mensaje vistiendo pantalones pinzados y zapatillas deportivas deberán repensar su estrategia a la hora de vestirse. ?El normcore es para la moda lo que los medicamentos genéricos son para la industria farmacéutica. Es el rescate del no diseño, la defensa de lo antimarca.  Por eso, pese a su impronta aburrida, algunas revistas de moda y referentes del mercado le temen y se burlan de quienes lo adoptan.

El uniforme
El normcore revaloriza prendas de la generación anterior, pero sin caer en la manía por los productos vintage originales que profesan los hipsters. Los mom jeans (pantalones de madre, o sea flojos y sin onda), las chancletas Adidas y los pantalones pinzados de tiro alto que usan los hombres que pasaron los 50 son los must have del look. ?Esto significa que el normcore siempre estuvo ahí, que existe desde mucho antes de que unos neoyorquinos lo bautizaran como tal. Es esa remera blanca insulsa que venden en los outlets o ese buzo con capucha que todos los inviernos cuelga de la percha de un supermercado.?Algunas marcas disfrutan de reírse últimas porque ríen mejor. Despreciadas por los fashionistas desde siempre, hoy se enorgullecen de haber sido normcore en una época en la que esa definición no existía. En su cuenta oficial de Twitter, Gap lo dejó en claro: “ofrecemos #normcore desde 1969”. Y nadie pudo discutirlo.?Lo mismo pasa con los norteamericanos, siempre escalones debajo de los europeos en lo que a moda se refiere, hoy se regodean al saber que el look yanqui promedio es visto con buenos ojos en las calles del viejo continente. ?También hay clásicos que nunca dejaron de hacerse, pero que gracias a esta tendencia se revalorizaron, ese es el caso de las de las zapatillas Reebok Freestyle, un modelo de 1982 que la empresa relanzó con una nueva tecnología en la suela (3D Ultralite). Lo mismo pasa con las sandalias de goma de Adidas, Adilettes, que los máximos cultores del normcore usan con medias de toalla. ?Otro ítem infaltable del look son las zapatillas New Balance 402, famosas por combinar nylon y gamuza, la marca deportiva incluso se asoció con Margaret Howell, una diseñadora inglesa reconocida por manejar el arte que en diseño se conoce como “Keep it simple”, es decir, minimalista.

Glamcore
Poco a poco, esta estética que nació en la calle se asoma a las pasarelas. Eso sucedió con las Birkenstock, o sandalias franciscanas, como se las llama en Argentina, otro ícono del normcore. Favoritas de los turistas por su comodidad (al menos hasta antes de la llegada de las Crocs) se convirtieron en el calzado estrella del verano boreal.  Céline, Lanvin, Givenchy y Balenciaga presentaron versiones propias de este clásico y conquistaron los pies de las celebrities, como Ashley Olsen, Alexa Chung y Ashton Kutcher. Hasta textiles despreciados por las marcas de high fashion ganaron terreno de la mano del normcore. Así, Marc Jacobs diseñó buzos en tela polar. ?En la colección ready to wear otoño-invierno 2014, Miu Miu rescató de la infancia unas camperas de tela impermeable en colores pasteles, que al no tener detalles que den cuenta de la intervención de Miuccia Prada, bien podrían venderse en tiendas departamentales como Ross o Sears. En definitiva, un abrigo que si no tuviera su etiqueta, sería catalogado de mal gusto por buena parte de la crítica.?Karl Lagerfeld abrazó el concepto normcore de una forma subliminal. Para presentar la colección otoño-invierno 2014/2015, hizo desfilar a sus modelos por las góndolas de un supermercado. Y si bien las prendas exudaban diseño en cada hilado, los pies vestían zapatillas tipo sneakers.

De acuerdo a Ximena Díaz Alarcón, directora socia de la consultora Trendsity, esta mezcla está en el corazón de la estética normcore. La especialista en tendencias señala que “se trata de una moda que busca revalorizar el look no producido, pero con un mix de elementos propios de impronta informal, como por ejemplo, usar medias de algodón con zapatos de vestir, ropa de entrecasa con prendas de vestir, zapatillas en ocasiones formales, entre tantas”.

Paladar argentino
Si bien el hashtag #Normcore fue Trending Topic varias semanas y hasta la ex candidata a la vicepresidencia de Estados Unidos, Sarah Palin, se refirió al look cuando dijo que Barack Obama usaba “mom jeans”, en Argentina este estilo apenas si se advierte. Las marcas de ropa no se hicieron eco de él y en la calle tampoco tiene visibilidad. Mangini, tiene una explicación: “El yanqui es muy ajeno a la moda porteña, nuestra cultura es más recargada y sexista en la indumentaria. Solo quienes siguen la moda internacional muy de cerca pueden adoptar el look en su versión fashion”. ?Es probable que el normcore llegue a Argentina con atraso, tan probable como que el estilo nunca desembarque en el país. Quizás veamos en la “normalidad” del normcore una salida elegante (o mejor dicho, informal) a la imposibilidad de muchos de acceder a la ropa de diseño que hoy aquí resulta cara. O tal vez elijamos continuar mirando las pasarelas europeas adaptándolas como sea a la realidad local. Y así, sin seguir al rebaño, impongamos nuestra propia tendencia anti-moda.

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